
Por Loreta Neira Ocampo
La mezcla de culturas en un mismo producto desde hace un tiempo se ha dado en clasificar como in. Desde el fenómeno Shakira (colombiana “rubia”, explota sus raíces latinoamericanas y a la vez las árabes de sus antepasados, canta en inglés y en español, tiene canciones de ritmos y estética afro), el mundo fue testigo de que la fusión de diferentes elementos atractivos de cada cultura puede llegar a ser un éxito rotundo. Al margen de esta creación de seductoras imágenes y personajes aptos para el consumo masivo, una hibridez de géneros musicales nace de la búsqueda por enriquecer y abrir estilos regidos, durante largos años, por tradiciones, técnicas y conservadurismos. La llamada world music irrumpió en la escena musical a fines del siglo pasado y actualmente aparece como categoría oficial dentro de la industria cultural, trayendo consigo todo un debate acerca de la posible pérdida de autenticidad de la música de determinadas culturas.
Hoy resulta difícil clasificar a las bandas que noche tras noche recorren los diversos centros culturales de la Ciudad de Buenos Aires. El concepto de indie ya nadie sabe realmente a qué apunta y la gran cantidad de estilos que dan vueltas por las radios, Internet y los escenarios no hace más que nutrir con ideas nuevas a los músicos, que entremezclan todo lo captado por sus oídos inquietos e insaciables para desembocar luego en un río musical cuyo trayecto es complicado de encasillar. “Es mejor decir ‘no sé, fijáte vos; escuchálo y decime qué te pinta’”, dice Nahuel Dirrheimer, guitarrista de la banda Los Mutantes del Paraná, ante la consulta por su estilo. “La palabra que más cierra es ‘zarateño’, porque Zárate es de donde uno viene. Si decimos ‘hacemos folklore’ y nos viene a ver un fanático de Los Chalchaleros, nos tira tomates; y si decimos que hacemos rock y nos viene a ver un fanático de Elvis, lo mismo. Hacemos una especie de música del mundo”, dice Charly Valerio, también guitarrista del grupo autor de El entrerriano, disco lanzado el año pasado.
Nahuel y Charly son amigos, se nota. Hacen chistes constantemente riéndose de que Santi Dirrheimer (hermano de Nahuel y contrabajista de la banda) no llegue a la entrevista. “Hacelo quedar mal: en la última nota que nos hicieron dijeron que él era el líder y ni siquiera llega a las entrevistas.” Todos reímos.
“Si decimos ‘hacemos folklore’ y nos viene a ver un fanático de Los Chalchaleros, nos tira tomates; y si decimos que hacemos rock y nos viene a ver un fanático de Elvis, lo mismo. Hacemos una especie de música del mundo.” C. Valerio
Los Mutantes del Paraná nacieron en 2011 y debutaron públicamente el 18 de abril del año siguiente en una casa del barrio de Almagro. A partir de ese día no pararon. Comenzaron a realizar un ciclo llamado Jolgorio Mutante todos los meses en Ladran Sancho, ciclo que se extiende hasta hoy. “Cuando Santi y yo vivíamos juntos, tocábamos en casa y un amigo nos decía que éramos unos mutantes. Nos gustó ese concepto y como teníamos en común con Charly que él también es de Zárate, de cerca del río, decidimos agregarle lo del río Paraná: así surgió el nombre”, cuenta Nahuel mientra fuma un tabaco. El concepto que tenía el trío en vistas cobró mayor fuerza cuando una amiga les hizo la gráfica del disco y plasmó visualmente la idea, ayudando así a la identidad de la banda. Ambos integrantes tienen acuerdo en que 2013 fue su año y cuentan que además de grabar el álbum en el estudio que querían (ION), tocaron en vivo más que nunca y generaron lazos de amistad con otros músicos, relaciones que fortalecen la energía de cada uno y de la banda como totalidad.
—¿Qué tal fue el proceso de grabación del disco?
Charly Valerio: —Nos pusimos en contacto con Ricky Sáenz Paz, que fue el que produjo el disco, el que mezcló, el técnico, un personaje muy importante en todo ese proceso. Él se re copó y fuimos a ION porque está buenísimo. Hubo muchos ensayos previos para llegar al estudio bien afilados, y en dos jornadas grabamos todas las bases. La última jornada fueron los invitados. Quedamos chochos con ellos, re colorearon el disco. Lo que tocaron además fue lo que ellos quisieron. Eso fue genial.
Nahuel Dirrheimer: —Cuando invitamos a distintos músicos a tocar en el disco el factor más importante fue “este vago tiene buena onda”, más allá de si tocaba re zarpado o no. Es fundamental la buena onda. Por otro lado, queríamos hacer bien el disco y el estudio tampoco es re barato, así que ensayamos mucho y llegamos afiladísimos. Habíamos maquetado todo ya, habíamos grabado de manera más chiquita para ver qué cosas teníamos que arreglar, para que nada saltara después, cuando estuviéramos grabando.
A raíz de la sonoridad plasmada, los tres integrantes sintieron la necesidad de llevar esa misma impronta al vivo, por lo que sumaron invitados también a los recitales. Los músicos que hoy son parte del staff de la banda debieron captar la esencia del proyecto que tiene a los hermanos Dirrheimer y a Valerio como base. “No queríamos que fueran melodías improvisadas, como el formato jazz; nosotros queríamos hacer canciones, canciones sin letra. Como pauta principal, entonces, tenemos que las melodías no sean muy divagantes, que se puedan tararear”, afirma Charly refiriéndose a la estética de la banda. Es decir, la consigna es instrumental pero sin las pretensiones intelectualoides que se le atribuye generalmente a la música sin letra. “Escuchamos de todo, somos re melómanos, pero la realidad es que lo que más escuchamos son canciones”, continúa Charly, y cierra la idea Nahuel: “Queríamos que fuesen canciones pop”.

—¿Y por qué la opción de hacer música instrumental con impronta de canción?
C. V.: —Surgió así. Cuando Santi y Nahuel se mostraban sus composiciones y luego me las mostraban a mí era todo instrumental, y yo también sumaba cosas instrumentales. No teníamos decidido que iba a ser instrumental el proyecto. En un principio, de hecho, pensábamos “a ésta estaría bueno ponerle letra”.
N. D.: —Habían algunas que tenían letra y se las sacamos.
C. V.: —Les fuimos encontrando la vuelta. En un principio había gente que nos decía “che, falta el cantante”, como si nos estuviésemos armando recién o algo así, y la verdad ahora la gente se re copa con el estilo.
—También es interesante por el hecho de que la música instrumental da mayor libertad a la creación de imágenes, no está dirigida por una letra…
N. D.: —Sí, también es uno de los motivos por los que hacemos música instrumental, porque no sabíamos qué mensaje transmitir en las letras. No sabíamos si íbamos a hablar del amor, de la vida, de la protesta social o de qué, así que decidimos que era mejor dejarlo a la interpretación de la gente. Además no somos muy buenos para hacer letras (risas).
C. V.: —Y sí, también está esa realidad. A veces me pasa que voy a ver grupos de líricas medio desastrosas pero con una música que está buena. También a mí me agarró la manía de que no hay que bajar línea, que no hay que decirle a la gente lo que tiene que hacer, que la gente haga lo que quiera. Calle 13 baja línea todo el tiempo y está bueno porque al loco le sale.
N. D.: —Igual hay en nuestra música una bajada de línea pero es más subjetiva, depende mucho de cada uno. Por otro lado, al no tener letras, no hay fronteras de comunicación: la música es entendible en cualquier lado.
—¿Crean los temas en base a lo que quieren decir?
N. D.: —Sí, y eso se nota más que nada al momento de ponerles nombres. En ese momento uno se pone a decir “¿y ahora qué mierda de nombre le pongo?”. Vemos qué imagen nos genera la canción y empezamos a barajar. Es lo que más nos cuesta.
“En nuestra música la bajada de línea depende mucho de cada uno. Por otro lado, al no tener letras, no hay fronteras de comunicación: la música es entendible en cualquier lado.” N. Dirrheimer
Los sonidos de Los Mutantes del Paraná llevan al oyente a viajar por paisajes diversos, hasta inventados. Si bien hay composiciones que remiten de manera clara a determinados lugares, en la fusión que realizan los tres zarateños interactúan el río y la ciudad, el folklore y el rock progresivo, logrando así una pintura de espacios y épocas. La variedad de formaciones que puede adoptar la banda en vivo también es un elemento interesante: no sabe uno qué es lo que oirá esta vez, ni cómo. El 1 de agosto pasado, debido a que Charly se lesionó un brazo, Los Mutantes incluyeron un sintetizador en el concierto que dieron junto a La Joven Guarrior y Luz Buena en el Club Cultural Matienzo. La vida pone obstáculos y hay que usar la creatividad para saltarlos. El mundo entrega millones de sonidos y hay quienes se esmeran en guardarlos y crear nuevas pautas a partir de ahí.
—¿Cómo ven la gran movida independiente que se está dando hace un tiempo?
C. V.: —Está buenísima, bárbara. Yo me vine a Capital en 2003, y después de lo de Cromañón no se podía tocar en ningún lado. Venía de Zárate, de tocar todos los fines de semana a full, y cuando pasó lo de Cromañón tocamos sólo una vez y para un músico. Eso fue un garrón. Si tocabas, además tenías que pagar. No estaba Internet tan instalado, entonces si querías compartir algo había que ir al ciber, meterse en PureVolume y hacer toda una movida. Ahora están las redes sociales a full, todos nos invitamos a tocar a todos lados, hay arreglos copados y si bien no podés vivir de esto, igualmente podés ver un mango cuando tocás. Eso le da otro color.
N. D.: —Claro, te autogestionás, que es lo más importante. Así como implica mucho trabajo, llevar una banda adelante también es una cuestión económica importante tanto en el organizar fechas como en todo lo que es la grabación. Ni hablar de cuando se te rompe un instrumento, que es un garrón. En algún momento, tenés que “tercerizar” un poco porque al principio decís “abarco todo porque no tengo un mango para pagarle al que hace la gráfica, al que hace la prensa”. De a poco te vas abriendo más, vas viendo qué necesitás realmente. Hay que decir “no sirvo para esto” y empezar a delegar un poco el trabajo. Nosotros queremos vivir de esto. Es un plan a largo plazo y para no frustrarnos tratamos de conformarnos con lo que tenemos, que ya es bastante.
C. V.: —Estamos muy contentos. Imaginate que cuando me vine para acá era impensado que no hubiera que pagar para tocar y es una realidad ahora que no perdemos un mango cuando tocamos. Eso fue a base de tocar, tocar, tocar. Así solventamos la grabación en un estudio de primera y nos fuimos de gira a Uruguay. Pudimos hacer un montón de cosas. Compramos buenos instrumentos, nos equipamos. Ahora tenemos un agente de prensa que nos re ayuda. Y el disco pudo tener una gráfica como corresponde.
—¿Y los próximos planes?
C. V.: —Grabar otro disco. Ya tenemos cuatro temas armados y miles de ideas.
N. D.: —También estamos pensando de dónde vamos a sacar la guita, pero va a salir. Será seguro para el año que viene. Lo demanda el público y la banda, porque está buenísimo tocar los temas del disco pero uno ya quiere ir por otro lado.
* Los Mutantes del Paraná se presentarán junto a Pollera Pantalón hoy a las 23.30 en el Club Cultural Matienzo (Pringles 1249, Ciudad de Buenos Aires).