Por Luis Paz.
Buenos Aires, julio 19 (Agencia NAN-2008).- “Siento la birome sobre mí, del periodista que se muere por tocar. Basta de noticias y carteles, basta de la farsa del rock and roll”. En “Paraguay”, de Acariciando lo áspero, su segundo álbum con Divididos, Ricardo Mollo da cuenta de la existencia de una relación tormentosa entre el periodismo y el rock. También hay casos en los que, por el contrario, ambas funciones conviven. Un ejemplo es el de Eduardo de la Puente y su banda Tristemente Célebres. Pero hay otro que, alejado de la porteñidad, manifiesta una carrera pujante en el under cordobés: The Tristes, liderados por Germán Arrascaeta, periodista de La Voz del Interior.
Su homónimo álbum debut fue recientemente editado en forma independiente y autogestionada y está compuesto de once canciones bien compuestas y correctas interpretaciones, más allá de que la novedad no esté puesta en el armado de sus temas. Si bien en una primera escucha la melodía de “Putas”, el tema que abre el disco, recuerda a los Babasónicos y a Juana la Loca de comienzos de la década de 1990, el disco en general tiene el eje puesto en el powerpop, aunque no se pueden obviar las similitudes compositivas e interpretativas entre Arrascaeta y Palo Pandolfo cuando lideraba Don Cornelio y La Zona. Incluso, canta parecido.
The Tristes se formó en 2004, cuando Arrascatea disolvió La Cosa, una banda de stoner rock. Entonces, se unió a Raúl Guzmán y Ariel Elicabe en guitarras y coros, y Andrés Náñez en la batería, e invitaron al bajista Carlos Sada para las grabaciones de su disco. El tandem Guzmán-Elicabe genera ese efecto de “pared de guitarras” que buscaron la mayoría de los ingleses, desde Beatles hasta Oasis y The Coral. Apoyado en ese sonido, Arrascatea canta sobre amores y desamores, sobre el sexo y las relaciones de poder.
Por ejemplo, en “Putas”: “Y para qué querés volar si a la tierra vas a volver. Y qué pensás cuando pensás a dónde va tu tentación por esas perras, perras súper nenas. Ellas están so close, siempre so close, pero su audacia se choca con tu ego”. La voz de Arrascatea puede sonar similar a la de Rodrigo Martín en la prehistoria de Juana la Loca, pero también puede tener el arrabal de Iván Noble. En “Eclipse”, el bajo del sesionista cabalga sobre una melodía circular. Hay que aclarar, ningún tema abandona el esquema estrofa-puente-estribillo y todos están en 4 x 4. No es la experimentación lo de The Tristes, sino la crónica sobre colchones sonoros, con los fraseos del periodista en el papel principal.
“Narcisismo” se pone bien powerpop, casi punk melódico, para que Arrascatea repita su delirio bilingüe: “Yo no me siento tan down, tampoco estoy tan up”, en su registro vocal más similar a Pandolfo, y por momentos llega al de Mariano Martínez, de Ataque 77. Y en el estribillo, entra en plan Cerati, logrando buenos falsetes. Todo entremedio de un fuerte acompañamiento coral. En “Uñas” llegan al plan balada rock, con toda la angustia que supone: “Esa herida no luce bien, no hay que respirarle encima. Sinsabores dulces, licores viscosos”.
“Yo nunca cambio por cambiar, soy un camaleón sin convicciones. Y hoy la mentira es underground, es underground; la honestidad, puro simulacro”, critican en “Camaleón”. Y en “Killer Cat”, Arrascatea cuenta que, cuando entra a su casa, lo ve al gato asesino comiéndose a Stuart Little. Un poco de humor para descomprimir, sobre una melodía funk bailable. Pero enseguida le salta la ficha a Arrascatea: “Le arranca la cabeza, deglute su riñón, fiesta de papilas gustativas”, eso es lo que hace Killer Cat con el ratoncito, para luego ofrecer “su protección, pagadera en cuotas de mucho amor”. Y el periodista lo cronica con una métrica que recuerda a Los Brujos.
Las influencias no se agotan en el rock vernáculo, también hay guiños a The Replacements, Hüsker Dü y Echo & The Bunnymen. En la senda de los últimos se meten para “Diadema”, donde parecen haber invitado a Carca en violas. Los coros que Arrascatea se hace a sí mismo vuelven a traer a Pandolfo al recuerdo, pero el clima se pudre cuando arranca “Teens”, un protopunk dedicado al sexo: “Si la carne roza con la goma, la pasión desaparece. Si la carne roza con la carne, alegría al por mayor. Sabrá Dios qué intoxica más, si el puro amor o el sexo casual”. No es un gran consejo sanitario, pero suena bien.
Las melodías pop regresan hacia el final, con “Colmillos” y “Mudanzas”, donde el autor concluye que “las mudanzas cambian todo, a la vida misma y más”. Y, al fin, Arrascatea se saca las ganas que venía manifestando en todo el disco y cierra el disco cantando en ingles, en “Tenés razón”: “Can you remember my generation? All my people fought for a little bit of love”, canta en tono beat.
Concluyendo, el álbum debut de The Tristes aporta más desde las líricas que musicalmente y, aunque parece un conglomerado de influencias, pone de manifiesto la profesionalidad con la que se encaró el proyecto. The Tristes anunciaron recientemente que ya trabajan en su segundo opus. Hasta tanto, se presentarán el 4 de agosto en una feria artesanal del centro cordobés y planean participar en septiembre de un festival que organiza el DJ Andrés Oddone.