
Por Martín Sanzano
Diez años después de comenzar su musculoso recorrido musical, Javi Punga, cantautor surgido del seno cultural platense, decidió reeditar su primer álbum, Punga (2004), de una manera bastante peculiar. ¿En CD? ¿En cassette? ¿En vinilo? Nada de eso. En un formato que mezcla lo último de la tecnología con la resistencia coleccionista: las tarjetas de descarga Buen Código. Con base en Tandil pero con proyección nacional, las tarjetas Buen Código planean ser un punto medio entre el download compulsivo y la vieja y querida entrega en mano de un producto tangible, palpable y, por supuesto, coleccionable. Todos adjetivos válidos en el universo de Javi Punga.
—A diez años de Punga, ¿cómo lo definís?
—Es un disco artesanal y germinal del concepto “Javi Punga”. Todo lo que pasó después surgió de ese álbum, que no es más que una recopilación de cosas que venía haciendo desde hacía años. En ese momento en particular me cerró todo junto dentro de un mismo concepto. Es experimental, lo-fi, casi Beck, diría.
—También tiene su universo pop. Nombrás a Chewbacca, por ejemplo…
—Es que me gustó llevar el disco para ese lado. Mirar la cultura pop es algo que me encanta. Soy re fanático de eso, lo consumo.
—Pero lo hiciste en 2004. Recién ahora está de moda hacerlo.
—Hace poco escuché un tema de (Joaquín) Sabina que dice: “Sos una chica Sex and the City”, o algo así. A mí me salió naturalmente eso, pero en una búsqueda más pop. Hablo del pop de Andy Warhol, de la cultura masiva. Me acuerdo que en esa época siempre pensaba que el pop de acá, el local, no era una repetición en serie de fábrica: era una repetición artesanal o fotocopiada, en el sentido de ese fotocopiado en baja escala, recortado. Como la cultura del tren, en donde van los mensajes del tipo “una ayuda, por favor, para llevar algo a la mesa”, “Dios lo bendiga”. Esos son los artistas pop de la repetición, de la serie, de la masividad. La fotocopia es artesanal porque no es un offset, en el que como mínimo tenés que hacer mil copias. La fotocopia es popular, accesible, artesanal, como los fanzines. Si Andy Warhol hubiera nacido en la Argentina dibujaría una Rhodesia o una Tita, pero no en serigrafía, la tendría que pintar a mano. Una por una, con desprolijidades. Ése es el pop de acá. Y el disco Punga va por ese lado.
—¿Por qué la reedición en tarjeta?
—La idea era recopilar parte de mi material y ofrecer algo extra. Con las tarjetas de descarga tengo la posibilidad de agregar cosas. Por eso le metí fotos y un video adentro. Material adicional para el que le gusta coleccionar. Cuando hago algo, lo pienso para el que le gusta el objeto, para el que le gusta tener cosas de las bandas. Pienso en ése que guarda las calcomanías, los flyers, las entradas. Yo soy medio basurero. Junto cosas, tengo cajas con artículos que me gustan, revistas y pósters. Me gusta manipular ese tipo de cosas. Además me interesó esa cuestión interactiva del código único que te descargás de la computadora, que se baja con un icono especial. Me venía justo para festejar los 10 años de Punga.
—Hace poco, en Viudas e Hijas del Rock and Roll, la tira de Sebastián Ortega que va en el horario estelar de Telefe, sonó “Amigo piedra”, de Él Mató a un Policía Motorizado. Sos parte de esa movida. ¿Cómo lo tenemos que vivir: victoria o derrota?
—(Risas) En el ‘98 o ‘99, el tema “Masticar” del disco Kum Kum de Boom Boom Kid sonaba en una publicidad de Canal 13. Lo veo como pequeñas grietas. Pequeños links que aparecen en la cultura. Como pequeñas dimensiones paralelas que se van abriendo. Para mí es una victoria. Porque son mis amigos y porque son representantes de un movimiento. No ellos: su obra. Para mí son los nuevos Redondos porque tienen esa mezcla de lo popular y la vanguardia.

—Episodios así producen sentimientos encontrados. Por un lado, uno se alegra: esta música llegó adonde tenía que llegar. Por el otro aparece cierto egoísmo: esto lo quería para mí, no para todos.
—Yo creo que no alcanzo una masividad con mi música porque todo aquél que me escucha me quiere para sí mismo. Siento que al que le gustan mis canciones no las comparte mucho. Igual tampoco llego a la masividad porque no me gusta lo masivo. Cuando empiece a aceptar lo masivo, creo que me va a gustar. Yo vivo en Azul, en una comunidad pequeña. Me gusta esa sensación de proximidad. Me gustan los recitales chicos. No voy a recitales masivos. Nunca fui a un recital del Indio ni de los Redondos.
—¿Qué es Laptra?
—Es una organización caótica sin líderes fijos que, de acuerdo a las ideas, va repartiendo la batuta de cada cosa que va surgiendo. No hay una cabeza. Su función es la contención espiritual. Por dar un ejemplo, yo hasta hace un tiempo no conocía nada de los Atrás Hay Truenos y por determinadas cuestiones entraron al sello, sin que yo haya escuchado ni un tema. Después fui a verlos a un recital y me di cuenta que estaba buenísimo lo que hacían. En Laptra sentís que tenés un colchón atrás. Que te podés dejar caer tranquilo porque hay un respaldo. Eso no pasa en todos los sellos. Sí en los chicos, no en los grandes.
—¿Por qué te fuiste a vivir a Azul?
—Me fui a Azul para pegarla con la música (risas). Es que es así. En vez de ir a la gran ciudad para pegarla me voy al pueblo para hacerlo. Ahí tengo tiempo para dibujar, para armar mis planes. Vivís con otro ritmo. Es como el camino inverso. Iorio también se fue para poder dedicarle más tiempo a la música. El titular sería (mira para arriba, como buscando las palabras justas en el cielo): “Me fui al interior para pegarla”. Pero en realidad es para poder dedicarme más a lo que me gusta. Ahí no tenés la presión de pagar un alquiler que te rompa el culo todos los meses y esa plata la podés invertir en un buen equipamiento, en viajes para hacer movidas. Además tenés el silencio del lugar para grabar y con las redes sociales se puede trabajar a la distancia. Igual vengo re seguido para acá. Hay que tocar, tocar y tocar. Hace poco leí una nota en NaN que le hicieron a Tom Quintans, de Bestia Bebé y Laptra, y me sentí muy identificado. Decía eso básicamente, que no importa más nada que tocar. Yo lo hago hace como veinte años ya y no dejé de hacerlo por más de un mes. Capaz me juega en contra para la estrategia de marketing (risas).
—¿Cómo sería eso?
—La idea del ídolo masivo es producto de una sociedad capitalista. Al generar ídolos masivos individuales, se genera una sociedad de competencia. Una sociedad en donde las personas quieren llegar a ser eso que es uno. Uno para muchos. Es una mentira. No somos uno, somos millones. Pero nos quieren hacer creer que hay uno para que nos concentremos en el individualismo de poder alcanzar nuestra propia meta. Los que dominan el mundo son pocos, pero son una comunidad. Las nenas quieren ser Violetta, ¿entendes? Quieren ser ella. Ser esa única persona. Lo dice una canción de los 107 Faunos: “¿El fracaso de los otros es un triunfo tuyo?”. Ese odio a lo masivo me juega en contra porque quisiera llegar a más gente con lo que pienso. Porque además creo que pienso cosas buenas, o que por lo menos me ayudaron, y las quiero compartir. Por eso dejé de hablar tanto de la cuestión pop, de la cultura de masas, porque me empezó a aburrir y quise tratar de contar otras cosas que son más enriquecedoras para el espíritu.
—Si volvieras a filtrar elementos de la cultura pop en tus canciones podrías meter un hit en YouTube…
—Me gusta ese universo. Tengo ganas de hacer un disco conceptual sobre esa temática, pero más apuntado a otros senderos, más alternativos. Tengo una canción para la Familia Rothschild, por ejemplo, en la que cuento un poco cómo compraron el mundo. También escribí “Glutamato monosódico”, que habla de la adicción a esa sustancia: un saborizante que le meten a todas las comidas. Haría ese camino. Lo viral es muy efímero también. Hay mucha información dando vueltas y cuesta enfocar la atención. Pareciera que tenés que acumularlo todo y después clasificar para entender. No lo sé. Que a Él Mató lo pasen en Telefe es eso: una especie de grieta luminosa que se abre en la calle y que nadie ve, porque pasa desapercibida, porque todo el mundo anda apurado. Los que conocemos el tema sabemos de qué se trata, pero seguro que a la gran mayoría no le llamó la atención.
* Javi Punga tocará mañana a las 23 en El Especial (Av. Córdoba 4391, Ciudad de Buenos Aires), junto a Los Subterráneos y Súper 1 Mundial. Gratis.