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Laura Piñero: “Los jóvenes están arrojados a la existencia; deben buscarse un sentido”

Al hablar de juventud, podríamos definir de qué sector hablamos y cuál es su rol, pero la noción tiene apenas medio siglo y, sin embargo, un movimiento de expresión político y cultural muy amplio en la búsqueda de una identidad, que en la actualidad es un collage de expresiones pasadas y se reinventa, mientras atraviesa una etapa de transición asfixiada por la capacidad de “rotular y vender” del mercado. Este sería un resumen del recorrido histórico y conceptual en el que se adentró AgenciaNAN durante la entrevista con la psicóloga, master de Estudios Culturales, y especialista en juventud Laura Piñero.

 

Por Nahuel Lag

 

– ¿Cuál es la génesis de los primeros movimientos juveniles?
– Antes de la segunda mitad del siglo XX, las personas trabajaban desde muy jóvenes. No existía la noción de que el niño tiene que jugar e ir a la escuela, y de que el joven tiene que formarse. Está noción de jóvenes educados es muy reciente. Con esto, empezó a haber nuevos sujetos de derecho en sociedades que por mucho tiempo mantuvieron la noción de clases dominantes y dominadas. Así surgen los movimientos juveniles, feministas y, en la década de 1980, los de homosexuales. Personas que no necesariamente están identificadas con una cuestión de clase, sino que se organizan para revindicar derechos hasta entonces no reconocidos. La idea de movimiento está asociada a la irrupción en la escena social de sujetos que no tenían derecho y que empiezan a tener noción de ellos.

– ¿Está situación tiene que ver también con que los jóvenes, durante esa etapa de formación, no están adaptados al mundo laboral y eso les permite replantearlo desde fuera?
– Siempre en los movimientos tiene que haber un grado de ociosidad. Es muy raro que surjan de personas adaptadas al trabajo o al estudio, porque no hay hendijas para plantear movimientos. Siempre surgen de personas excluidas. El primer movimiento juvenil importante es el posterior a la Segunda Guerra Mundial, en Estados Unidos, donde había jóvenes, muchos veteranos de guerra, que no estudiaban ni trabajaban, que no tenían una inserción social.

– ¿Cuál es ese primer movimiento juvenil fuerte?
– El primer movimiento es el de los beatniks*(1), que largados a las rutas, viajando en auto o a dedo, van descubriendo una identidad juvenil. Ahí surge la idea de “los jóvenes que pierden el tiempo” que angustia a los adultos. Pero ese tiempo siempre tiene un rédito en una identidad que subvierte el orden adulto, porque sin apartarse de la sociedad no hay manera de confrontar.

– ¿De qué manera confrontaban los beatniks?
– Estos jóvenes confrontaban desde el ocio, las drogas, el viaje inicial; cuestiones anti-burguesía que produjeron una reacción muy fuerte en los norteamericanos y generaron mecanismos muy fuertes de control hacia ellos.

– ¿Uno de esos mecanismos es el “pánico moralizador” que usted citó en una exposición?
– En algún momento los valores imperantes ponen un alerta al advertir que están siendo socavados. Cuando el sistema de valores está en riesgo empieza a generarse la noción de un “enemigo” que está subvirtiendo el orden. A veces se utilizan metáforas de degeneración de tejidos, de agentes externos que corroen el cuerpo ordenado y que hay que extraer como si fuese un cáncer. Así ocurrió con la teoría de la Seguridad Nacional aplicada por las fuerzas militares en América Latina y todo el tercer mundo. La represión y el discurso organicista llevaron a hacer desaparecer, literalmente, a los movimientos juveniles, que supieron ser los más masivos.

– ¿Qué ocurre con los movimientos culturales después de esa persecución y desaparición de los movimientos políticos?
– Algo que empieza a ocurrir, ya a finales de la década de 1970, con el punk es que el mercado capitalista gana los movimientos juveniles y los transforma en movimientos estéticos, no políticos. Ligándolos a la ropa, la música y aparece una nueva moral en los jóvenes, que es la moral de la máscara, en la que el sistema de señales y de ropa es muy importante en la protesta juvenil estética.

– Entonces hay dos vertientes en los movimientos juveniles…
– Hay dos fuertes raíces: una más panfletaria en el discurso y otra metafórica. La primera es la política, que surge en el Mayo Francés y tiene su réplica en América Latina y África, que no tenían que ver con lo esteticista, pero había elecciones musicales que se ligaban al folklore nacional. La segunda está ligada a la poesía, la estética, la vanguardia, como ocurre con los punks y los skinhead o movimientos herederos, como el grunge: generan estéticas desde el horror, el ruido, subvirtiendo los valores imperantes burgueses.

– Con los movimientos estéticos lo que logra el mercado es adaptarlos al sistema. ¿Por qué cosas se protesta desde dentro?
– Estas expresiones son más sutiles, más exquisitas, pero también más fáciles de ser capturadas desde los objetos o elementos propios de la identificación de los jóvenes. La estética, la ropa, aunque sea disonante, puede ser captada por el mercado como un valor, no sólo para vender sino para quitarle genuinidad al movimiento. Así, las tribus urbanas son captadas de antemano por el mercado. Por ejemplo, en el movimiento raver se utilizaban galpones como escondites y se tomaban pastillas para “mantenerse alerta”. Hoy está insertado al mercado a través de las drogas y los estimulantes.

– ¿Tiene que ver con los conceptos de “rotular y vender” que también mencionó en esa exposición?
– Cuando te rotulan socialmente terminás asumiendo una identidad, obrando en consecuencia. La rotulación tiene un impacto en la identidad de los jóvenes y genera una falta de creatividad porque la identidad tiene mucho de invención, de asumir nuevos sentidos. El mercado juega con la rotulación inamovible porque los jóvenes, cuando no tienen otros universos, la asumen. Por ejemplo, los darks tienen una caricatura estética que no les permite tolerar ningún objeto que no sea de esa tribu, obran en consecuencia de un mercado, asumen una identidad aparentemente interesante, pero termina siendo un corsé ideológico.

– ¿Así se incorporan sectores de la sociedad que estaban al margen?
– A fines del siglo XX y ahora, en el siglo XXI, se vive el gran mercado de la identidad. Se vende individualidad como en ningún otro momento. Una persona nunca tuvo tanta necesidad de individualizarse, había estructuras colectivas que lo sostenían. Te definías como tornero, como comunista, como peronista y no existía la necesidad de realizarse a sí mismo. Con la decadencia de estructuras colectivas, el individuo necesita inventar identidad y el mercado es un inventor de sentidos. Los jóvenes están arrojados a la existencia y, estratégicamente, deben buscarse un sentido.

– Pareciera que la evidencia más fuerte de la venta de la individualidad, son los productos del “salto a la fama”, los American Idol
– La idea de salvarse por un golpe mediático, de existir sólo si se es televisado, está instalada como un valor universal, pero con mayor contundencia en los sectores marginados, para quienes pertenecer al mundo televisivo es la única manera de ser respetado. Y significa exhibirse con el cuerpo, ya sea jugando al fútbol o en alguna forma de neoprostitución televisiva. El cuerpo joven es una mercancía a la que todos quieren acceder y no pueden, en está sociedad donde la belleza juvenil del cuerpo es un valor en si mismo y la vejez está vista como una anomalía, generando un mercado que vende cuerpos eternos, que vende fenómenos de lo efímero*(2).

– ¿Qué otros fenómenos de lo efímero produce esta desaparición de lo colectivo?
– Los jóvenes en las grandes capitales viven una suerte de orgía*(3), como era la romana: se juntan, se emborrachan, pero como ritual de encuentro corporal que vence la individualidad imperante. Parece que cada vez que hubo decadencia de los modelos colectivos se produjeron estas nuevas orgías. Sobre todo porque después de estás orgías anómicas surgen movimientos muy autoritarios.

– Estos encuentros corporales se refieren a festivales masivos…
– Lo que se ve es el fenómeno de las tribus*(4), en el sentido de aglomerarse, masificarse para desaparecer. Las drogas están relacionadas con estos rituales, pero no como se las lee socialmente, o sea, de destrucción masiva. Sino drogas que permiten los encuentros. Las drogas han sido funcionales a los valores de las épocas, los hippies fuman marihuana como manera de tener paz y toman ácidos para la creatividad; y en otros movimientos los utilizaban como viajes iniciativos. En la actualidad, son funcionales al interior de las tribus: para bailar más, para distenderse, para aumentar el rendimiento sexual. Estas formas de encuentro entre jóvenes son elementos no conscientes, pero es evidente que hay una búsqueda.

– Sin embargo, es difícil que no se las cuestione…
– En mi opinión, no son destructivas, no es una generación entera que se quiere destruir, son transiciones. Sí puede ser que la droga destruya a los pobres, pero eso ha pasado en toda las épocas, el paco no tiene que ver con una forma ritual de encuentro sino que tiene que ver con la pobreza y no con la droga, porque los ricos se drogan y no se destruyen. Si hubiera más consumo de droga colectiva lo tomaría como algo transicional. Si uno pudiera peinar la historia en grandes momentos, no veo que está juventud se este destruyendo, lo que puede ser es que no está metida en sentidos colectivos, está entre paréntesis.

Laura Piñero (medio) en la presentación del libro sobre inclusión social juvenil «Salir del descarte», del cual es autora como integrante de la Fundación de Organización Comunitaria (FOC)
– ¿Este paréntesis tiene que ver con que no surgen movimientos juveniles masivos desde principios de la década de 1990?
– En realidad, los movimientos artísticos que han surgido después de la caída del muro de Berlín son nihilistas y su mensaje sostiene que sólo hay que permanecer, que no hay futuro. Hasta que surjan nuevos movimientos colectivos, va a pasar una transición muy larga, si es que van a surgir.

– ¿Cuál es el denominador común de los valores juveniles de la actualidad?
– Lo que está impactando en este momento a los jóvenes de todas las clases es un valor estratégico de la vida, ya que van tomando sentidos de acuerdo a las circunstancias, analizando, y reinventando su identidad cada día. Son más estratégicos en comparación a la “vía de tren” que significaba, en otra época, tener un sentido colectivo que velaba por tu crianza. En la actualidad, se nace arrojado a la existencia y los sentidos colectivos aparecen de a ratitos. La juventud se compromete con una causa, un tiempo, pero siempre que se le asegure que podrá salir de eso, son temerosos de la hiperinclusión y el compromiso. Hacen muchas cosas colectivas pero no una sola y todo el tiempo. Y también tienen un sentido más líquido en el amor*(5).

– ¿Y cómo compatibilizan está manera de ser reinventándose con el arte, la música?
– En está generación de jóvenes que cada vez hablan menos, la música es un elemento de comunicación no verbal genial, hay una cantidad de cosas tácitas, no verbales, donde no es muy importante la palabra, que de hecho ha sido desacredita. La mayoría de los pibes desconfían de la palabra, cuando alguien tiene muchas certezas, le huyen.

– Partiendo desde la escuela de los estudios culturales, a la cuál usted adhiere, y utilizando un concepto de Jesús Barbero. ¿Qué cosas están “resignificando” los jóvenes para buscar su identidad?
– Se reinventan y resignifican todo el tiempo. Por ejemplo, si alguien pasa por una etapa fuertemente ligada a la música electrónica, quizás la concilia con tomar clases de tango y militar en un partido de izquierda, collages simbólicos impensados años atrás, porque había unidades monolíticas que no permitían estar en un movimiento y en otro, se veía como una deslealtad. A estos collages que hacen los jóvenes, Néstor García Canclini los explica como una descolección de colecciones sagradas de modelos colectivos de la modernidad para inventar nuevas. Por lo tanto, los jóvenes son restos de restos que reinventan para crear un nuevo sentido; y lo veo como una gran capacidad de creatividad. Pero lo preocupante son los 500 mil pibes que no estudian ni trabajan en la provincia de Buenos Aires, metidos en la exclusión total.

– En relación a la pobreza, quienes hacemos Agencia NAN solemos discutimos si se puede o no considerar a la cultura como un bien de necesidad básico para el desarrollo de una persona. ¿Cómo lo ve?
– Sería ideal que fuera así, pero lo que ocurre en la pobreza es que son ghettos muy aislados, están metidos en su barrio sin insumos universales, y no tienen necesidad de acceder a eso. Si no hay una madre y un padre que te enseñen que la vida está en otra parte, no es innato querer conocer lo externo, lo universal: museos, recitales, teatros, películas. Un pibe criado en una villa quizá acceda a la cumbia, a elementos de su cultura más cercana, pero para acceder a lo universal se necesita un nivel de heterogeneidad social mayor, de movilidad social, que le permita entrar a una tendencia y acceder a un trabajo, a una educación más universal. Imposibilitados, se ven envueltos en un mercado de traslado de cosas (narcotráfico, por ejemplo), donde la vida vale muy poco*(6).

– Los jóvenes con la posibilidad de acceder a ese “sentido universal” muestran una intención de salir del circuito comercial, del mercado de la industria cultural, a partir de redes en internet, blogs, fotologs, sellos independientes.
– Sí, por ejemplo, el movimiento de los sellos independientes, que tienen una institucionalidad diferente. Igual son captados, mire cómo empezó el indie, que ahora es una monstruosidad: cuando crecen, negocian con el mercado. Eso es interesante, porque se ve que en algún punto tienen que jugar con las mismas reglas. Aunque si hay más consciencia se negocia mejor.

– Entonces, ¿es positivo?
– Si bien el mercado gana terreno, no capta todo. Surgieron muchas cuestiones alternativas: revistas, publicaciones, organizaciones, redes de jóvenes, redes de información, que funciona como una minipolítica maravillosa, y en la que es muy difícil que el mercado las alcance debido a la flexibilidad que tienen. El problema es que son invisibles en los medios, pero se genera mucho movimiento alrededor de lo alternativo. ¡Y la potencia que puede tener!

 

* Libros recomendados por Laura Piñero durante la entrevista con AgenciaNAN: On the road (Jack Kerouac, 1957); El imperio de lo efímero, la moda y su destino en las sociedades modernas (Gilles Lipovetsky, 1990); De la orgía, una aproximación sociológica (Michele Maffesoli, 1996); El tiempo de las tribus: el ocaso del individuo (Michele Maffesoli, 2004); Amor líquido (Zygmunt Bauman, 2005); Cuando me muera quiero que me toquen cumbia (Cristian Alarcón, 2003).