Por Sergio Sánchez. Fotografía de Carolina Gómez.
Buenos Aires, julio 8 (Agencia NAN-2008).- Si hay algo que siempre llama la atención es lo diferente. Pero, lejos de temerle, se lo debe experimentar. De otra forma, uno se perdería de una obra diferente y original como el espectáculo Cantina de amores, del grupo independiente de teatro La Farfala. ¿En qué consiste su originalidad? En que combina la performance teatral con elementos circenses, de títeres y una interesante puesta en escena ambientada en un Buenos Aires tanguero de comienzos del siglo pasado.
En una de las escenas, por ejemplo, los personajes Silvia Parranda, lookeada con un vestido rojo bien arrabalero, y Pedrito Chaleco Bianchi se lucen bailando una milonga mientras sus habilidosos compañeros se arrojan clavas por el costado de los bailarines, sin rozarlos. Todo está fríamente calculado y ensayado; cualquier movimiento erróneo podría ser producto de un golpe doloroso. Pero lejos de producir golpes, la compañía genera momentos graciosos y sorpresivos.
De esta manera, con una dosis grande de humor, Parranda, Chaleco, el «Loco» López, Jorge «Virutita» Rinaldi y el “Pichi” organizan una suerte de canto bar integrado por canciones de cumbia, melódicas y electrónicas. La curiosidad de la escena no radica solamente el contraste que genera la incorporación de géneros musicales contemporáneos sino también que, en este momento de la obra, los protagonistas son unos histriónicos títeres que López se encarga de presentar y, a la vez, de hacer interactuar con el público.
Si bien Cantina de amores no cuenta una trama a la manera del teatro clásico, sí parte de una historia dada. Y esta historia transcurre en una cantina tanguera que su dueño, el “Pichi”, popular en el mundo milonguero, heredó a sus amigos de andanzas. Es en ese lugar donde los actores Diego Asmad, Cintia Gómez, Alejandro Lancellotti, Mariano del Pozzo y Gastón Elissamburu despliegan disciplinas dispares que pasan tanto por el dominio de títeres, los malabares y el humor como por la puesta en escena teatral.
Luego de los aplausos, los actores invitaron a ver en la pantalla gigante detrás del escenario una selección de fotografías tomadas en ensayos y obras anteriores. Además, gran parte de esas fotografías, pero impresas, se muestran en las paredes del Espacio Cultural Carlos Gardel, el marco de la obra. “Lo bueno dura poco”, dicen. Y sí, los 40 minutos de la obra dejan con ganas de seguir disfrutando de un trago en esa cantina repleta de arte. Pero la despedida marca una sonrisa amplia en el rostro. Una casi tan grande como la del “zorzal criollo”.
Cantina de amores seguirá con sus presentaciones en el Espacio Cultural Carlos Gardel los sábados 12 y 19 de julio a las 20; el sábado 26 y el miércoles 30 a las 16. Y en agosto, el viernes 1, el sábado 2, el miércoles 6, el viernes 8 y el sábado 9, en todas las fechas con funciones a las 16.