
Por María Luz Carmona
desde San Pedro
Hay una movida teatral emergente que toma fuerza en la ciudad de San Pedro. Algunos lugareños se van acercando de a poco, atraídos por las nuevas propuestas culturales independientes; otros con algunos pasos en el teatro buscan profundizar su formación a través de talleres con referentes que se acercan a la ciudad. Fomentar la actividad teatral —y la técnica del clown, en particular— y abrir espacios de aprendizaje y encuentro fue la propuesta del segundo Festival San Pedro Clown, que se llevó a cabo el fin de semana pasado. Más de 600 personas tomaron seminarios y vieron las funciones. La principal sede fue la Sala Cuarta Pared, gestada y sostenida a pulmón desde hace tres años por un grupo de teatreros de la zona. Durante cuatro días se produjo un torbellino artístico con puestas de gran calidad: se presentaron diez funciones de compañías locales, porteñas y de Bariloche.
Las narices rojas recorrieron todos los escenarios, no sólo el del teatro sino que también los de la calle. Hubieron funciones gratuitas, al aire libre, en el Anfiteatro del Paseo Municipal, y a la gorra en un bar del centro. Cronopio a secas, de Mariano “Lacotraka” Gedwillo, y Viaje a la luna, de Georgina Nacif y Carla Pollachi, fueron algunas de ellas. La decisión de dar entradas accesibles posibilitó una mayor participación del público local interesado en la disciplina. Según contó una de las organizadoras, en San Pedro hay sólo tres o cuatro obras teatrales por año. En este contexto, la Sala Cuarta Pared es el único espacio artístico independiente que viene a modificar esa dinámica teatral con propuestas variadas durante todo el año. Entonces la llegada del festival de clown vino a generar un flujo cultural único.
LAS OBRAS
En el espacio cultural Sala Cuarta Pared, ubicado en Almafuerte e Independencia, actuaron las payasas más reconocidas de la escena porteña actual. Se presentaron los unipersonales Ingue, de Yanina Frankel; Seis, de Marina Barbera; Povnia, de Lila Monti; y Fuera!, de Leticia Vetrano. Todas estas propuestas, con historias muy poéticas y divertidas, encantaron al público, en su mayoría joven, que aplaudió con efusividad cada encuentro, siempre a sala llena y con la necesidad de agregar sillas en los bordes del escenario para que no quedara nadie afuera. Una de las más hermosas historias es la de Barbera, que tiene la particularidad de utilizar un árbol real como parte de la escenografía. Luego de la función, el árbol se plantó en la vereda del teatro, como una manera de darle un cierre emotivo al ritual. Y con la intención de dejar un mensaje en el sitio por el que pasó la obra.

Por su parte, la desfachatada joven Leticia Vetrano, formada en la técnica del clown en Europa, deslumbró a los espectadores con su impecable trabajo. Las risas estallaron todo el tiempo. Con una gran capacidad de comunicación con el público, su payasa María Peligro se metió en el bolsillo a grandes y chicos. Desde la escenografía, el vestuario, los objetos de juego y la música hasta la actuación y la capacidad de diálogo constante con su interlocutor hacen de esta obra una de las mejores propuestas del momento. Ingue y Povnia también demostraron que son de las preferidas de un público que gusta, apoya y acompaña fuertemente el teatro en clave clown.
LOS SEMINARIOS
Los referentes en la técnica payasa Lila Monti, Cristina Martí y Hernán Carbón ofrecieron seminarios intensivos de jornadas largas, en dos días. Los encuentros se realizaron en el hermoso Club Náutico de San Pedro, un lugar único en la zona por estar a orillas del río Paraná y contener un bellísimo espacio de recreación al aire libre. El objetivo principal —y fundamental motor del clown— fue generar diversas situaciones de juego que ayudasen a conectarse con la técnica de la nariz roja. El intensivo propuesto por Monti tuvo como objetivo profundizar y desarrollar los elementos propios de la técnica, poniendo especial énfasis en el contacto con el público, con las propias emociones y con el “aquí y ahora” del payaso. De estos encuentros participaron jóvenes actores, algunos principiantes y otros avanzados, de Buenos Aires, Chivilcoy, San Nicolás, La Plata, España, Francia y México.
Fueron cuatro días a puro clown, una muestra de la efervescencia que vive San Pedro y también una más de que esta técnica generosa sigue ganando adeptos aquí y allá.