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Un debate que no se clausura

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En el marco de la quinta edición de esta movida de Espacios Escénicos Autónomos, que concluirá mañana, la asamblea de gestores y artistas centró el intercambio en los cierres arbitrarios por parte del gobierno porteño. Acordaron la creación de una comisión de acción colectiva destinada a organizar respuestas. Fotografía: A.B.

Por Ailín Bullentini

Las situaciones frustrantes suelen generar angustia en quien la sufre. Y una de las primeras reacciones frente a la angustia es la exteriorización de ese sentimiento. Tal vez por eso, la exposición colectiva de varias víctimas de episodios frustrantes suele convertirse en una sopa catártica a la que todos aportan y de la que todos beben. Liberar, libera. Las soluciones no aparecen. De frustraciones —y de algo más— puede dar cuenta gran parte de los teatros independientes y espacios culturales que componen Escena: en los últimos seis meses, 40 de ellos —integrantes o no del colectivo— sufrieron clausuras de parte del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y muchos no volvieron a abrir. Pero Escena está lejos de la catarsis.

“¿Qué onda la clausura del Perro, Diego?” La pregunta provino de algún eslabón del círculo que los integrantes del colectivo Espacios Escénicos Autónomos armaron el martes pasado en Habitándonos: alguien había formulado una duda que estaba en todos y, así, sin formalismos ni llamados vacíos, mucho menos presentaciones, comenzó la asamblea abierta en el marco del quinto festival que ese grupo desarrolló en la última semana (y que concluye mañana). Las clausuras, qué respuestas dar frente a ellas, la necesidad de actuar colectivamente, así como reflexiones que atañen al sector, como la relación con el público, fueron los temas que nutrieron el aire de ese hermoso espacio que funciona en un antiguo hotel de pasajeros del barrio del Abasto.

La mayoría de las 26 salas independientes y espacios de cultura que integran Escena participaron de la asamblea abierta, que precisamente “abrió sus puertas a espectadores, profesores, artistas y a todo aquél que quisiera participar para generar un espacio de encuentro y sumar voces a las que acá debaten todo el tiempo la realidad de la escena independiente”, explicó Cecilia Colombo, coordinadora general de la sede del encuentro. Por allí, una periodista brasilera escuchó atenta, un actor y probable referente de una futura sala independiente se sumó a las discusiones y una profesora de teatro festejó la apertura.

Ésta, la quinta edición del festival que evidencia el corredor de ese circuito artístico, contó con 28 obras en 18 salas y encontró a sus hacedores en un período de revitalización, luego de un reacomodo que comenzó con una eclosión del espacio a fines del año pasado. Muchas veces, la adversidad reaviva el fuego.

CLAUSURAS INJUSTAS

Diego Mauriño explicó la situación del lugar del que es referente: un par de inspectores del gobierno porteño impuso el cierre transitorio del Teatro del Perro, que funciona en Palermo, a mediados de octubre. “Desconocieron explícitamente las leyes 2147 y 2542 de teatro independiente (sancionadas en 2006 y 2007, respectivamente) y pidieron detalles no causantes de clausura”, explica desde su cuenta de Facebook el artista, en un posteo en el que arenga a la comunidad con un generalizado “basta de aceptación pasiva de clausuras”. El mismo mensaje propuso durante la asamblea abierta, en la que detalló que, a más de 15 días del cierre, nadie del gobierno se acercó a verificar los arreglos y, por lo tanto, reabrir el lugar. Mauriño lo puso en funcionamiento nuevamente por su cuenta: frente a la clausura, reacción.

Además de dirigir el Club Cultural Matienzo, Claudio Gorenman es el “abogado”, así, con comillas, del colectivo. Su mirada de la situación, no obstante, choca con algunos de sus integrantes. Pero la diversidad fortalece. Gorenman apoyó la iniciativa de Mauriño ya que “si existe una necesidad cultural, no se puede esperar por una ley” para llevarla a cabo y definió como “injusta” no sólo la clausura del Teatro del Perro sino la de muchos otros espacios. Las leyes 2147 y 2542 no son suficientes a la hora de amparar el funcionamiento de salas y espacios culturales independientes como los que integran Escena: se trata de normas ambiguas que quedan en el limbo de la interpretación, abandonando a esos sitios a la clausura “por si acaso”. La masacre de Cromañón es el principal argumento que esbozan los funcionarios para hacer “un uso excesivo y sistemático de una herramienta de seguridad”, como definió Gorenman las clausuras.

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Fotografía: A.B.

La Ley de Espacios Culturales —una iniciativa que, solventada por decenas de miles de firmas de porteños y porteñas, busca reconocer en la legalidad la diversidad de espacios dedicados a la cultura que mantiene vivo el circuito independiente de la Ciudad de Buenos Aires y que detalla para cada cual los requisitos necesarios para funcionar en esa legalidad— espera estado parlamentario.

Nayla Pose, de El Brío Teatro, abogó por “sentar precedentes en torno de la injusticia que implican las clausuras”. El problema no es sólo el cierre de los espacios sino también la “imposibilidad de abrir nuevos dentro de la legalidad”. “El proceso de habilitación es eterno, uno se convierte en un rehén”, sumó Diego Rodríguez, de Machado Teatro.

GUERRA DE DISCURSOS

Paula Baró, coordinadora de Artes Escénicas del Matienzo, recogió el debate y concluyó que “lo que necesita el grupo es formar un movimiento político” para responder en “esta guerra que es discursiva”. “La persecución es política. Todo el tiempo nos roban conceptos que generan estudiantes, artistas, intelectuales independientes. Nos los roban y los usan para respondernos en la discusión. Nosotros y ellos terminamos usando las mismas palabras, pero que significan diferentes cosas. Nos encierran en un laberinto de espejos. Hay que trabajar lo discursivo”, insistió Baró. Analía Slonimsky, de Café Müller, sumó ejes: “Se nos tilda de incompetentes, de negligentes y de peligrosos por supuestamente no cuidar al público. ¿Ellos lo cuidan? El problema es que nuestra concepción del arte es diferente a la de ellos. Para ellos, el arte es entretenimiento, entonces el conflicto no es económico, sino ideológico”.

¿Y entonces? “Si logramos tener otra actitud de respuesta frente a las clausuras injustas, las cosas pueden cambiar”, se esperanzó Mauriño; habló de coraje, de “responder con un no” a los inspectores, de “hacer frente”. Para “Gore”, como el grupo lo conoce, “lo discursivo es la marca” que permite “ser libres desde el lenguaje”. “El teatro se hace en cualquier lado, pedir una audiencia puede ser una canción o una clausura puede convertirse en echar a un inspector.” El “abogado” abundó: “Hay que pensar qué queremos decir para decir una cosa a la vez”. Recordó que existen “muchos otros” integrantes de la cultura independiente y autogestiva que están “en la misma lucha”. Rubén Sabbadini, de Vera Vera, coincidió y fue por más: una acción colectiva. “A la propuesta heroica de resistencia le hace falta un poco de heroína: hay que denunciar esto. ¿Cómo?”. Sedujo y prendió mecha. La asamblea culminó con una comisión de acción colectiva destinada a organizar respuestas entre todos, intervenciones, “masa crítica”.

EL PÚBLICO: ¿VIENE O VAMOS?

La audiencia que reciben las salas de teatro independientes es un punto sensible detectado por los integrantes de Escena y, por lo tanto, llevado al debate. De diferentes maneras y por diferentes motivos, casi todos los oradores expresaron su preocupación por este tema, lo cual exhibe una característica del sector: la necesidad de romper el cerco de “familiares, amigos y colegas”. El tema, otra vez, es el cómo. Allí se acumulan las diferencias.

“No me molesta que una obra que programo tenga tres espectadores, pero me hace ruido, me obliga a preguntarme por qué”, exhibió Candelaria Sesin, de Silencio de Negras. Diego Rodríguez, de Machado, abrió un interrogante en relación con la capacidad de las salas que integran Escena: “Todos tenemos pocas plateas (la mayoría no supera las 50). ¿A cuántas personas queremos llegar? ¿O se trata de querer llegar a mucha gente o de lograr que esa gente vuelva sustentable nuestro emprendimiento?”. La respuesta quedó flotando entre los asistentes, pero no se expuso. Baró regresó a la cuestión de la sala vacía: “Como programadora, pienso que si programás un espectáculo es para llenar tu sala. Y debe haber preocupación por hacer que eso suceda”, consideró. Sostuvo que, desde Matienzo, intentan compartir esa preocupación con los artistas que interpretan las obras programadas y esbozó la iniciativa de salir a buscar a las audiencias. “¿Tienen que venir las audiencias o tenemos que ir a ellas? El público está ahí, sólo hay que mover el culo”, finalizó.

* El Festival Escena continúa hoy y concluirá mañana. Programación: www.escena.cc.