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Vienen por el agua

Resistencia es la ciudad que vio nacer a Paula García y la fuerza que en su niñez les medía en la pileta a los auriculares de su walkman. A partir de sus progresivas experimentaciones sonoras, junto a Javier Medialdea formó el dúo que este año presentó “Tres”, disco que compila en orden cronológico las canciones de sus EPs, ninguna grabada en estudio. “Me siento más cómoda en mi casa”, dice ella antes de salir de gira por Chile. Fotografía: Tomás Ballefín
Resistencia es la ciudad que vio nacer a Paula García y la fuerza que de niña les medía en la pileta a los auriculares del walkman. A partir de sus experimentaciones, junto a Javier Medialdea formó el dúo que este año presentó “Tres”, disco que compila sus EPs, ninguno grabado en estudio. “Me siento más cómoda en mi casa”, dice ella, antes de una gira por Chile y mientras preparan un álbum de remixes. Fotografía: Tomás Ballefín

Por Gonzalo Bustos

Cuando Paula García entra en plan de composición desaparece del mundo. Esto es: cierra las ventanas de su departamento, desconecta el portero, apaga el celular, clausura sus redes sociales. Dice que es como que no existe. Así, esfumándose, puede concentrarse mejor en una canción, afinar su oído y criterio. Todos los días se sienta, al menos un rato, y graba. Confiesa que no siempre tiene ganas, pero lo hace igual. “Es parecido a una disciplina. Si no lo hacés, la perdés y tenés que volver a arrancar de nuevo. Es como perder el tiempo”, cree. “Trato de que sea una cosa diaria.” Su ritmo de trabajo la puede llevar a registrar 15 canciones —o experimentos— de un tirón. “Grabo quince temas y sé que recién el dieciséis me gustará”, dice de su rutina compositiva. “O sea, tengo quince al pedo ahí, que no sirven para nada. Pero el dieciséis va. Entonces sé que así es el proceso.”

Los registros compulsivos de Paula García —morocha, menuda, de tez entre blanca y trigeña— comenzaron allá por 2006. Llegó a Buenos Aires desde su Chaco natal para estudiar producción de imagen y sonido. Cuando estaba en el CBC descubrió que existía la carrera de producción musical y no dudó en cambiarse. Ahí conoció a Javier Medialdea, que le pasó unos programas para grabar. “Ni los conocía”, dice ella entre risas y resabios de tonada norteña. Empezó a experimentar dentro de su cuarto. No eran canciones, “era sonido instrumental”. Le gustaban mucho las bandas de sonido de películas: ahí la influencia. A medida que mostraba sus registros a los más cercanos, se repetía una pregunta: ¿por qué no cantás? “No me salía”, recuerda.

–¿Por qué?
–Era por vergüenza y porque no me salía la letra. Estaba muy acostumbrada a los temas que venía grabando. Tampoco tenía micrófono más que el de la computadora.

–Cuando terminaste de estudiar volviste a Chaco.
–Cuando volví no había proyecto formado ni ideas de tocar. No me sentía bien acá en Buenos Aires. El contraste entre las dos ciudades es muy grande. Necesitaba volver allá y relajar la cabeza.

De vuelta en casa, se puso a darle forma de canción a esos experimentos. Así nació Sobrenadar, y empezó a subir sus temas a MySpace.

Una tarde la contactaron de Canadá, la habían escuchado. Acto seguido —curiosidad mediante— se googleó: descubrió reseñas sobre su música de diferentes latitudes del globo. Luego de un par de presentaciones fallidas en Chaco, volvió a Buenos Aires con un único plan: tocar. Javier Medialdea se sumó al proyecto y la seguidilla de shows fue salvaje. Tocaban, en ocasiones, dos veces por semana. El promedio era de cinco o seis recitales por mes. “Está bueno porque empezás a notar que lo que estás haciendo gusta. Creo que eso hizo una base re importante. Le íbamos encontrando el ritmo a todo”, dice Medialdea, que se encarga de meter máquinas en Sobrenadar.

SUMERGIDA

Nacida hace 26 años en la chaqueña Resistencia, Paula García es hija de una madre médica y un padre empresario. ¿Cómo entra la música en su vida? Mamá había tocado la guitarra de chica y “le había quedado como cosa frustrada”, cree su hija. Por eso, quizá, fue que compró un teclado Yamaha y lo puso en el living de casa, como tentando al destino. “Es obvio, le ponés eso a un nene y va a ir a ver qué hay”, dice Paula. “Me lo puso, a ver qué hacía, y ahí entré”.

El siguiente contacto importante que podría ayudar a entender la música de Paula García se dio cuando tenía nueve años. Se metía abajo del agua con los auriculares de un walkman. Quería saber cómo sonaba la música sumergida. Jura que un par de auriculares dura tres o cuatro temas en el agua hasta romperse. De la sonoridad acuática de sus canciones dice: “Cuando empecé a hacer los temas, por la reverb y el ambient pensé que se podían comparar con el sonido bajo del agua. Aunque en realidad no sabés. Capaz bajo del agua se escucha diferente”.

Okey, no sabemos cómo suena la música bajo el agua, pero Sobrenadar te puede convencer de que sería muy parecido a sus canciones. El primer indicio es la voz de Paula. Frasea suave como las olas que llegan a la orilla de una playa. Aunque en su caso no hay gusto a salado, todo lo contrario: García canta con la dulzura de un niña. Es lenta, susurra, parece que tiene vergüenza; uno podría imaginarla en un acto escolar, solitaria en medio de un escenario, con la cabeza metida entre los hombros y sosteniendo temblorosa el micrófono.

Hay más méritos, claro, que hacen que el dream pop (el ambient, el shoegaze) de Sobrenadar nos traslade a un mundo mojado. Las canciones, todas, se desplazan sobre melodías de teclados delicados, sintetizadores que disparan brisas relajantes y guitarras repletas de efectos. Meten a Paula en una burbuja que flota por el aire.

En el primer EP, Vent Soliere (2011), y en el disco 1859 (2012) los tracks son suaves, para un completo relax gracias al down tempo con el que se deslizan. La voz está escondida, sometida a un filtro de efectos virtuales. La combinación de melodía y voz deviene en canciones de oxímoron: cálidas y frías. Pero en Alucinari (2013), el último EP, hay cambios. Paula parece haber dejado atrás la vergüenza y pone su voz nítida al frente de canciones de beats saltarines, que las acercan más a una pista de baile que a una clase de yoga.

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Fotografía: Tomás Ballefín

—Los últimos temas tienen la voz más al frente, más limpia. Es la idea, llevar la cosa por ahí —dice Paula.

—¿Por qué?
—La gente nos decía: “Che, la voz más fuerte”. Es como que hay que adaptarse. Hasta mi hermanita de nueve años me dice “no se escucha la voz, pone más fuerte que te quiero escuchar”. Así que hubo que hacerlo.

—También aceleraron los beats
—Sí. Por lo pronto tengo ganas de que el proyecto se pueda pasar en las radios, pero que no pierda eso que tiene: que salió de una casa, de una habitación. Estoy intentando resolver eso. Va por el camino de las últimas canciones.

—Te sentís muy cómoda grabando en tu casa. ¿Irías a un estudio?
—No sé, en realidad. Cuando grabo, uso instrumentos virtuales. No tengo batería ni mucha guitarra. Sí la voz, por ahí. Pero no creo que sea necesario por ahora. Me siento más cómoda en mi casa. Por lo menos para componer. No podría hacerlo en un estudio, con gente ahí, sabiendo que es hasta las ocho de la noche. También es una cuestión de intimidad.

LLEGAR MÁS ALLÁ, TOCANDO

Leo García dijo que Sobrenadar sería una de las bandas preferidas de Gustavo Cerati. Seguramente lo sería. El mismo Leo los invitó a tocar el pasado 6 de junio en un show del Ciclo Melopea en el Centro Cultural San Martín. En compañía de Benito Cerati, hicieron cuatro temas. “Amor amarillo” fue especial y reconocen que en los ensayos previos era el que “peor estaba”. Dicen que en el momento del vivo no se dieron cuenta, pero que al otro día vieron el video en YouTube y fue “guuaauuuu”.

El registro muestra a los cuatro músicos —todos vestidos de negro— en un escenario despojado que apenas tiene una vela en la pantalla de fondo. Paula está en el extremo izquierdo, Benito y Leo García en el medio, en el otro costado Javier. La melodía suena sintética con una base en loop y arreglos de cuerdas acústicas que estremecen. De a uno se van turnando para entonar las estrofas hasta llegar al estribillo, en el que se funden. Notas agudas, notas aguadas. Es “Amor amarillo” con la esencia del padre, la frescura del hijo y el aura de los espíritus santos.

Si de tocar hablamos, este año Sobrenadar participó en el festival SXSW en Estados Unidos. Allí se presentaron junto a bandas de esta parte del continente, como Utopians, Pommez Internacional, Phonalex, Alika y Federico Aubele. Pero también compartieron escenario con nada más y nada menos que Russian Red. “Fue una experiencia increíble”, dice Paula al respecto. “Además de ir a tocar y mostrar nuestra música, fuimos a escuchar. Era información nueva por ejemplo ver cómo laburaba aquél en vivo, qué usaba”.

La hoja de ruta de García y Medialdea dice que los caminos se seguirán expandiendo en el futuro cercano. El próximo jueves se irán a Chile, donde tienen programadas varias fechas, entre ellas una en la Feria Internacional de la Música de Santiago Pulsar.

PALABRAS MÁS

Tres. Así se llama el disco que Sobrenadar editó este año de la mano del sello Casa del Puente. Tres es la cinta testimonio de la obra de Paula García. El primer disco con edición física del tándem recopila sus publicaciones virtuales: son 23 canciones ordenadas cronológicamente, desde la primera hasta la última. Si bien las piezas están remasterizadas, las versiones son las originales. Paula ya lo dijo, la intención era que se note el cambio, el avance, en el sonido de la banda. Así sea, así es: a lo largo de cada uno de los tracks (y sobre todo luego de los separadores instrumentales que dividen los temas de un disco y otro) es notoria la mutación. Prueben con el siguiente ejercicio: escuchen “Vent Solarie” y pasen a “Misión”. Luego sigan leyendo.

Mientras el track uno suena a ensoñación atmosférica y apenas se oye la voz cque tiene una estrofa en francés—, en el último el beat invita al baile y Paula —que en la intro susurra— canta con fuerza y nitidez durante los casi cuatro minutos de duración. Y ahí, otro cambio: a medida que García acelera sus canciones y su voz gana cuerpo, las letras se expanden en caracteres e imágenes.

A medida que transcurre Tres —que es lo mismo que decir: a medida que crece Sobrenadar— el imaginario de Paula García se hace más claro. O mejor dicho, más extenso, porque como dijo alguna vez, “la idea es que cada persona que me escuche interprete diferente”. Amplía: “Cuando me preguntan qué digo en cada canción, respondo: cualquier cosa que ellos quieran”. Desde ahí las letras de esta chaqueña se mueven en un surrealismo viajero hacia paisajes azules de planetas, lunas, bosques y mares en los que se encuentra o a los que busca huir, en su propia búsqueda. En “Primero” canta breve: “Caí y exploré/ partes del mar./ Mi casa encontré,/ no hay que salir de acá”. En “Alucinari” se deja ser: “Voy por el camino que nos une alucinados./ En algo que no necesita de nombres./ Alucinados en algo que si lo avanzamos,/ si nos unimos nos inventamos enamorados./ Y paseamos por el jardín, alucinados”.

“Misión” es la canción que cierra Alucinari. También es la pieza que parece marcar el rumbo a seguir: un beat ensoñadoramente bailable sobre el que Paula canta una letra de estribillo espacial y pegote: “Cuando me vi buscando una misión/ en el campo, ahí,/ te vi inventándola cerca del mar,/ como si fuera real”. “Misión” también es el punto de partida para el próximo lanzamiento de Sobrenadar: un EP de remixes. Gabi Lucena (Miranda!), Zero Kill (o sea, Benito Cerati), SidiRum, Astrosuka, Ozaki Koichi (de Japón), Canu Valenzuela y Gustavo Sachetti (ex Vilma Palma que además se encarga de la masterización en Silicone Music) hacen suya la obra.

Así está hoy la vida de una chica tímida que por poco huyó de su casa en Chaco, que cambió de carrera en el medio, que aún adeuda dos exámenes que dice no va rendir nunca y que desde su intimidad se muestra al mundo con sus canciones.

* Sobrenadar tocará el próximo miércoles a las 19.30 en El Cultural San Martín, Sarmiento 1551, Buenos Aires.