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Desvestir al espectador

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Actor, director y dramaturgo, este joven marplatense pone el ojo en el cuerpo y la construcción de la identidad sexual. “Me interesan los universos en apariencia superficiales, que al principio parecen una pavada pero cuando se escarban, ahí es diferente”, dice. Fotografía: Victoria Leihuyk (Tumblr)

Por Emmanuel Videla

Es evidente que Lucas Lagré está enamorado del encierro, al menos, porque por “ahora (le) sirve”. Sonríe. Se lo ve muy entusiasmado. Juega de vez en cuando en la charla con NaN al mejor-te-lo-cuento-en-off y prefiere no dar nombres precisos. “Si te cuento de dónde y de quién se me presentó esa imagen para mi obra de teatro, me prendo fuego”, desliza mientras se le escapan unos “¡ja!, ¡ja!, ¡ja!”. Lagré habla rápido y gesticula a menudo. Este dramaturgo sub-30, con un vasto repertorio en obras en las que también participó como actor y director, se siente parte de una generación que responde al “genio” de Mauricio Kartún y está fascinado por el encierro, porque desde esa posición hace (re)vivir y (re)afirmar su teatro.

Su último trabajo, Pollerapantalón  no escapa a esa constante. Lo mismo sucede con su primer texto: Seca, de 2011. Pollerapantalón habla más del agobio por el encierro de un mundo exterior que parece no existir; la pieza presenta las tensiones asimétricas de dominante-dominado entre una pareja de hermanos que no encuentra las respuestas a las dudas sobre la identidad en el calor de su hogar. Más allá de los diálogos, el rol de la puesta del cuerpo juega un papel fundamental. El cuerpo es, sin duda, el protagonista. Lagré hasta se ha despojado de la manipulación de objetos en escena para hacer más evidente la terrible insistencia del diálogo de y sobre los cuerpos (Atención: Pispea el celular. Sigue con la charla, pero no pierde el hilo). Reflexiona. “En el encierro, están forzados a estar y a convivir, sobre todo por eso lo empecé a usar, pero ya lo podría dejar”.

Algunos números sirven para pintar a Lagré y comprender la pasión que tiene por las tablas. Participó en 17 obras de teatro, como actor, director o dramaturgo, a veces, en varios de esos roles a la vez. A su prolífico currículum se suman algunas apariciones en TV y una larga lista en la pantalla grande, entre ellos el cortometraje Puertas Adentro y el largo Vólatil, dos films que se encauzan hacia el área de preocupación de este joven artista marplatense: la construcción de la identidad sexual, tema que perfora tanto su primer texto como su última pieza. Una luz se prende a su lado. El celular. Se disculpa. Se lo nota más aliviado que hace unos minutos. Lagré ya arregló adónde se encontrará con sus amigos. La noche del sábado es casi sagrada para un joven. Vuelve: “Me interesan los universos en apariencia superficiales, como el de la obesidad y la delgadez, del indeterminado sexualmente, que al principio parecen una pavada, pero cuando se escarba, ahí es diferente”.

Hay algo de la obra de Lagré que gusta. Hay algo que atrae y que causa un efecto mágico sobre los espectadores. Es esa interpelación directa con el presente, con los temas tabú que golpean fuerte en el imaginario social. ¿Dónde está lo masculino y lo femenino? En la ropa, es un buen ejemplo. “Hay algo ahí que me gusta desarrollar, —avanza Lagré— de cómo un cuerpo interviene sobre el otro”. De hecho, en un momento, una de los personajes, Leonor dice: “No sé bien qué somos sin la ropa puesta”. El joven habla rápido, pero de vez en cuando es conclusivo y concreto: “La idea es desacomodar al espectador”.

¡QUE SEA ACTOR!

Telón cerrado. Olvidemos al creador de historias para rastrear al actor. Ahí está Lucas Lagré. Ni alto ni bajo, con una contextura delgada. Blanco. Ojos de por sí grandes que podrían impresionar en escena. Tiene 29 años, pero juega con eso de que parece más pendejo. “De chico jugaba a armar espectáculos. Un día, mi mamá y mi tío fueron a ver Drácula, el musical de Pepe Cibrián, y me trajeron el cd. Al escucharlo el deseo teatral se despertó”, cuenta. “Era muy tímido, pero empecé a estudiar teatro con un grupo de amigos desde los 11”, prosigue. “Momento más, momento menos siempre estuve ligado a la actuación. Y cuando no estaba haciendo efectivamente teatro, estaba pensando en qué hacer con la actividad teatral”.

—¿Cuál es tu búsqueda actoral?
—Lo que más me interesa es que me toquen cosas muy distintas. Lo más desafiante es meterse en un mundo que no conozco y meterme a full. Cuesta que suceda eso porque a veces te ven en una obra, les gustaste y te llaman para lo mismo en otra obra. Eso es parte del trabajo del director. Me tocaron pocas personas que ven algo en vos que no estás proponiendo en tus potencialidades como intérprete. También es cierto que uno tiene ciertas características físicas y hay gente que le gustaría trabajar con vos, pero no das con… hay un montón de variables.

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Fotografía: Victoria Leihuyk

¡QUE SEA DIRECTOR Y… DRAMATURGO!

Su visión de director aflora. “Me interesa pensar los espacios escénicos y los efectos”. Ahí está el punto que une sus dos dramaturgias, Seca y Pollerapantalón, si bien las propuestas son diferentes. “En Seca, había un plano torcido, donde en todo tiempo había varios puntos de expectación”, ejemplifica. Y siguiendo una línea abstracta explica los puntos en común:

—Aparece algo que tiene que ver con lo sexual, que para mí es importante. En Seca, tenían sed como en Pollerapantalón. Leonor tenía sed. Desde el plano simbólico, cuando se habla de la sed, se habla del deseo sexual. A mí me interesa explorar un poco en esos mundos. También en algo de la comida, en cómo la comida aparece transfigurada en afecto. A Manu le dicen: «¡Comete una banana!» Es una forma de afecto. Muy limitada, pero afecto al fin.

—En un texto del investigador teatral Jorge Dubatti, se califica a Mauricio Kartún como maestro de dramaturgos, ¿qué opinás al respecto?
—Es un genio. Hice un seminario muy breve con él. Estudié con alguien que se formó con él. De tal manera siempre algo llega. Es un gigante de la dramaturgia y creo que absolutamente todos los que escribimos ahora estamos interpelados por él, por la importancia que le da a la imagen, al mito, por su universo estilístico, por la aparición de la historia. La influencia que tiene sobre todos es medio innegable, incluso para la gente que nunca estudió con él. Es medio por efecto contagio.

—¿Ves algo de él en tus obras?
—Creo que en sus últimas obras está llevando a escena qué es lo argentino. En su última obra, alguien grita: “Conchita”. Ahí había algo de lo masculino y lo femenino que tiene que ver con lo argentino. Por ejemplo, hay algo del machismo, pero también del matriarcado muy fuerte, que viene de lo gallego y que lo tenemos fuerte con nosotros. A veces se ve mucho lo masculino: la cancha, el fútbol. Pero también está lo otro, que está en competencia. En el proceso constructivo de la puesta que es la desmentida, en Pollerapantalón, lo único real es la ropa. Es la ropa lo que les permite ser. Se ponen algo y juegan a que son aquello que la ropa indica. Por eso también el nombre de la obra. Es una marca de identidad que para mí es importante. El personaje de Leonor termina diciendo: “No sé bien que somos sin la ropa puesta”. Hay algo en eso que está en crisis. También hay algo en los padres en ponerles las ropas a los niños. No lo entiendo, porque lo que te ponen sos, porque queda en algún lugar de tu psiquis. Tengo dos hermanas mellizas y las vestían iguales. Y yo decía: “Loco, le estás cagando la vida. Dejala a cada una ser lo que quiere”.

¡QUE SEA EXPECTADOR!

Una pata le faltaba al acto teatral. Así como Lagré deja todo en las tablas, también está del otro lado. Ese otro completa el combo: el espectador entiende la belleza del teatro, según este joven, de maneras diferentes. “El actor juega, se conecta con ese lugar muy de niño, mientras que en el espectador el placer está en ver como los otros juegan, hay algo de voyeur”. Actor, director, dramaturgo, lo admite: “Es una locura hacer todo a la vez”. Será una locura “auténtica” y “personal”. Así se caracteriza Lagré. Así es este joven que, como tantos otros de su época, define al teatro como esa locura, que en lugar de estar encerrada, se libera. Nada lo ata.

Fuente: NaN #17 (mayo-junio 2014). Conseguila en http://lanan.com.ar/tienda/