A propósito de Once de molleja, el periodista Mario Yannoulas decía en NAN que lo que D.U.H.A.L.D.E. hacía era un “espionaje cannábico de la realidad”. Tradición, familia, propiedad, segundo álbum de la banda del sur del conurbano, no sólo sostiene sino legitima aún más la observación, esta vez no tan abocado al espectáculo televisivo sino con más filo a la moral del ciudadano de a pie, con la espada del cinismo: la tradición y la traición, el jipi como nazi gentil, la identidad como simulacro y las paradojas de lo privado y lo privatizador. Todavía recurre a nombres de la nube gaseosa de la fama: Nimo, Shakira, El Gordo Valor y, nuevamente, Jorge Rial; pero ya menos en el centro, que aquí se ganan el punk y el metal, las canciones, la música.