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“Trato de exorcizar mi ánimo”

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La autora de “Ofelia” y “¡Oh, no! Me enamoré” habla del espacio que se ganó en la historieta argentina y el rol del humor gráfico, que caló hondo entre las chicas. Fotografía: Mariela Bobba

Por Andrés Valenzuela

Un día aparece alguien de la nada y se instala. Eso pasó con Julieta Arroquy en el mundo de la historieta. No estaba en el radar de nadie. Ni siquiera publicaba ya en la revista Oh La La cuando recibió lo más cercano a una bendición papal (pero buena onda) que se pueda recibir en las viñetas argentinas: Daniel Divinsky, de Ediciones de la Flor, le dijo “juntá tus dibujos que te publico un libro”. Y de la noche a la mañana todo el mundillo comiquero local intentaba descifrar quién era esa mina que no había yugado los noventa haciendo fanzines, que reconocía públicamente que su dibujo no era bueno, que casi no conocía nada más allá de Mafalda y que hacía extrañas viñetas con objetos y frases.
Resultó que “esa mina” era Arroquy, una comunicadora social de treintayvarios que volvió a dibujar (no lo hacía desde la secundaria) tras una decepción amorosa. Y esos primeros dibujos que mezclaban objetos cotidianos con reflexiones al paso sobre la vida tuvieron éxito. Incluso éxito de crítica, que vio en ella la utilización de recursos originales y una voz propia. Eventualmente, ese recurso empezó a agotarse y Arroquy decidió dar el paso que hasta entonces temía: dibujar humanos.

Ofelia arrancó en la Feria del Libro de 2011, cuando me tocó dibujar con Gustavo Sala y aprendí que para que se te formara una mínima cola de tres personas esperando tu firma, tenías que tomarte gran tiempo para dedicar cada libro”, recuerda. Hoy Ofelia se publica en México, tiene su propio libro en Ediciones de la Flor, miles de seguidores en Facebook, su imagen es aplique en levitas murgueras y hasta usan sus dibujos en campañas políticas universitarias.

El personaje se hizo un espacio en la escena local, para sorpresa de propios y ajenos. “Al igual que en el resto de las disciplinas, considero que hay lugar para todos y para las más variadas vertientes del humor”, reflexiona la dibujante. “A diferencia del tipo de humor del primer libro, que resultaba mucho más difícil de clasificar como género en sí mismo, creo que Ofelia se ha ganado su lugar, al menos como personaje, dentro de la escena local. No podría decir que se parece más a quién o se diferencia más de qué, pero estoy contenta con lo que ha construido con sus seguidores y seguidoras, quienes la han adoptado fácilmente. Que la gente quiera saber lo que Ofelia opina sobre un tema o qué diría frente a cierta situación, me hace sentir que tiene una voz que se escucha. Si esa voz además provoca una sonrisa, pues bien, siento que logró su cometido.”

En términos formales, Ofelia es mucho más tradicional que su obra previa, pero también sintoniza de un modo mucho más directo con sus lectores y, reconoce su autora, le permite decir y hablar de otras cuestiones. “Creo que hubo una gran ruptura gráfica entre un libro y otro, principalmente porque sentí agotado el uso de objetos para representar ideas, estados o emociones”, analiza y señala que la continuidad, en todo caso, sí puede ser temática: “El amor, el vínculo entre hombres y mujeres, las expectativas, las relaciones humanas y el desamor, evidentemente lo que me hace gracia y me impulsa e inspira a hacer humor gráfico siguen siendo los mismos temas que ocupan el primer libro”.

Arroquy considera que la virtud de Ofelia es que le permitió “humanizar” estos temas, darles cuerpo y permitirse expresar sus opiniones “sólo con una mirada o un gesto, en un plano menos rígido”. La clave, sin embargo, sigue pasando por analizar las cuestiones de la tira desde el lugar “de una mujer en sus treintitantos”, afirma. Un lugar que también vale para las chicas de veintipocos, como puede verse en las colas de gente que espera su firma en la Feria del Libro o que le ponen el “Me gusta” en Facebook.

En Internet las tiras de Ofelia salen casi todos los días, un ritmo que a la autora le permitió pulir el oficio y, a la vez, generar fidelidad en sus lectores. El combustible para ello, “lamentablemente”, es autobiográfico. “No puedo negar que el primer dibujito del personaje surgió para hacer un reclamo”, confiesa. “Igual después me di cuenta que cuando me enamoro y soy feliz también puedo crear, y de hecho son muy festejados esos chistes”.

Fotografía: Mariela Bobba
Fotografía: Mariela Bobba

“Hay una cosa de empatía femenina que no sé bien cómo funciona, pero por ejemplo hay un chiste donde está Ofelia con un montón de pelotas de fútbol, de básquet, etcétera, y dice no importa si son chiquitas, grandes o cómo, pero por favor usalas. Y ése fue como un circo romano, enloquecieron con eso. Pasa lo mismo cuando Ofelia le canta las cuarenta a alguno, o cuando dice: si vos querés y yo también, ¿por qué no la cortamos? Y parece que hubiera hecho lo que nadie se anima a decir, cuando todos pensamos lo mismo. Yo igual tengo una gran cuota de decir lo que no se suele decir, y así lo he padecido”.

Las macanas de “la vida real” por su excesiva honestidad no se trasladan al papel y Arroquy asegura que hasta ahora no se arrepiente de ningún chiste. “Me involucro bastante, en el sentido de que desde que tomé un lápiz y me puse a dibujar –lo que no sucedió hace mucho tiempo– siempre ha sido una experiencia catártica. Trato de sacar hacia afuera una emoción, una sensación o una idea como forma de exorcizar el ánimo propio.”

Eso no significa que haya que entender cada viñeta de Ofelia como si de un diario íntimo se tratase. “En ese recorrido no llega a la pieza final lo literal de la vida, sino la huella de eso. A veces lo único que uno ve del fuego son las cenizas que han quedado, y eso es lo que trato de hacer.”

A veces, Ofelia “habla” de otros temas. De trata de personas, de maternidad… “A veces me escriben para pedirme que Ofelia esté con un altoparlante defendiendo la legalización del aborto, pero aunque esté a favor de eso no voy a usar el personaje para la causa, no le hace falta ni tampoco yo tengo la madurez necesaria para agitar eso, no soy una Quino ―señala―, así que hablo de lo que yo siento, de lo que me moviliza y me conmueve. Lo que me hace pensar sobre todo como mujer”.

En ese sentido, los lectores pueden preveer (un poco) cómo reaccionará Ofelia ante una (nueva) decepción amorosa, pero poco más. “El personaje muta: sufre, se enamora, vuelve a sufrir, se enoja, piensa en otras cosas, a veces sale en nueve cuadritos y otras en un solo panel, pero su personalidad es cierto que no ha variado ni tampoco su idiosincrasia”, considera Arroquy. “Pero supongo que mientras vaya avanzando en la tira, otras cosas irán sucediendo. Por ejemplo, creo que ha hecho una sola referencia a la maternidad, así como otros temas sobre los que quiero avanzar pero para eso necesito como autora tenerlos claros. Tengo definidas qué cosas Ofelia nunca diría, pero a veces ni siquiera estoy segura de eso”.

Amores, desamores, óvulos y pelotas. ¿Es una tira “para minitas”? “Es curioso que cuando el humor gráfico lo hace una mujer casi siempre se considera que es humor para minitas; ahora, cuando lo dibuja un hombre resulta que está implícito que es unisex. Es agotador”, se queja la autora, aunque se obliga a la autocrítica. “Advierto que en mis tiras me río mucho del complejo e insatisfecho vínculo entre hombres y mujeres; en todo caso creo que las mujeres sabemos reírnos más de los hombres y que la mayoría de los humoristas hombres no se ríen mucho de nosotras. ¿Será que nos toman en serio? ¿O que no son del todo honestos? En realidad creo que las mujeres ocupamos un lugar mucho más pequeño en sus vidas que lo que ocupan los hombres y el amor en la vida de las mujeres. Por eso se cae en el mote de que cuando la autora es mujer el humor resulta que es femenino. Sin embargo, creo que la forma de sentir de Ofelia es universal: la tristeza, el amor no correspondido, las preguntas sobre la existencia o no de Dios son temas de ambos géneros”.

Fuente: NAN #11 (marzo-abril 2013). Conseguila en nuestra Tienda Virtual.