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De vez en siglos

MUJER_ENTRADA
Ellas crean y son representadas desde tiempos remotos, pero en estado de tensión. Nadina Tahuil, Señorita Carolina y Paula Landoni, respectivamente de las letras, la música y la plástica, reflexionan al respecto. Dibujo: Adrián Rolón

Por Paula Sabatés

La relación arte/mujer siempre ha dado que hablar. Quizás porque a siglos de la aparición de la primera manifestación artística todavía no se ha naturalizado (tanto) como la de hombre/arte. La crítica del arte universal está repleta de etiquetas que hacen parecer que el “arte femenino” es un género más entre otros tantos, mientras que no existe un “arte masculino”, pues éste es simplemente “arte”. En el mes de la mujer (el 8 de marzo se conmemora el día en que decenas de obreras murieron calcinadas en una fábrica durante un reclamo por mejores condiciones laborales), NAN se propone explorar sobre esta relación. Y lo hace a través de dos ejes fundamentales: el de la mujer como artista, como sujeto creador, y el de la mujer como representación artística, como sujeto (o, más bien, objeto) sobre el que se crea. Para ello juntó a tres artistas jóvenes. La elección de las entrevistadas no es casual. Además de ser mujeres, las tres comparten en su obra, aunque desde distintos lugares, una búsqueda que gira en torno al género femenino. El resultado es un pantallazo sobre la visión que las artistas tienen sobre (las causas de) su lugar en el mundo creativo. También, un análisis sobre las obras que de ellas hablan o que de ellas se desprenden.

“Cuando todavía eras/ cuando te quedaba una mínima posibilidad/ no entendías el significado/ nada/ -ahora sí-/ el vientre vacío, el vientre seco/ deshijada/ te quitaron el nombre provisorio/ mujer era/ y ya no más/ no hay mujer si no es habitada/ dicen los libros/ y a los libros siempre hay que creerles/ así que ahora/ ni siquiera mujer/ ganaste el nombre con la primera gota y lo perdiste con la última”. Así versa Nadina Tahuil, joven escritora argentina, en ranamadre, libro de poemas que publicó Viajera Editorial. En él propone una nueva forma de pensar la maternidad y lo femenino, sobre todo en lo que tiene que ver con el cuerpo. “Los temas del libro tienen que ver con una búsqueda que vengo haciendo desde hace muchos años que está relacionada a las exigencias del ser mujer y con cómo lidiar con ellas”, cuenta la autora, que reconoce que se le hizo más fácil publicar este libro por Viajera, dirigida por mujeres, porque “necesitaba que una mirada de mujer ayudara a cerrarlo”.

Carolina Pacheco es Señorita Carolina, por lo menos cuando hace música. Con Más filoso, su tercer álbum, editado de manera independiente, dice que se siente más madura y más representada. “Es mi disco más consciente con respecto al género, en el que más aparecen vetas como la violencia de género, por ejemplo”. Su nombre artístico, de hecho, y aunque en un principio no fuera intencional, deja por sentado claramente quién es, qué es y qué se propone esta artista que vive explorando en el underground. “El nombre Señorita Carolina fue cero intencional pero me fue gustando cada vez más la idea porque cada uno interpreta lo que quiere. Unos me dicen que es por la soltería y porque no necesito casarme para ser feliz y otros que es un guiño a las señoritas de los colegios, por la inocencia”. Como sea, la artista suena cada vez más en el circuito independiente: desde hace un tiempo se desempeña como vocalista de la reconocida Miss Bolivia y mientras tanto sigue afinando su carrera solista. Y también su dulce pero contundente voz.

Paula Landoni es artista plástica aunque asegura que nunca sintió predilección “por las técnicas tradicionales de las artes visuales”. Su obra está hecha con materiales propios de campos no artísticos, como recortes de revistas, historietas o libros, entre otras tantas cosas. Asegura que no le interesa, para su producción, la problemática de género, pero sin embargo en sus trabajos abundan las figuras o rostros femeninos (muchos de ellos, sobre todo los de hace un par de años, son esencialmente eso). “Mi obra es como es porque es muy autobiográfica y porque tengo una experiencia cultural concreta que es la de ser mujer. Entonces produzco sobre ser mujer porque es lo que más sé. No puedo obviarlo”, explica la artista, egresada de la carrera de Artes, mientras trabaja en un libro-objeto titulado Corte y Confesión, un escrito-collage que presenta una crítica a la industria cultural donde se reflexiona, entre otras cuestiones, sobre la representación de la mujer como objeto de consumo.

COMO ARTISTA: ¿APOCALÍPTICA O INTEGRADA?

La mujer fue tema de representación desde que el arte es considerado como tal, aproximadamente desde la época del Paleolítico Superior. Desde entonces, las obras de arte más célebres suelen ser, en su mayoría, representaciones de mujeres. Basta con enumerar solamente los primeros cuadros que se vienen a la cabeza de uno cuando piensa en obras maestras de todos los tiempos: La Gioconda, Las señoritas de Avignon, Las Meninas, La Maja desnuda y Las Tres Gracias, pinturas, todas ellas, que representan cada período y cada movimiento. Resulta extraño, entonces, que la primera mujer artista de Occidente se haya registrado como tal recién en el siglo XVI (esto es, la primera que firmó un cuadro con su nombre de manera “legal”). Y más aun que hasta el Modernismo Brasilero, en el siglo XX, y viéndolo con mucho optimismo, ninguna haya tenido nunca el mismo reconocimiento, en ningún movimiento, que los artistas masculinos.

No solamente en el arte pictórico se dio el desface. El teatro recién incorporó actrices en el siglo XVI, con el estallido de La Comedia Dell’Arte, en Italia. Antes, los papeles femeninos debían ser representados por hombres que usaban máscaras o actores jóvenes. Las actrices de cine no sufrieron ese destino, pero simplemente porque el cine nació en el siglo XIX, cuando en el campo de la actuación la cosa ya estaba más o menos equiparada. De todos modos, todavía son muchas menos las directoras que los directores cinematográficos (se calcula que, en premiaciones internacionales, las mujeres al frente de proyectos competidores no llegan al 15 por ciento del total de realizadores).

En la literatura y la música pasa algo similar: si bien existieron las brillantes Simone de Beauvoir, Emily Brontë, Virginia Woolf y Jane Austen o Aretha Franklin, Janis Joplin, Joni Mitchell y Diana Ross, nunca serán tan populares como Miguel de Cervantes Saavedra, Oscar Wilde, Herman Hess y Edgar Allan Poe o John Lennon, Frank Sinatra, Elvis Presley y Freddie Mercury.

Negarlo no tiene sentido. Hasta el siglo XX, la mujer artista tuvo un protagonismo menor al del hombre, fenómeno claramente a tono con el resto de las esferas sociales de la vida cotidiana de Occidente (la historia de la mujer en Oriente ocuparía un análisis completamente diferente y seguramente más extenso). La pregunta es qué pasa en la actualidad, ya que se ha avanzado mucho en esa problemática, sobre todo en los últimos dos siglos.

—¿Creen que la mujer pudo conseguir un lugar en el arte igual al del hombre o que todavía está en desventaja con respecto a éste?
Nadina Tahuil: —Creo que si bien ha ganado muchísimos lugares, en el arte la mujer todavía tiene menos espacio que el hombre, no porque tenga menos capacidad sino porque para este sexo es más difícil todo: tiene que ganarse el derecho de piso, demostrar que puede. Además las exigencias de la sociedad son muchas más para las mujeres, por lo cual es imposible que puedan dedicarse por completo al arte.
Carolina Pacheco: —En comparación con las épocas anteriores, para mí este es un mundo bastante libre para las mujeres en cuanto a su lugar en el arte. Nunca sentí limitaciones ni me faltaron oportunidades por ser mujer. Sí creo que hay otras esferas en donde la diferencia es terrible, pero el arte es un lugar en el cual veo mucha libertad. Supongo que porque si algo no pudieron detener los hombres fue nuestra fuerza creativa, nuestro impulso.
Paula Landoni: —Creo que está nivelado completamente. Hasta el siglo XX estuvo esta cosa de etiquetar a la producción de las artistas mujeres como “arte femenino”, rótulo que no era más que un índice del dominio masculino, porque por otro lado no se agrupaba la producción por “género masculino”. Pero hoy esa etiqueta no puede existir.

Las respuestas varían de acuerdo a la artista, pero fundamentalmente a la disciplina en la que trabajan. Landoni cuenta que actualmente hay muchísimas artistas plásticas y que “de hecho en varias exposiciones hay más mujeres que hombres”; y Pacheco asegura que si bien los grandes músicos argentinos son hombres, en los festivales hay cada vez mayor diversidad. Pero la menos optimista es Tahuil, quien experimenta la mayor diferencia desde las letras. “La literatura tiene un movimiento femenino fuerte en poesía, porque ésta tiene que ver con algo muy intimista que creo que la mujer maneja mejor. Pero la poesía, si bien es maravillosa como género y súper compleja, es lo menos leído y sin dudas lo menos popular. Entonces es más difícil que se haga conocida una mujer escritora”, sentencia la autora, que además es médica especializada en psiquiatría.

COMO MODELO DE REPRESENTACIÓN: ¿SUJETO U OBJETO?

El debate más profundo debe ser, de todos modos, el otro: ¿cómo está representada la mujer en el arte? La razón es simple: la pintura (fundamentalmente hasta el siglo XVIII pero igualmente hoy), luego el cine y más que nada la publicidad exponen a la mujer a una estereotipación constante. Altas, flacas, lindas, con pechos enormes y en lo posible en poses frontales para que los hombres las miren parecen ser condiciones básicas que debe reunir una mujer para ser inmortalizada en un cuadro, una foto o una toma (el desnudo, como género pictórico, llevó al máximo estas características). “El arte educa”, se piensa, y así esta imagen va quedando en el inconsciente colectivo, y sobre todo en el pensamiento sobre cómo debe ser la mujer moderna. Ergo, si la sociedad tiene ese concepto del género femenino, entonces la mujer debe servir para satisfacer las demandas del hombre. Y, si eso hace, entonces no puede, ni debería, tener tiempo para explorar su faceta creadora, para ser una artista por sí misma.

—La cosificación de la mujer es innegable en las artes visuales. Ahora, ¿cómo creen que está representada en las otras disciplinas artísticas?
C. P: —Con respecto a la música, durante años la mujer fue tomada indudablemente como objeto en las canciones del rock nacional. Se tomaba de ella su belleza o a lo sumo su perfil maternal, pero no se la describía como un ser activo ni se hablaba de otros rasgos femeninos como el poder, la fuerza o la creatividad. Todo eso quedaba invisibilizado. No recuerdo canciones que hablen sobre mujeres de una forma copada o desde otro lado. En cambio, hay miles que hablan de las piernas más bonitas. Y también hay muchos temas que cuentan la historia de un tipo que se enamora de una puta. Y queda ahí, madre o puta, sin punto medio. Por suerte, como están creando más mujeres, la forma de escribir sobre la mujer empieza a tener otras aristas. De todos modos hay canciones machistas hechas por mujeres, porque es muy difícil escapar de ese achatamiento con el que crecimos. Igual no me parece que el hombre lo haya hecho con maldad tampoco. De hecho creo que ellos también están súper formateados y que les cuesta salirse de ese lugar.
N. T.: —En la literatura hay muchos estereotipos, mucha mujer-objeto. De hecho no recuerdo grandes heroínas femeninas en los libros, más allá de La Maga o Madame Bovary, que por algo marcaron un estilo. Y de todos modos, cuando las hay siempre están usadas como contrafigura del hombre, nunca como identidad o lógica propia, siempre en contraposición del hombre, que es quien “es”. Y es muy difícil romper con eso aun hoy.

Durante la entrevista, las tres artistas coinciden en que la producción femenina, si bien a menudo repite los vicios de las producciones masculinas, suele tener un plus, generado por la característica fundamental de ser mujer. Tahuil pone como ejemplo La Grieta, de Doris Lessing y El infinito en la palma de la mano, de Gioconda Belli, libros que “la inspiraron” a la hora de escribir el suyo. “Hay algunos textos que incluso te podés dar cuenta que fueron escritos por mujeres aun sin leer el nombre del autor. Porque los suyos son libros que se cuestionan la femineidad. El hombre se podrá cuestionar por la existencia, por la vida y la muerte, pero no se cuestiona sobre qué es el hombre como género. No duda porque ya es. Pero la mujer se cuestiona qué es la mujer todo el tiempo y eso se nota en la literatura, y creo que en todo el arte”, asegura.

Fuente: NAN #6 (marzo-abril 2012). Conseguila en nuestra Tienda Virtual.