
Por Gustavo Grazioli
Decir “fútbol” no significará, en este caso, Boca ni River. Será hablar de un trío con espíritu punk y rock progresivo, que utiliza la distorsión y el violín como nomencladores sonoros característicos. Será hablar de tres personas que vieron su núcleo existencial en la experiencia de convivir a través de una banda. Empezaron grabando un disco de forma lúdica, tocaron para nadie, tuvieron refugio de algunos fans cuando les robaron todo en una gira y, quizás entonces, se sintieron más fuertes. “Todos tenemos otros laburos y familia, pero la banda es algo que hay que cuidar y respetar porque nos dio mucho”, cuenta Juan Pablo Gambarini, guitarrista de Fútbol, a NAN.
La banda ya tiene cuatro discos en su haber y uno en camino, quizás para mediados de año. Los títulos que se le conocen son: Elige tu propia aventura, Más bambino que nunca (2005), Papá se fue a Japón (2008) y La gallina (2011). También un DVD, El diente ausente, que contiene el show del Festipez de 2013 en el Centro Cultural Konex. Juan Pablo “Gamba” Gambarini en guitarra; Federico Terranova en violín y voz; y Santiago Doutron en batería y voz; han logrado con su formato una manera de eludir convencionalismos, estrellatos apresurados y canciones objeto.
Fútbol nació “sin mucha expectativa”, cuenta Terranova. A lo largo de los años fueron encontrando el sonido, llevándose lejos la experiencia de “sonar mal”. Tocaron mucho tiempo en cualquier lugar, en condiciones deplorables, viendo cómo otros se llevaban la plata. Por eso Terranova aclara: “No vamos a volver a tocar en todos lados por el solo hecho de que nos gusta tocar”.
—¿El merecimiento viene arraigado a la trayectoria?
Juan Pablo Gambarini: —No, en realidad empezó a venir mucha gente a vernos y nos empezaron a invitar a tocar en todos lados. Los productores venían y nos decían “vengan a tocar”, y al principio íbamos como unos boludos. Les hacíamos la fiesta a los lugares y la guita se la llevaba una sola persona. Esto es como cualquier laburo: hay que mantener la dignidad y el respeto. Entonces a veces uno toma posturas chocantes, pero porque todo esto fue un esfuerzo muy grande para los tres. Todos tenemos otros laburos y familias, y sinceramente la banda es algo que hay que cuidar y respetar porque nos dio mucho. Cuando me quedé sin laburo, me sostuvo la banda. No estaba llegando a fin de mes y cuando tocaba compraba la comida con esa guita.
—Hace diez años, ¿con qué cosas se encontraban a la hora de tocar?
J. P. G.: —Tocábamos en condiciones pésimas. Podíamos llegar a ir a cualquier parte del país con arreglos de mierda. Por eso cada vez queremos que las cosas funcionen mejor y exigimos más. Queremos ir a lugares que suenen bien y que nosotros tengamos nuestras exigencias cumplidas. No pedimos más de lo que nos merecemos, pero sí lo que nos corresponde. Además, ahora se suma gente al grupo que labura y hace que la cosa funcione. Ya no somos nosotros tres, que vamos con la guitarra a tocar a cualquier lado, sino que ahora hay plomos, sonidistas… y eso tiene un costo.
—Ese camino de disgustos, ¿les resulta chocante si lo analizan ahora?
Federico Terranova: —No. Disfrutamos cada proceso. De hecho, tenemos mejores recuerdos de cuando era todo un desastre. Empezamos a tocar con Fútbol a los 25 años y ya éramos gente grande, pero hacíamos cosas como si fuésemos de 15. Éramos tres tipos que estábamos haciendo cualquiera; y en diez años de hacer cualquiera nos acomodamos. La banda también se acomodó y quedaron las anécdotas. No significa que no queramos que nos pase de vuelta, pero vas queriendo otras cosas. Igual, más allá de los garrones, fue algo lindo y de lo que aprendimos mucho.
En mitad del camino, Fútbol se encontró con Pez y establecieron un lazo de gran cercanía. “Nos conocimos a partir de tocar. Un día tocamos y estaba Ariel (Minimal), que tocaba después, y me dijo: ‘Yo te vi tocar en una orquesta de tango. Tenías la remera de Riff’”, cuenta Terranova, que, tiempo después, participaría en la grabación del disco Hoy. La amistad se fue acrecentando a base de asados futboleros, en donde a veces comulgaba también La Patrulla Espacial. “En esos asados pegamos la mejor con Pez. Ellos nos han abierto shows en el Zaguán, pero se cambiaban el nombre para poder tocar, porque el lugar es chico. Una vez se pusieron Patada Voladora y otra vez Los Mierdas”, agrega Gambarini.
—¿Cómo es tener una banda de rock de postura independiente en tiempos de industria cultural?
J. P. G.: —Se convive yendo para adelante sin dar mucha pelota a lo que hay alrededor. Somos independientes porque no nos queda otra. Estaría bueno no serlo. Entonces aprendes a laburar siendo independiente.
F. T.: —La única propuesta que tuvimos fue la de Oui Oui Records y le dijimos que sí, pero el día que venga una propuesta mejor la analizaremos. Quizás no venga nunca. Nunca nos planteamos el hecho de ser independientes, lo que nos propusimos fue ser, ser la banda, ser nosotros. Y todo lo que no se meta en nuestra forma de hacer, si suma, bienvenido.
—La alternativa de no ser independiente sería… ¿someterse a ciertas reglas?
F. T.: —Si viene una multinacional y nos hace una propuesta, puede que nos dé cosas que no tenemos. Hay gente que sabe hacer las cosas mejor y por eso siempre hay que escucharla. Nunca grabamos con productor porque no tuvimos plata para pagarlo, pero si ahora Oui Oui nos paga uno, lo haremos de esa manera y si no, lo terminaremos haciendo como siempre: grabaremos los tres por nuestra cuenta. El disco lo vamos hacer igual, más allá de todo esto.
J. P.: —Este año vamos a cumplir 12 años. Ya hicimos todo lo que queríamos hacer. No creo que venga alguien a decirnos: ahora tienen que hacer música para niños o folklore. Difícilmente se puedan entrometer. Pero sí, quizás, nos interesa que, ahora que vamos a grabar, una persona con unos conocimientos a los cuales no accedimos nos dé una visión externa.
—De esos doce años, ¿alguna anécdota que quieran rescatar?
J. P.: —Hace cuatro años fuimos a tocar a la provincia de Río Negro y nos robaron todos los bolsos. Después salimos a tocar y, cuando terminamos, todos los que organizaban desaparecieron. No teníamos ni adónde ir a dormir. Ese día, por suerte, habían en el lugar unos pibes que nos fueron a ver y nos invitaron a dormir a sus casas. Ahora son muy amigos nuestros. Y ellos tienen una banda, Tranquilino Rodríguez, y hacen algunos temas nuestros, como “Río Colorado” y “Beto Mataporgusto”.
F. T.: —No sé si es una anécdota, pero lo recuerdo como eso: entre 2003 y 2006, tuvimos un récord de muchos shows con cero público. De hecho, fuimos la banda con menos gente. A nosotros, como éramos los más nuevos, nos tocaba cerrar la fecha y quedaban el de la barra, el sonidista y el productor de la fecha. La gente se empezó a duplicar cuando abrimos un Festipez y, después, cuando tocamos muy seguido en el Zaguán Sur.