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Una antología saludable

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Sólo con el dibujo de tapa basta para obligarnos a invertir en esta compilación de historietas de Julio Azamor editada por Llanto del Mudo. Más razones, a continuación. Imagen: gentileza de prensa

Por Marcelo Acevedo

Aventurarse en la lectura de Matasano es el equivalente a entrar en un mundo de pesadillas en blanco y negro protagonizadas por seres deformados y sin futuro, monstruos que pueblan las densas páginas de este libro que recopila en la Argentina algunas historias inéditas de Julio Azamor —publicadas en Italia bajo el nombre La nave de piedra, homónimo de uno de sus relatos—, editado por los siempre inquietos Llanto de Mudo.

A pesar del poco material de su autoría editado en nuestro país, Azamor no es ningún novato. Su apellido es palabra santa para quienes conocieron o escucharon hablar de esa revista de culto noventosa y rompedora llamada Catzole, cuna de grandes historias que, gracias a ciertas editoriales que se la juegan por el noveno arte antes que por la guita (Ex Abrupto, Rabdomante, Llanto de Mudo), hoy se están reeditando recopiladas en libros dignos y accesibles. Azamor forma junto a Sanz y Rovella la sagrada trilogía del cómic under, autores imprescindibles y en plena vigencia que no debemos dejar de leer y revisitar.

En Matasano los géneros conviven en armonía. Los tópicos de la ciencia ficción, el terror y el fantástico son claramente reconocibles, pero están tan teñidos de oscuridad y opresión que se pierden y se entremezclan en un todo enfermizo y desolador. En estos relatos no hay lugar para el humor o la distensión, todas son historias urgentes y macizas que golpean directamente en el hipotálamo del lector, sin dejarle margen para reaccionar. El apocalípsis siempre está a la vuelta de la página, la muerte se hace presente en cada historieta, la deformidad y el horror son los verdaderos protagonistas.

Algunas narraciones son básicas y otras muy crípticas. Pueden causar estupor, sorpresa y hasta asco. Lo importante es que ninguna te deja indiferente y todas son muy disfrutables. La pericia de Azamor con los lápices transforma a todos estos seres grotescos en personajes hermosos.

Si hay algo que tienen en común todos los personajes en Matasano es una intensa desesperanza que parece hacerlos conscientes de que no van a durar más allá de la última viñeta; no existe para ellos sobrevida ni siquiera en nuestro imaginario, y en el caso de que algún lector desprevenido llegue a imaginarlo, solo se podrá intuir un futuro patético para esos seres sufrientes pero exquisitamente dibujados. La locura inherente a cada uno de ellos pero también cierto instinto de supervivencia que los puede llevar a cometer los actos más aberrantes e inhumanos son la piedra fundamental para estos minirelatos que, a su manera, rinden homenaje tanto al cine de Cronenberg como al de Lynch, pero también al horror de Lucio Fulci y Mario Bava. Como un demiurgo desequilibrado y desilusionado del mundo, Azamor ilustra narraciones que comienzan in media res para llegar a un final incierto, en el que no importa mucho de dónde vienen ni quiénes son en realidad sus protagonistas, sino más bien qué los motiva y hacia dónde se dirigen.

Además de algunas historias originales dibujadas por Azamor y escritas por diferentes guionistas (Fiore, Rovella), Matasano trae dos adaptaciones de cuentos clásicos (La máscara de la muerte roja de Poe y La nave de piedra de Hodgson) y una galería de ilustraciones sin desperdicio. Y a pesar de todos los atributos mencionados, sólo con el dibujo de tapa basta para obligarnos a invertir en esta antología.

Al igual que Orgasmatron (obra de culto Azamor publicada originalmente en Catzole y recopilada en un solo tomo por Rabdomante), Matasano es otra historieta indispensable para seguir completando nuestras bibliotecas nerds.