Con recursos de la danza y la música, la obra de la directora María Fernanda Catullo transporta al espectador al desnudo y a la riqueza de uno de los diálogos filosóficos que más influyeron en el pensamiento occidental.
Por Emmanuel Videla
Fotografía gentileza de Agostina Centurión
Buenos Aires, junio 25 (Agencia NAN-2013).- Tantas veces habrás hablado del amor con amigos. Tantas otras veces habrás dicho que amás a alguien. Otras lloraste. Te quejaste. Te contradijeron. Diste cátedra o te quedaste mudo por no saber qué decir sobre ese sentimiento, que parece mostrarse y otras veces desaparece sin más. Todo lo enunciado no es nada nuevo, peca de cliché, pero lo cierto es que tampoco era nada novedoso para los griegos. La obra El Banquete de Platón, de la directora María Fernanda Catullo, transporta al espectador directamente a esa pasión, al desnudo y a la riqueza de uno de los diálogos filosóficos que más influyeron en el pensamiento occidental. ¿Cómo? A través de la danza, la música y el diálogo filosófico, del cual no se despega casi en ningún momento.
Así como cada uno de los espectadores habla –acaso a veces también podemos decir– del amor en cenas, en boliches, en bares; en El Banquete de Platón todo pasa, valga la redundancia, en un banquete. Se celebra el triunfo del joven Agatón (Ezequiel FelixColl) en una de las máximas competencias poéticas de la Grecia ática en su morada. En ese contexto, Erixímaco (Daniel Liñares) propone a cada uno de los integrantes pronunciar el discurso más bello y así parece que lo entendió cada uno de los actores en escena: Sócrates (Rolo Sosiuk), Fedro (Leandro Crovetto), Aristófanes (Ariel Ragusa) y aquellos que, luego, entrarán.
Sentados en semicírculo, cada una de las actuaciones parece remitir a ese personaje de la Grecia Antigua. Los jóvenes –o mancebos, como se los llamaba por esos tiempos– como Agatón y Fedro son los más apasionados y, por momentos, los más “inexpertos” en los artilugios que implica el discurso, pero así también los más deseados por las bellas mujeres que los rodean. Sucede lo mismo con los más expertos –consecuentemente más ancianos– como la interpretación de Sócrates de Rolo Sosiuk, que triunfa en escena. Muestra a ese filósofo que se reconoce como el intermediario entre la Verdad y los seres humanos, como aquel que todo lo interroga y que se encontrará con Diotima (Victoria Montanaro), otra de las escenas más míticas y mejor logradas por Catullo.
Una de las actitudes en el uso del lenguaje que parece hacer ruido en el discurso en general es la confusión, adrede o no, entre el uso del “tú” y del “vos”, en boca de los convidados al banquete. Alcibíades (Diego Semino), joven ebrio que interrumpe el banquete al final de la pieza, parece volcar esa cuota de lengua familiar al simposio y lleva al espectador a escuchar ese acento y esas expresiones del español bien rioplatense. Sin embargo, para nada incomoda a la pieza en su totalidad.
Deslumbra claramente esa escena donde Aristófanes propone la naturaleza misma del ser humano a través del mito del andrógino. Se logra uno de los clímax más sutilmente elevados de la pieza. Todo es mito y una vuelta a despegarse de lo mundano, de la tierra para elevarse a un ensueño mágico fundador. Armoniosamente, las palabras de Aristófanes se mezclan con un baile de sombras que funciona como uno de los recursos mejor logrados por la directora para dinamizar discursos de gran carga filosófico-discursiva.
La obra de Catullo podrá cautivar –o enamorar también– a aquel acérrimo estudioso del pensamiento platónico. Cada uno de los discursos que se presenta respeta esa densidad de reflexión que propone Platón en su diálogo escrito hace aproximadamente más de 2300 años, pero lo distintivo es que ciertos arreglos en el discurso hacen regresar al espectador al aquí y al ahora. Un juego un tanto audaz, pero bien logrado por la directora.
En definitiva, todo es pasión en El Banquete de Platón. Nada queda afuera de ese sentimiento. Pasión en la impostación de la palabra, pasión en el devenir de las actuaciones de cada personaje. Es ese canto de poeta inspirado por las Musas el que logra en su puesta en escena María Fernanda Catullo. Pero quizás lo más atinado de la obra sea resurgir esa pregunta, en el aquí y ahora, inquietante, molesta o no, que tiene toda noción filosófica: ¿Qué es el amor?
*El Banquete de Platón se presenta los sábados a las 20.30 en Espacio G104, Gascòn 104, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
