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Zubiría y Vergara en Teatro el Anfitrión.-

Bajo una abrumadora crítica a la construcción de las noticias televisivas, la obra de Walter Velázquez muestra la historia de un engaño entre colegas de un prime time informativo que desembocará en la verdadera identidad de uno de ellos. 
Por Emmanuel Videla 
Fotografía gentileza de Laura Raggio 
Buenos Aires, noviembre 6 (Agencia NAN-2012).-Nada tiene que envidiarle a un set televisivo. Ningún escenario roza un naturalismo tan mediático y tan extremo, por su cuidado en la escenografía y su trabajo audiovisual, que el de Zubiría y Vergara, obra dirigida por Walter Velázquez. En esa lógica, que se balancea entre lo cómico, lo satírico y el absurdo, se larga uno de los programas prime time que pone en escena las noticias más importantes de la jornada. La función transcurre en cortes y puestas al aire donde se revelan los pormenores que atraviesan los personajes. Así, antes de salir al aire, Vergara le confiesa a su fiel colega que se acostó con su mujer. Frente a ese engaño, el programa correrá el peligro de la aniquilación y de la vida misma. 
Nada tiene que envidiarle a un set televisivo. El hecho teatral parece mimetizarse, en más de una ocasión, en un estudio de tevé. Bajo esa dinámica, el espectador que ingresa pierde su condición de tal y deviene televidente, ese que está detrás de las cámaras. Es alguien que en ocasiones es motivado a aplaudir cuando el coordinador de aire lo dispone y da aire o alguien que solamente mira, que observa con atención ese detrás que revela el ser oculto de uno de los conductores de ese programa de noticias. Además, la trama se reposa sobre escenas absurdas pero a la vez críticas a un sector de la sociedad porteña, escenas que desentrañan poco a poco el armado y la construcción de las noticias. 
Nada tiene que envidiarle a animadores de televisión este dúo de actores que supo meterse en la piel -muchas veces frívola, insensible y egocéntrica- de conductores de noticieros. Así, las actuaciones de Federico Simonetti (Zubiría) y Pablo Picotto (Vergara) frente al aire demuestran una armonía entre el texto y su corporalidad. No falta el balbuceo y ese momento de silencio para luego seguir con el informativo, a pesar de que pasan un momento complicado. Tanto Simonetti como Picotto logran ser un equipo en escena. Las sonrisas, ¡las falsas sonrisas! y los juegos de confianza entre las miradas que a veces surgen entre ellos son algunos de los otros indicios que despiertan sorpresa por la cercanía a un set real de televisión. 
Nada tiene que envidiarle la obra a los temas tratados en un informativo y es aquí donde radica su riqueza. Arropado por el absurdo, un coreógrafo-político (Daniel Kiborski) es uno de los invitados de gala del programa y revela una de sus mejores adquisiciones: una máquina que promete erradicar la pobreza de una manera muy particular. En esa fauna de invitados no puede olvidarse la figura de “Trosquito”, un títere para nada políticamente correcto que contará chistes a troche y moche en esos pocos minutos que tiene de aire. También, la crítica sobre el mercado de divisas y otras quejas que hoy por hoy se escuchan en ciertos sectores de la sociedad están presentes en los audiovisuales que se proyectan como exteriores de excelente calidad actoral y de imagen en el programa de Zubiría y Vergara
Nada tiene que aquejar al director Walter Velázquez en tanto escenografía, pero tampoco en tanto momentos de tensión y continuidad de la línea argumental. Es que en los minutos finales de ese programa se revela la verdadera identidad de ¿Zubiría?, ¿Vergara? El aparente engaño con la mujer de su colega esconde otras implicancias en la trama y sólo a través de esa vuelta de tuerca se devela el ser que se esconde tras el argumento de este prime time de noticias, que no propone una anacrónica visión sobre la manipulación de los medios sino que, ni más ni menos, devela esa insoportable opresión que muchas veces encierra la construcción de la identidad humana. 
*Zubiría y Vergara se presenta los jueves a las 21 en Teatro el Anfitrión, Venezuela 3340, Ciudad de Buenos Aire.