La cantautora debuta con un disco dialógico, amplio, desprejuiciado y que pone la canción por delante. Del rock progresivo al free jazz, la ex Doris crea un universo sonoro personal y da cuenta de su altura compositiva.
Por Sergio Sánchez
Buenos Aires, noviembre 5 (Agencia NaN-2012).- En su disco debut oficial –había publicado un disco casero hace diez años–, Liza Casullo, ex vocalista de Doris, da cuenta de su altura compositiva y sus ansias de explorar por diferentes caminos. La cantautora revisa desde el rock británico y progresivo (en “Nemort”, una canción con guiños a Pink Floyd) hasta el free jazz (en “Timoty Lain”), pasando por el pop, el folklore, la psicodelia y la canción (“Nubes en la distancia”). Esa gama de sonidos se convierte en uno cuando pasan por el matiz vocal de Casullo, femenino y aguerrido a la vez. Velvetbonzo es, entonces, un retrato de época: un trabajo dialógico, amplio, desprejuiciado y que pone la canción por delante.
El disco, integrado por diez canciones, está atravesado por las electrizantes y disímiles guitarras de Casullo y Rado Valente (quienes también realizaron un excelente trabajo de arreglos). Una de las piezas más logradas es, sin duda, la última del disco, “Rojo Lojojo” (con Alvy Singer como invitado), tema jazzero en el que la cantante despliega los estados de su voz y la armónica le aporta un final country. ¿Lo mejor para el final? No. El disco es parejo desde el comienzo. Es que Casullo crea un universo sonoro equilibrado y personal que excede al rock, aunque ése género es el que impera. Es interesante también el arriesgado trabajo de guitarras que hay en las instrumentales “Seina gaku”, “Sinfonía Q” y “Moebius”.
Como explica Casullo, el título refiere a dos opuestos: la suavidad del terciopelo (“velvet” en inglés) y a la extremidad del bonzo (aquél que se inmola o prende fuego a modo de protesta). Bajo la producción de Casullo y Valente, el disco es justamente la combinación de ambos conceptos: las canciones se pasean por paisajes sonoros que varían en vehemencia y que reflejan estados caóticos y plenos. La psicodelia de la obra radica en no saber qué pasará en la siguiente canción, si la lluvia calmará o se desatará la tormenta. Hay una inquietante cuota de incertidumbre. “Aceptá las novedades del desorden / tal vez la claridad trasluce”, invita casullo en “Nubes en la distancia”
