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Fernando Morando: “Me gusta más el hecho artístico, no mostrar el bagaje itinerante”.-





Formado en la Escuela de Títeres del Teatro San Martín, integra la agrupación de payasos Ingeniero Pavese. El artista reflexiona sobre técnicas, autogestión y su reciente obra Será Payaso.

Por Emmanuel Videla 
Fotografías gentileza de F.M.

Él será payaso de estirpe y pura cepa,
le pondrás por nombre Membrete.
Y tendrá una nariz igualita a la de su padre. 
(Fragmento de Será Payaso)


Buenos Aires, agosto 10 (Agencia NAN-2012).- Se dice que todos los elementos de un titiritero para montar una función caben en una valija: las luces, el paisaje y los muñecos. No es por mera comodidad. Habla de la estirpe itinerante del oficio, del que reniega y, de vez en cuando disfruta el actor y titiritero Fernando Morando. En su maletín, descansa Membrete, el protagonista de Será Payaso, un espectáculo para adultos que recorrió el Conurbano sur. Se trata de una obra tradicional de títeres de guantes que gira en torno a la búsqueda de la identidad de Membrete o la desolación de no encontrar un lugar en el mundo. “Membrete es alguien que pregunta desde la misma inocencia. Hace pregunta que para los grandes son terribles o difíciles de contestar. Me inspiré en las preguntas que un hijo le haría a sus padres separados. Para mí siempre fue una incógnita porque mis viejos están juntos hasta el día de hoy”, comenta Morando ante Agencia NAN.
–Membrete es el personaje más cuidado tanto en el uso de las palabras como de sus expresiones gestuales, de las prácticas escénicas en las que participa.
–Membrete no hace chistes si bien hay momentos en los que Mirna Cabrera (su intérprete) podría soltarse un poco del guión para hacerlo, preferí que no. Membrete es toda dulzura.  Si se pone en demasiado canchero o bardea a otro se sale del personaje. Tiene que ser un nene de seis  para enternecer.  
–Y la mamá de Membrete, María…
Para ilustrártelo, ella vendría ser como la secretaria de la gente que actúa: ella pone en escena, muestra. Está muy metida en su mundo, pero también tiene rasgos de alguien que esconde algo, que no quiere contar. Le aconsejé a Mirna que interprete a María, como muy callada, que esconda y que hable en el momento preciso, pero no mucho. A pesar de que la dirijo y la interpreto, no puedo contarte más porque no tengo una visión desde afuera de la obra.
–¿Cómo lo vas moviendo a través de las salas de teatro?
–Egresé del San Martín con esta obra en 2004. Hace muchos años que la hice y la presenté pocas veces. No es que al día de hoy tengo mil funciones de Será Payaso. En ese caso, hubiese estado podrido de hacerla y hubiese hecho un corte. Por ejemplo, si me llaman para algún festival o de algún otro lado, pienso: ¿Lo hacemos? Sí, vayamos con Membrete.  También tiene que ver mucho la técnica de guante, que fue la que usamos. Ahora no haría esa técnica.  Lo hice de modo experimental, para probar cómo era. Tenemos otras tendencias, no te quiero decir nuevas tendencias, pero maneras que se usan más.
–¿Cuáles son esas maneras de hacer títeres?
–Me gusta mucho la técnica de mesa o manipulación directa. Está expuesto el titiritero. Lo que genera es que un día se te vea, otro día ir al retablo, que no se te vea. Por ahí pasa el arte de títeres: buscar diferentes técnicas en una misma obra, diferentes tamaños de muñecos. El teatro de objetos está súper valorado. No te quiero decir que fascina, pero ahora es todo teatro de objetos. Está sobrevaluado. Está buenísimo que exista, de que se lo llame por su nombre, pero hay veces que me parece demasiado. Es como el clown. Todo el mundo da clown.
¿Cómo se innova el hacer de los títeres frente a una competencia marcada de otros géneros como el clown o el teatro de objetos?
–Innovar, innovar. Romper lo clásico para empezar a desarmar y probar con otras cosas, técnicas. Tampoco veo que esté mal lo tradicional. Es más yo podría hacer otra obra con técnica de guante, pero yo no tengo ganas de meterme otra vez en esa manera de hacer títeres, porque ya la maneje. Creo que se puede seguir haciendo guantes y va a ir bien. Es decir, está permitido todo. Puedo agarrar la mesa, darla vuelta y hacer una obra con los sobrecitos de azúcar (sobre la mesa del bar mueve los saquitos haciéndolos actuar). También depende de cómo lo hacés y quién lo hace. Pensar en el recurso… se puede usar todo. Todo está bien visto, la gente te lo va a aceptar.
Pero existe un tradicionalismo que trata de mostrar al títere solo de una manera.
–Hay un fundamentalismo del títere que dice que sólo son títeres los de guante. Decís títeres y son títeres de guante, pero ya son los artistas más grandes los que dicen eso. Si hacés otra cosa, ya forma parte del teatro de objetos. Eso lo piensan, en su mayoría, las generaciones viejas, no quiero decir denominarlas así, pero están un poco olvidadas. No van a innovar. Qué sé yo. Se puede hacer de todo.
¿A qué se debe ese rechazo al cambio?
Si hace treinta años venías laburando de una forma y justo te agarra el cambio (de época) y cuando empiezan a venir estos chicos que les dicen no hagamos esto asá, sino así, es una patada que tenés que aguantarla.  Algunos lo superaron y otros se quedaron en la misma. Pero títere al fin. Está bueno aceptarlo.  Les va mejor a los que lo aceptaron que a los que no, a todos los que se quedaron en aquel lugar.

–¿Hay espacio en los teatros para espectáculos de títeres?
–Es difícil encontrar salas. Ahora tenemos el Museo del Títere que está sobre la calle Piedras en San Telmo. Allí tienen salas donde te aceptan las funciones. Para ello, tenés que presentar videos. Tienen una sala preparada para hacer títeres. En las demás salas, el problema que surge es que necesitás luces puntuales, más chiquitas. Hay muy pocas salas que tengan esos pings, con los que podés centralizar la obra. No se puede hacer en cualquier lado. Hay muchos lados que te cobran un seguro. No sé si lo veo mal o bien, qué sé yo.  Está bien, es el negocio de cada uno.
–Se suele repetir que hay dificultades para convocar en las obras del circuito independiente. ¿Es así la situación?
Claro, tampoco conozco gente que la está rompiendo y que se diga: “Vamos a ver esta obra que lleva cien personas todos los sábados”.  Es imposible y si lo hace, esa obra pasa a otro escalafón, porque tiene un director que convoca, porque tiene un dramaturgo que también lo hace.  Me pasa con Timbre 4. Siempre va sumando, la gente se va incorporando y así se piensa que todo lo que se ve ahí está bueno.  Por eso hay que hacerse un nombre y que vaya gente. La autogestión es complicada, pero con eso no quiero dar a entender que es imposible, pero sí complicada.
¿Cómo es el debajo de escena de la función?
–Lo que pasa con eso es una obra aparte. Es bárbaro lo que sucede. Es otra función. Se pone en juego la conexión con el cuerpo del otro, pisarlo, estar al lado. Tenés que decirle cómo seguir y siempre con las manos, perdón, con los brazos levantados. Nunca bajarlos y se supone que tenés que disociar todo lo que pasa abajo con lo que pasa en escena. Una de las cosas que te enseña cualquier maestro de títeres es la disociación de la energía entre todo lo que pasa acá (señala su brazo desde el codo hasta la punta de las manos) y el resto del cuerpo. Pero cuando vos actúas, actúa todo el cuerpo. Es así. Hacés llorar o reír desde el codo hasta la mano. A mí me pasa que cuando yo lo hago, no puedo no dejar de actuar, es decir, yo, todo mi cuerpo. Cuando estoy ahí abajo, hago las mismas  o casi las mismas expresiones del títere que está en escena. Estoy haciendo, por ejemplo, la misma cara. No sé si está bien, pero yo lo hago así y creo que de alguna forma funciona.
La pregunta obligada: ¿El titiritero es por esencia itinerante?
–Fue, es y será. Yo te digo la frase como todos lo dicen, pero yo no soy itinerante. Es por parte de la imagen de pensar: ¿Dónde se fue el titiritero con su valija? Al que le guste que lo haga. Me gustan otras cosas. Javier Villafañe, un titiritero muy bueno y cuentacuentos fue así. Tenía una carreta que se llamaba la Andariega y se iba con ella por todos lados. Es milenario que los titiriteros vayan por los pueblos.  Hay mucha gente que está haciendo eso. Pero a veces se hace obligado lo itinerante, porque hay festivales por todas las provincias y si te llaman, vas. Y además está bueno. Sos itinerante a la fuerza. Te pagan una función y está bueno hacerlo en otro lado. A mí me gusta más el hecho artístico, la obra, no mostrar el bagaje itinerante.