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Libros: “Los zumitas/El silencio del río” (Federico Jeanmaire/Juan Martín Guastavino, 2011).-

En un formato de libro doble, conviven relatos bien diferentes: dos autores, dos obras, dos tiempos y dos formas de definir esa difusa frontera que demarca lo que está “dentro” de lo que está “fuera” en el terreno de la las letras y literatura contemporánea.

Por Nicolás Alonso

Buenos Aires, septiembre 12 (Agencia NAN-2011).- Outsider es lo que está afuera, lo que se excluye, lo que sobra, lo que no pega, no cuaja, no entra en las piezas del rompecabezas, cuidadosamente pensadas. Lo que “el sistema” (bendita sea esa palabra que todo lo explica) arrojó a la periferia. Es, en definitiva, ese pibe en zapatillas al que un patovica deja afuera del boliche. Lo que está adentro, en cambio, es lo prestigioso, lo reconocido, lo bueno, lo consagrado, lo que cumple a rajatabla con los ritos, normas y convenciones sociales establecidas y aceptadas: El que se pone el jeans Levi´s, la chomba de Bolivia y unas buenas Vans en los pies. Por supuesto que el que entra siempre tiene mejores chances de ganar; chicas, amigos, contacto de prestigio. Para el que está afuera la cosa se complica, los medios escasean y hay que rebuscársela para pasarla bien. Sin recursos, pero con imaginación, creatividad y empuje.

En el mundo de la literatura la cosa no es diferente. Existe un puñado de escritores prestigiosos, reconocidos y asentados que la industria tiende a reproducir con la lógica de “arriesgue lo menos posible”, y otra enorme cantidad de escritores que se quedan sin las posibilidades de acceso a ese sistema. Por que pasan estas cosas es que Ediciones Outsider salió a la luz, con un proyecto ingenioso e innovador que busca integrar estas esferas aparentemente irreconciliables que dividen al que entra al mercado, del que lo mira desde afuera. Para eso, la editorial presentó la Colección Doble Mano, un arriesgado formato de libro doble, en el que conviven dos autores y dos obras. Uno de ellos consagrado, con cierta trayectoria y prestigio ganado; el otro dando sus primeros pasos en el mercado. Federico Jeanmaire, con su libro Los zumitas asume el rol de padrino, ayudando a dar visibilidad al segundo libro de la edición, El silencio del río, obra de novel escrito Juan Martín Guastavino.

Los zumitas fue editado por primera vez con el sello Norma, en 1999. En él, un anciano de 92 años cuenta a través de una especie de ensayo, la historia de esa civilización pérdida, en la que lo mágico y lo fantástico se marcan como el tatuaje de un dragón, en la espalda de la pura realidad. “Los zumitas nunca tuvieron ejército, muy a pesar de lo cual dedicaban gran parte de su esfuerzo intelectual a reflexionar acerca de la guerra. En ninguno de los dos casos y a lo largo de dos siglos de charlas encontraron un solo motivo valedero para atacar a nadie, ni tampoco un móvil más o menos verosímil para que sus vecinos quisieran atacarlos”.

En el relato del viejo abundan las fábulas, las invenciones, los cuentos, los mitos, las cosmovisiones, la religión y todas las características que hacen a una civilización. Presentadas como las entradas de una enciclopedia, el principal capital con que cuenta la novela es su formidable capacidad de iluminar, parodiar y resignificar la cultura contemporánea, a punto tal de que los múltiples absurdos de los zumitas, acaban poniendo en evidencia sus equivalentes reales y contemporáneos.

Por su parte, Juan Martín Guastavino (el outsider), hace su presentación con la novela El silencio del río. Narrada en primera persona y con un tono coloquial, Rodolfo, su protagonista, escribe desde una pensión de Barracas una especie de diario en el que deja registrado un transformador periodo de su vida. Su infancia en el Delta, la obsesión con un cuadro en que se refugiaba en las noches de “crecida”, la presencia de un padre ausente, una nueva pareja de su madre, un hermanastro y la permanente tensión entre esa vida dura, arcaica y despojada de su infancia en el Tigre, con una actualidad igualmente difícil, pero ahora con la pesadez y soledad de la ciudad: “hace un tiempo que no puedo pensar, desde que tengo el cuadro al lado que no puedo pensar bien. Veo el bastidor amufado, la humedad de la isla y el mate cocido que tomé con mi mamá. Mate cocido solo, sin pan. Mate cocido el sábado a la tarde”.

Los relatos son bien diferentes, la total fuga de la realidad (o extrema parodia de ella, depende cómo se lo mire) que propone Los zumitas, contrasta con la atmósfera contemporánea de El silencio del río. Esto no solo posibilita la integración del tipo que está “re-out”, sino que, a su vez, permite redefinir el sentido mismo de lo que está “in”, difuminando y confundiendo los límites que separan estas dos cosas.