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Fotos para ser leídas.-

Hace una década, la fotógrafa Julieta Escardó convirtió al salón principal del Espacio Ecléctico, de San Telmo, en un living gigante que ofrece al público un ambiente para degustar libros de fotografías. Así nació la Feria de Libros de Fotos de Autor, primera en su tipo. Hoy abre sus puertas con 236 títulos y una novedad interesante: la primera editorial de libros de fotografía del país con impresión por demanda.

Por Ailín Bullentini
Fotografía de Iara Lag

Buenos Aires, agosto 5 (Agencia NAN – 2011).- Una pared no es el destino perfecto de una fotografía. Por lo menos, así lo asegura la fotógrafa Julieta Escardó, que no habla desde su gusto personal. O sí, pero no sólo desde ese lugar. Escardó es amante de los libros. Y de la fotografía, claro. Hace diez años, junto a un grupo de amigos y colegas, convirtió por vez primera el salón principal del Espacio Ecléctico de San Telmo en un living gigante que ofrece al público un ambiente ameno para descubrir y disfrutar libros de fotografías. Así nació la Feria de Libros de Fotos de Autor, que hoy inaugura su décima edición en ese rincón del barrio porteño. «No es sólo una experiencia de artes visuales, sino que tiene que ver también con una experiencia de estética relacional. –explica la directora de la iniciativa– Nos importa tanto el objeto libro como que la gente se choque con él, recorra sus páginas. Por eso el despliegue del linving. Cuando entrás acá es un flash ver cómo ese mundo que en un primer momento fue sólo de amigos y de amigos de amigos se amplió a diferentes generaciones y palos». Hasta el 21 de este mes, la iniciativa permitirá a quien lo desee ponerse en contacto con más de 200 publicaciones que combinan el arte de la imagen con la pasión de las historias «susurradas al oído». Además, ofrecerá clínicas de fotografía, charlas y talleres.

Decir que en la Feria de Libros de Fotos de Autor hay libros es una obviedad que roza lo estúpido. Pero, ¿son todos de fotografía? Los hay así; muchos otros las combinan con texto. Hay libros experimentales, ediciones únicas, seriadas y prototipos de edición, «proyectos de libros que están en busca de alguien que los edite». Algunos sólo pueden disfrutarse en el marco de la feria; otros están a la venta. Todos ellos, 236 en total, están distribuidos por géneros en dos mesas gigantes. En respuesta a una lógica de «biblioteca supervital», son los autores de las ofertas en exposición quienes ofician de bibliotecarios. «Dirigen al público, lo acompañan, le sugieren, lo guían», explica Escardó, con quien Agencia NAN comenzó una charla sobre la iniciativa que luego se fue de foco.

–¿Cuáles fueron los objetivos generales de la Feria de Libros de Autor?
–La premisa original fue generar un espacio en el cual mostrar los libros que muchos de nosotros, los fotógrafos, producíamos y que hasta entonces sólo circulaban de mano en mano, de boca en boca. El libro es algo que todo el mundo disfruta, pero muy difícil de trasladar al formato exhibición. Por otro lado, no queríamos copiar las fotos de un libro de fotos y colgarlas en la pared porque era otra cosa. El discurso que se establece desde un libro es muy diferente al que se establece desde una exposición. Lo que buscábamos era legitimar y preservar el formato. Nos quemamos la cabeza pensando cómo desarrollar la feria y decidimos utilizar como ideas las opiniones de cada uno de nosotros sobre cómo sería la situación ideal de interacción con un libro. Ahí empezó todo. Tirados en un sillón, acompañados de buena música, con una luz determinada… Bueno, dijimos, armemos ese espacio. Sin embargo, las metas cambian o, mejor dicho, se amplían, se extienden.

La primera edición, en 2002, duró sólo un fin de semana y fue visitada por amigos y amigos de amigos. La organizaron Escardó y su compañera en el impulso de la propuesta entonces, Luciana Betesh, acompañadas del resto del equipo del Espacio Ecléctico. Allí, donde Escardó y Betesh trabajaban curando las muestras de la fotogalería de ese espacio, armaron la puesta con muebles que hurtaron de sus casas y de las de sus amigos. «Fue sencillamente hermoso. Vimos concretada la transformación de esa experiencia tan privada que es la lectura de un libro en un hecho colectivo. El Ecléctico se convirtió en una biblioteca supervital.”

Diez ediciones después, la propuesta ofrece mucho más. Además de «Tropel», la muestra del trabajo del fotógrafo Sergio Liste, la iniciativa convocó a trabajadores de la imagen referentes de distintos géneros fotográficos, como Anaké Asseff, la impulsora de la feria, Betesh, Florencia Blanco, Facundo De Zuviría y Sebastián Szyd. Las clínicas, que se suman a los talleres charlas y premios otorgados por la Feria y una empresa gráfica, estarán a cargo del artista plástico Juan Carlos Romero y de los fotógrafos Guido Indij y Gabriel Díaz.

–Decía que el discurso de un libro de fotografía es distinto al planteado por una exposición. En relación con esa diferenciación, ¿qué experiencia buscan provocar en las personas que visitan la feria?
–La base es la vivencia de sentarse con un libro en las manos y zambullirse en él, algo que todos los que amamos interactuar con libros conocemos. Al abrir un libro es como si el autor te contara una historia casi al oido. A pesar de que pasaron diez años, no me canso de hacer siempre lo mismo en cada feria: me paro en un rincón a descubrir los viajes de que cada persona que se acerca a la feria emprende con el libro que agarra; se lo deboran, se ríen solos, se emocionan. Eso es parte de lo que sostiene la pasión de llevar a cabo la feria: el ver a la gente envuelta en la lectura, un hecho casi mágico. Lo que intentamos, concretamente es facilitar el ambiente propicio para que todos pudieran embarcarse en esos viajes inmersos en un espacio colectivo.

–¿Qué la impulsa como fotógrafa a editar sus trabajos en un libro?
–Para la fotografía, el libro es un soporte prácticamente ideal. Con la pintura no sucede de la misma manera, por los detalles de textura, que son imposibles de transcribir, la fidelidad de los colores… El libro es un genial vehículo de comunicación. Hacer un libro es plantear una idea completa de algo que querés contar. Las exposiciones están condicionadas al espacio físico del lugar donde se exponga. El libro le permite al autor tener control sobre un mundo más amplio de detalles: el soporte que albergará la historia, las fotos que la compondrán, su orden, su tamaño, su ubicación en las páginas, el papel de esas páginas, la impresión, las tapas. Cuando todo confluye en esa idea acabada que quiero transmitir, contar, comunicar, probar, es cuando uno tiene en sus manos un libro poderoso. No importa si es chiquito y corto o inmenso e interminable. Es poderoso. Lo lindo además, es que el libro tiene vida propia, no acaba cuando se descuelgan las fotos de la pared de la exposición. Hacés un libro, lo publicás y andá a saber en manos de quién cae; quién se lo regala a
quién; quién lo atesora.

–La figura de autor en referencia al fotógrafo tiene una posición muy fuerte dentro del proyecto, incluso plasmada desde el nombre del proyecto. ¿Cuesta que el mundo del arte en general los reconozca a los profesionales de la foto como autores?
–Más allá de la disciplina en la que trabaje, un autor es alguien que hace que lo hace desde una perspectiva propia. Incluso, la diferenciación queda caduca en relación al mundo en el que ese autor se mueva. Un fotógrafo que trabaja en un diario es autor; alguien que trabaja en documentales también lo es, o en publicidad. Un autor es alguien que hace conscientemente su trabajo desde una perspectiva individual, atendiendo a las propias reglas de su idea. El acento está en hacer conciente esta necesidad de contar algo, un discurso propio desde la fotografía. Los fotógrafos trabajamos con una herramienta que es a la vez arte y comunicación. Fotógrafos hay muchos, desempeñados en diferentes áreas y de muy diferentes formaciones. En ese punto, la Feria es espacio muy interesante porque no hay lugares tan inclusivos en este medio. Hay galerías que laburan sólo con artistas; los gráficos por otro lado, los fotógrafos de publicidad y moda tienen su circuito. En la feria están todos.

Los 236 libros que forman parte de la feria fueron seleccionados de entre cerca de 400 propuestas que llegaron a las manos y ojos de Escardó, de la productora ejecutiva de la movida, Eugenia Rodeyro, y el Consejo jurado, integrado por otros cinco colegas. «Cualquier selección será siempre, aunque responsable, subjetiva –expresó Escardó–. Lo que nos importa es que los libros que se muestren observen un relato claro y bien planteado, que muestren una idea, un concepto, plasmada desde la fotografía y la estructura de ese libro.”

–¿La feria abrió un mundo que permanecía reservado a «entendidos»?
–Se propuso como un espacio de exhibición que no existía. Los libros publicados se pueden ver en librerías, en donde muchas veces están escondidos a la espera de que alguien lo rescate porque lo conoce, porque lo va a buscar a él directamente. Es muy difícil que en esos espacios alguien se tope con un libro de fotografía de casualidad y quiera comprarlo. Los que no están editados, bueno, menos que menos. La feria, en cambio, es un espacio que se abre al público en general. Es una especie de laboratorio. Y entonces, el público experimenta algo muy ameno. Tiene las opciones ahí; las elige por la tapa, incluso.

–En ese sentido, ¿considerás que la imagen interpela más directamente a las personas que una historia narrada?
–Sí y no a la vez. En una primera lectura sí; todos asumimos que entendemos las imágenes, existe esa idea que no es tan cierta de que la imagen es universal. Pero después, en un análisis más profundo, es al revés. La lectura de las imágenes requiere saberes que no se obtienen sólo de vivir en la cultura de la imagen. No por ahora. No obstante, cada vez más las nuevas generaciones tienen más herramientas para descifrar ciertas imágenes, pero no creo que sea todo así de llano. Superficialmente, es decir, cuando no se tienen esos recursos de conocimiento profundo, la interpretación de las imágenes se dan desde lo que cada persona reconoce como propio en ellas. De una misma imagen muchas personas pueden tener diferentes lecturas a partir de sus propios saberes. En algunos casos pueden ser conocimientos académicos, pero los ligados a las experiencias personales son los más directos.

La feria de Libros de Fotos de Autor es la primera experiencia de esas características que se realiza en el país, pero no sólo se concreta en Buenos Aires. El año pasado paseó por la Bienal de Fotografía de Tucumán y en unos meses lo hará por la de Córdoba. Además, tras recibir varias invitaciones, la iniciativa comenzó a itinerar por el resto del mundo. México y Uruguay fueron los últimos destinos internacionales pisados, en donde a la feria argentina sumaron libros locales. Perú la espera en 2012. «El libro fotográfico está adquiriendo un auge internacional muy relevante», destacó Escardó.

–¿A qué se debe?
Por lo pronto, y a un nivel general, creo que los sistemas de comunicación apuntan que todo lo que todos producimos se muestre más. En particular respecto del libro fotográfico, cada vez es un poco más accesible económicamente editar un libro. Las nuevas técnicas digitales de impresión alcanzaron un nivel tan alto de calidad de reproducción que, además de equiparar a la del offset, podés editar mucha menos cantidad de libros, con lo cual la inversión es menor. Con esta realidad se relaciona La Luminosa, el gran anuncio de los diez años de la feria de Libros de Fotos de Autor. Es la primera editorial en la Argentina de libros de fotografía con sistema de impresión por demanda. Lanzamos cinco títulos con tiradas de 80 y de 100 ejemplares, con las puertas a una reedición abiertas, claro. Sólo se imprimirán más libros si se necesitan, con lo cual el proyecto también atiende al cuidado del medioambiente. ¿Para qué imprimir una cantidad extrema de libros que después acabarán depositados en cajas? La Luminosa ofrece a los autores la posibilidad de adecuar la edición de su libro acorde a sus propuestas, a las ideas de cada libro en particular.

–¿Qué obstáculos busca solucionar La luminosa en cuanto a la edición de libros a los fotógrafos?
–Es algo así como una respuesta positiva a la multiproducción de relatos, a la explosión de las ganas de publicar relatos por parte de los autores. Antes, una persona debía esperar a que un editor diera el ok a su idea para convertirla en libro. Ahora hay un auge muy importante de la edición independiente, que responde a intereses más particulares. La luminosa quiere ayudar en ese camino. En estos diez años de feria vimos circular proyectos que eran verdaderas joyitas,
pero que no lograron consolidarse como libros. Son muy difíciles de volver a encontrar. En cuanto a la edición independiente, su pata floja es la distribución, que muchas veces acaba condenándolos a muerte. En todos esos aspectos venimos a ayudarlos. La luminosa tiene que ver con crear una plataforma de visibilidad de esos trabajos: mostrarlos, llevarlos, provocar su circulación. La venta de los libros editados por la novel editorial se llevará a cabo en la feria, en
algunos festivales de los que el proyecto participe y por internet.

–Menciona el trabajo independiente desde la nueva editorial. ¿Cómo se abarca esa idea desde la feria?
En la fotografía, el término independencia está muy instalado. El trabajo free lance, mecánica principal de trabajo de los fotógrafos, aportó a esa idea. La independencia en el sentido de autogestión se ve, justamente, en la generación de libros. En la Argentina no hay muchas editoriales que trabajen en el mundo de la fotografía. De hecho, cuando arrancamos con la feria, no había casi libros formalmente publicados. Eran todos proyectos. Pero de a poco eso va avanzando. En el mundo se producen unos libros fabulosos, hay mucho trabajo e investigación puesta en marcha, hay un largo camino por recorrer.