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La Dársena: “Todos hacen hincapié en la misma campana hegemónica”.-

Desde el espacio de “pensamiento e interacción artística”, anclado en un ex kiosco de Almagro, Gabriel Serulnicoff, Azul Blaseotto y Eduardo Molinari buscan romper diariamente con el discurso unívoco, el consenso obligado y la falta de curiosidad ¿Cómo? Intentando encontrar “nuevas políticas de distribución y recepción del arte”, mediante nuevos lenguajes estéticos, imágenes de montaje, espacios en blanco (ávidos de debate), varias preguntas e infinitas respuestas, siempre teniendo en cuenta el contexto que se gesta alrededor de esa plataforma de creación y no sólo en el resultado material.

Por Lola Kuperman
Fotografía gentileza de La Dársena

Buenos Aires, junio 10 (Agencia NAN-2011).- Una caricatura de un hombre de maíz sentado en una butaca de avión es el primer indicio de que ni la muestra ni el espacio que Agencia NAN está por descubrir responde a los parámetros artísticos convencionales. Tras esa puerta diferencial se esconde la obra de Gabriel Serulnicoff, artista inminentemente conceptual, preocupado por el discurso de sujetos políticos reales, como lo definirán sus compañeros Azul Blaseotto y Eduardo Molinari, con quienes comparte, junto a tres artistas más, La Dársena; un proyecto colectivo que ya tiene su espacio propio en un ex kiosco de Almagro y hasta cuenta con un “archivo caminante”.

Allí, en una de las paredes, un rectángulo amarillo delimitado por triangulitos de colores enmarca los textos del suplemento Radar, de Página/12, que tratan lo ocurrido con Roberto Jacoby en la Bienal de San Pablo. Jacoby, quien se jactaba de haber creado una obra no ideológica, gestionó junto a una ¨Brigada Argentina en apoyo a Dilma¨ elementos publicitarios a favor de la candidata presidencial que, finalmente, fueron censurados por la misma Bienal. La cobertura mediática y el debate en torno al episodio disparó la obra de Serulnicoff que se reflexionó, se trabajó y se concretó (y sigue concretándose) en La Dársena.

En esa “plataforma de pensamiento e interacción artística”, junto a Gabriel están sentados Molinari y Azul. Ellos le dan la espalda a la pared que contiene la segunda mitad de la muestra: epígrafes que en algún momento acompañaron fotos de Ernesto “Che” Guevara y Serulnicoff los salvó de la basura. Con ellos construyó un nuevo lenguaje estético, un marco que delimita un espacio en blanco, ávido de debate porque, como aclara Gabriel, “hay formas de pensamiento que pueden estar sin imágenes”.

Por quién

–¿Cómo se gestó la idea de la obra?
–Nace a partir del envío del trabajo que realiza Roberto Jacoby a la Bienal de San Pablo titulada “El alma nunca piensa sin imagen”. A partir de la censura de la obra, se arma un debate vía mail y no se contempla lo que a mí más me interesaba: qué hacía que una obra no sea ideológica. Quedarse sólo con la imagen o con si hubo o no censura era un vaciamiento de contenido. Entonces, como no estaba en San Pablo, comencé a seguir la obra por Radar, el suplemento que sale los domingos con Página/12.

–¿Cómo fue el proceso de analizar los documentos para luego convertirlos en un elemento estético?
–Fueron meses de discusión y de hecho, hay material que quedó afuera. No me interesaba que las notas de Radar vayan pegadas a la pared como un cementerio de documentos, sino que fue una búsqueda de la imagen del montaje. El fondo amarillo y los triangulitos en el borde son sacados de la propaganda de Mauricio Macri (actual jefe de gobierno porteño), quien hace uso de la palabra “ideología” como si fuese un problema de la izquierda. La búsqueda acerca del discurso, de Macri, de Jacoby, entre otros, duró seis meses y la ficha de cómo colgarla cayó media hora antes de inaugurar.

Un año atrás, La Dársena nació como un espacio que privilegia “fortalecer los contenidos de trabajo, más que salir con bombos y platillos”, subraya Molinari. Dos pisos, una escalera y una vidriera con cortinas, “normalmente abiertas”, aclara Azul, constituyen el microclima que propone talleres de pensamiento, de reflexión del arte, siempre inmerso en un contexto socioeconómico, preguntas y, casi nunca, unívocas respuestas.

“Una obra no es sólo resultado material, sino todo el proceso y todo lo que se gesta alrededor”, explica Azul, y Molinari interviene: “El proyecto de La Dársena es trabajar con la construcción de pensamiento alrededor de las imágenes, en casi 360º”. Si bien el proyecto está integrado por artistas, el espacio está abierto a quien quiera plantear un tema para debatir, para analizarlo transversalmente, a quien quiera desintegrar su inmunidad frente a los discursos.

–Los epígrafes de las fotos del Che Guevara en un formato de marco, ¿se pueden ver como otra obra?
–Pueden ser una o dos obras. La del Che es mostrable en otro lado, pero la de Jacoby es específica de La Dársena, donde se hizo un seguimiento. Los epígrafes, en cambio, los encontré destinados a la basura y me pareció increíble como leyendo cualquiera de ellos y sin haber visto ninguna de las fotos, te podés imaginar al Che tomando mate. También me llamó mucho la atención cómo eso es lo viejo que ya no sirve mientras Jacoby es el nuevo “artista político”, el “nuevo revolucionario”, como lo etiquetaron Página/12 o Clarín. ¿Dónde está la revolución hoy? ¿Jacoby es la revolución y el Che va a la basura?

–¿Qué espacio dejás para el interlocutor en tu obra?
— Los artistas visuales nos expresamos poniendo cosas en las paredes con contenidos que dialogan con el espectador. En la imagen, tiene que haber algo que le llame la atención o le dispare cosas. Siempre pienso en qué va a ver el otro y apunto a un interlocutor activo. Me interesa que los que vengan a ver la muestra entiendan un poco lo que yo hago.

“La intención de ‘Proyecto Hegemonía’ no es representar sino presentarnos como personas, como encarnaduras, como sujetos políticos reales con una voz propia”, precisa Eduardo. Los autos, ambulancias y otros ruidos urbanos interfieren con lo que Molinari tiene para decir, pero él lo repite, porque en La Dársena se lo toman en serio: están construyendo con convicción, sobre todo, un espacio que “más que arte social, es arte en contexto”. Azul se mueve, se detiene, hace ademán de interrumpir y finalmente agrega: “Trabajamos sobre discursos que ponen en juego determinados personajes en el contexto sociopolítico y económico real sobre el que estamos inmersos”.

Para quién

–¿Cómo llegás a La Dársena?
Gabriel Serulnicoff: — Ellos me invitan por una obra anterior (Subrayar una acción), donde se pone en movimiento un texto de Rodolfo Walsh. Creo que las sucesivas obras de un artista siempre van en la misma línea y el motor que me mueve a mí siempre es el mismo: me enojo con algo. Cuando estalló lo de Jacoby no había pregunta o debate con contenido. La idea con “Desmontando el museo de la revolución” es debatir qué es lo nuevo, qué es lo que se viene. No son muestras cerradas y eso se enmarca en el proyecto de La Dársena.

–Al respecto, precisaste lo tuyo como lo pop-lítico, ¿continúas en esa definición?
–Cuando empecé a ver qué o quién me generaba preguntas, uno de los primeros artistas fue Andy Warhol. Por qué podía comprar una caja de jabón y ponerla una galería o por qué su serigrafía de la silla eléctrica se vendía al lado de una de Elvis Presley. De ahí sale un poco lo pop-lítico, necesitaba que lo popular estuviese en una línea más marcada y que los que lean mi obra tengan el abanico más cerrado de posibilidades. Quisiera que los que vengan a La Dársena no se queden solamente con la caja de jabón, me interesa dirigir lo que estoy diciendo.

Molinari remata: “El silencio de los artistas es una hegemonía construida en los 90´, es hegemónica la idea que los artistas producen cosas que hay que venderlas y es hegemónica que la mayor legitimación pasa por el mercado”. ¿Qué paradigmas culturales necesita hoy la Argentina?, es una de las preguntas que atraviesa la obra de Serulnicoff y preocupa a La Dársena. Si bien las obras cuelgan en unas paredes pulcramente blancas, posiblemente aprobadas por el establishment del arte, nada indica qué es ni qué sucede allí adentro. “Las puertas están abiertas a cualquiera, pero pocos se animan. Está todo teñido por la lógica del mercado porque si dijese galería de arte y habría algo que consumir quizás sería más fácil entrar que los talleres de pensamiento que tenemos para ofrecer”, recalca Molinari.

“A nosotros nos interesa romper con los mismos diez exitosos de siempre, `el artista político´, ¿dónde viste revoluciones protagonizadas por una sola persona?”, consulta Azul mientras sus compañeros asienten. Molinari, medita la sentencia y con el frenesí que va dominando la charla lanza: “nuestro desafío es construir nuevas políticas de distribución y recepción del arte” y es Azul quien explicita las trabas: “va a ser difícil mientras la cuestión de base sea el pensamiento hegemónico con una sola voz cantante, el consenso obligado y la no curiosidad”.

–En ese panorama, ¿cómo se integran ambas partes de Desmontando el museo de la revolución?
–Hay muchos idas y vueltas. Entre los discursos de Macri y Jacoby el punto más fuerte puede ser la estrategia publicitaria o “la amistad”. Tanto en las obras de Jacoby como en los panfletos del jefe de gobierno porteño como en el mundo hegemónico del arte se pretende reflejar lo mismo: colores y amistad. No existen los enemigos, no existen los problemas. A su vez, el contenido de los epígrafes colgados son consecuentes con la obra de Jacoby, “Un guerrillero no muere para que se lo cuelgue en una pared”. Todos se interesan y hacen hincapié en la misma campana hegemónica, van todos por el mismo lado.

–¿Estás subrayando una acción?
–El proyecto “Subrayar una acción” tuvo dos intervenciones callejeras y la muestra en La Dársena no forma parte. Sin embargo, tengo ganas de volver a la calle, de que los transeúntes cuestionen: por qué pegás cosas si no estás vendiendo nada, que el policía te frene y no sepa qué decirte. Mi obra mantuvo siempre el mismo hilo, lo otro fue pegar carteles en la calle, esto es dentro de un cubo blanco, y es lo mismo.

*Desmontando el museo de la revolución (el alma nunca piensa sin imagen) se puede visitar hasta el 16 de junio en La Dársena, Mario Bravo 298, Capital Federal. Blog: http://plataformaladarsena.blogspot.com/