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Discos: Me arrepiento de todo (Tomi Lebrero & El Puchero Misterioso, 2011).-

Aunque comparte con el resto esa tejida por el cantautor con hilos del folklore, el rock y el tango, el tercer y último disco de Tomi Lebrero es el más moderno de sus trabajos.

Por Sergio Sánchez

Buenos Aires, mayo 30 (Agencia NAN-2011).- La música de Tomi Lebrero podría ubicarse justo en el medio del rock nacional de los años setenta y el folklore popular argentino –como lo entenderían Atahualpa Yupanqui o el jujeño Ricardo Vilca-, aunque con un sonido más moderno. Y eso termina de confirmase en su tercer disco, Me arrepiento de todo (2011), un trabajo que marca una continuidad con el anterior, Cosas de Tomi (2008), con una mínima diferencia: el nuevo es más urbano, menos rural. Lebrero, también, cruza el rock con géneros tradicionales del Río de la Plata, como el tango y la milonga. Y eso se debe, en parte, a la fuerte presencia del bandoneón –ejecutado por él- en la mayoría de sus canciones. Es que en su música aparece esa huella: tiempo atrás formó parte de la Orquesta Típica Fernández Fierro, una propuesta de tango con estética rockera.

El tercer disco de Lebrero posee una fuerte impronta rockera que lo vincula con los fundadores del rock argentino: Pedro y Pablo, Los Gatos o Tanguito, por nombrar algunos. Eso se hace evidente en algunos pasajes: en las interpretaciones vocales de “Noche en La Pampa” (a dúo con Lisandro Aristimuño, el productor del disco) y “Dicen Adiós”, y en la estructura musical de “Sentires que bailan”, que recuerda primero a artistas de la “canción melódica” y luego se torna experimental. En esta línea, el arte del disco también sugiere una estética vintage: tanto la foto de tapa como las pequeñas imágenes que aparecen en el interior están en blanco y negro.

Uno de los rasgos que define sus canciones es el diálogo con la naturaleza, que siempre busca la profundidad. Lebrero es un artista curioso y muy receptivo que a partir de los viajes intenta descubrir el mundo y sus personajes. De esas experiencias surgen temas como “Cantor de los pueblos” (“Voy a retratar el paisaje criollo del universo / voy sin show de televisión cruzando un desierto / vida llena de sueños viajeros) o “Quilpo” (“Ábreme tus brazos plenamente / déjame nadar en tu vertiente”), una oda al río ubicado en San Marcos Sierras, Córdoba. En líneas generales, las letras tienen una interesante dosis de poesía y se posan en los vínculos afectivos entre los humanos, dos rasgos que caracterizan a los nuevos cantautores. Entiende el “amor” y la “sensibilidad” como estéticas, como discursos y como fines artísticos.

Además, como buen artista de música popular, recurre al humor para contar algunas de sus historias. En la milonga “Choro de las estaciones” ironiza con el ego porteño y la vida ajetreada de la ciudad (“Ya para el verano entre el calor y el desgano uno quiere dejar de trabajar / son las fiestas familiares con sus brindis y regalos quienes nos invitan a aflojar), en “Mamami” recuerda los consejos que su madre le daba en su infancia (“La gente derrocha en pavadas / El oficio del artista no es rentado”) y en “Pericón de Hilda” cuenta la historia de una mujer de pinta el costado más íntimo y vulgar de su patrón.

Me arrepiento de todo también tiene sus bonus tracks flasheros –“algo fantasmas”, como los califica su autor en el disco-: “San Pedro Careta” y “San Pedro drogado”, en alusión a la planta iniciática que permite que los sentidos se agudicen.