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Lisandro Aristimuño en Niceto.-

En un show en el que se mezclaron sensaciones, mucha química, el calor del noroeste y el frío del sur, el artista patagónico volvió a demostrar por qué es un notable catalizador de influencias y estilos a partir de la fusión de ritmos folklóricos, efectos electrónicos y texturas del pop y el rock.

Por Sergio Sánchez
Fotografía gentileza de Mariana Stroia

Buenos aires, mayo 3 (Agencia NAN-2011).- Afirmar que la música genera sensaciones es una obviedad. Pero lo que Lisandro Aristimuño logra con sus canciones supera ampliamente eso: quienes oyen sus melodías se entregan a viajes imaginarios que los lleven a recorrer los fríos caminos del sur, el movimiento de la ciudad y a sentir el calor del noroeste argentino en cuestión de segundos. Ese momento creativo, íntimo, ese diálogo con el artista, se potencia en los shows en vivo, donde la música se enfrenta con el error, la improvisación y se acerca más a la realidad. Por lo menos, eso fue lo que sintieron los cientos de jóvenes que se dieron cita el jueves y viernes en Niceto, colmando la capacidad del local de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires. Es verdad, la masividad no es sinónimo de calidad, pero en el caso de Aristimuño su crecimiento musical es directamente proporcional a su nivel de convocatoria que continúa en alza.

La contundente y constante evolución musical del trovador rionegrino es evidente: si en sus dos primeros discos –Azules Turquesas (2004) y Ese asunto de la ventana (2005)- mostró profundidad compositiva, un discurso renovador y un sonido contemporáneo, en 39ª (2007) y en Las crónicas del viento (2009) terminó de confirmar que sus canciones vinieron para darle pelea a tanto vacío musical representado por una escena donde frecuentan las mismas caras. Por suerte, en el under, lejos de la lógica del mercado, comienzan a aparecer un puñado de artistas con nuevas propuestas. Apadrinado por Liliana Herrero y respaldado por Fito Páez, Aristimuño es uno de los mayores exponentes de la nueva escena de músicos independientes. Y tiene con qué.

Una de sus virtudes es la química que genera con su público. Siempre con las palabras justas, deja que la comunicación fluya a través de sus arpegios de guitarra, la calidez de su voz aguda –muchas veces al borde del quiebre- y la poética de sus letras; esas que pintan colores, texturas, paisajes, evocan momentos de su infancia y narran situaciones simples de la vida cotidiana. Y que también reflejan historias de pérdidas y desencuentros. La primera canción de la noche, “Perdón”, de su último disco, es un ejemplo de ello: “Perdón, no me quise ir y cuando volví no estabas (…) / Contemplé tu soledad, cada verso fue más gris. / Cuento cada nota que sonaba gastada”, dice el tema que recuerda a la nostalgia tanguera.

Pronto, regaló una de las viejas: “El árbol caído”, que sonó más madura gracias al profesionalismo y talento que le imprimen cada uno de sus músicos, Los Azules Turquesas: Leila Cherro en cello y coros, Rocío Aristimuño en percusión y coros, Martín Casado en batería y coros, y Carli Aristide en guitarra eléctrica y coros. Si se habla de poner en juego a la imaginación, detrás de la banda una pantalla gigante proyectaba imágenes existenciales que sumaban al hecho musical. Uno de los segmentos en donde la música se unió mejor con el video fue en “Es todo lo que tengo y es todo lo que hay”: un grupo de círculos que por momentos parecían planetas y que por otros, células parecían representar el origen, el momento justo entre la nada y el todo.

Las melodías del patagónico enseguida revelan dos rasgos: construyen atmósferas –densas o lumínicas- e imitan ambientes cinematográficos y teatrales –su padre es director teatral y su mamá actriz-, tales son los casos de “Desprender del sur”, “Días breves”, “Puente” o “Fecundación”, todos de su último disco. Su parte más oscura y espesa la sacó en “Nada de nada” y “Luz divina”. El músico puso al frente su voz más introspectiva y dejó al público inmóvil, al borde de un estado onírico. Luego, un riff interminable hizo sentir a todos el viento del sur con “Tu nombre y el mío” y con “Para vestirte hoy” desplegó arriba del escenario su costado electrónico.

Es que su música es una fusión armónica de efectos electrónicos, ritmos folklóricos locales y texturas del pop y el rock. “Viva el norte de Argentina”, gritó antes de tocar la conmovedora “Azúcar del Estero”, el corte de Las crónicas del viento. Pero esa no fue la única pieza con la que buscó despertar la emoción. “Dedicada a las Abuelas de Plaza de Mayo”, deslizó, antes de que el cello de Leila Cherro marcara los primeros tonos de “Green-Lover”. Y un aplauso cerrado llenó la sala. Esa canción formó parte de Por algo será: Música X Derechos Humanos, un disco producido por el Espacio para la Memoria (Ex ESMA) y el Centro Cultural de la Cooperación (CCC) que busca la mirada de 19 jóvenes músicos sobre la última dictadura cívico-militar.

Los ritmos folklóricos también fueron protagonistas en varios pasajes de la noche: al igual que en el disco, “Anochecer” fue creciendo tímidamente hasta terminar a pleno baile con el charango a cargo de Aristide. Con más prosa folklórica que ritmo, la hermosa “Me hice cargo de tu luz” brindó otro momento mágico. Luego, antes de dar paso a “El plástico de tu perfume”, Aristimuño se acordó y agradeció: “Esta canción la grabé con mi maestra musical: Liliana Herrero”. Al final del tema, contó una primicia que lo llenó de orgullo: “Liliana está a punto de sacar un nuevo disco en el que grabó ‘Tu nombre y el mío’”. En la misma línea, invitó nuevamente a bailar con la chacarera “Mi memoria”.

Con el clima más calmo, llegó una que no puede faltar: “La última prosa”, capaz de llevar a cualquier a una dimensión paralela. Antes, el cantautor pidió silencio para escuchar la voz de la mujer originaria que quedó registrada en Ese asunto de la ventana y que hace las veces de intro del tema. Momento sublime si los hubo. Luego subió la apuesta con “Cerrar los ojos”: el diálogo con el público se intensificó y cientos de gargantas cantaron los primeros versos y gritaron: “Que viva la revolución” ¿Se habrán referido a la revolución musical? Quién sabe.

Lo cierto es que “El buho”, “En mí” y “Desprender del sur” coronaron otro gran recital, de uno de los músicos de mayor proyección del país. Si bien suele realizar giras por toda Argentina, tal vez, sería conveniente que saliera de ciertos círculos porteños –como Niceto, ND/Ateneo y el Konex- y se lanzara a explorar otros espacios de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano Bonaerense. Así, su música sería popular en todos los aspectos y no sólo en esencia.

Sitio: http://azulesturquesas.blogspot.com/