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Libros: “Sacrificio” (Leonardo Oyola, 2010).-

Con un texto asfixiante, violento y vertiginoso, el autor construye una novela que mixtura el policial negro con lo fantástico y el horror del cine clase B con un toque de humor.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, noviembre 8 (Agencia NAN-2010).- Si en Santería la historia transcurre en vísperas de la Navidad de 1996 en una villa llamada Puerto Apache, lindante a la Costanera Sur, en El Jabuti y en Flores; en la secuela, la historia tendrá acción en el barrio de Once y en un pueblito fantasma de Tucumán, El Sacrificio. En el episodio pretérito, Leonardo Oyola –-una de las voces más destacas del policial vernáculo– presentaba a Fátima Sánchez, más conocida como La Víbora Blanca, una bruja poderosa que tira las cartas, tiene visiones, y lucha contra su némesis, La Marabunta, Lucía Fernández, luego de que ella se negara a hacer un “trabajo”. En Sacrificio (Ediciones Aquilina), Oyola continúa con el enfrentamiento en un relato asfixiante, violento, sangriento, exotérico y vertiginoso, y con un lenguaje llano, que construye a cada uno de los personajes, todos títeres del inflexible destino, concepto cristiano que dice Dios tiene un plan para todos, incluso para sus ángeles caídos.

Cada uno de los 12 capítulos de la novela está titulado con cartas del tarot, así cada título resume y augura lo que sucederá con la precisión de un cirujano. Como pasa con otras ficciones de Oyola, como Siete y el Tigre Harapiento (Gárgola), la violencia pulp fiction a lo Quentin Tarantino y los guiños a la cultura rock & pop se repiten. Así, las letras de Los Piojos construyen al Emoushon, un borrego rollinga que acompaña junto a un ex policía a Fátima, ahora embarazada. Y si recurre a guiños pop, esta vez también evoca guiños folk, como la canción “Plantita de alelí”.

El autor de Chamamé (galardonada con el Premio Hammett a la mejor novela policial de 2007 en el marco de la Semana Negra de Gijón) también toma elementos de la mitología popular, como el Gauchito Gil o del Mainumbí (guerrero guaraní reencarnado en picaflor que busca a su amada, reencarnada en una flor). Pero también recurre a la Biblia para terminar de construir el universo narrativo de Sacrificio. En lo formal, la novela también mezcla géneros: el policial negro con lo fantástico y el horror del cine clase B con zombies y humor negro.

Esta vez, La Víbora Blanca ya no tendrá todos sus poderes, ya no podrá realizar hechizos, sólo ver esporádicamente el futuro, “porque no hay poder más grande para una mujer que el poder de dar vida” –sostiene el autor en voz de Fátima Sánchez. Junto al Emoushon y al policía, su prima Lorelai (conocida como Xica da Silva, pese a “ser oscura más allá de cualquier ironía con respecto a su piel) la ayudarán contra su archienemiga, La Marabunta, que hará un trabajo de hormiga.

Planteada en cuatro entregas, denominada El juego de los cuatro reinos, en la segunda parte, claramente, el enigma del policial no es resuelto, aunque sí, quedan menos preguntas por responder. Al final, como habituaba Roberto Arlt, Oyola anticipa en un metatexto lo que vendrá, 12 años después, ya en la actualidad.