Con canciones románticas, testimoniales, confesionales y de protesta, el tercer disco de la banda liderada por Nico Landa ofrece como metáfora el microclima metropolitano, empaquetada en pequeñas historias que cuentan otras más grandes.Por Luis Paz
Buenos Aires, octubre 4 (Agencia NAN-2010).- El tercer disco de Los Animalitos es zoológico. Pero como bien marca su título (La gran estafa), se trata de un zoológico clase B y no de una galería de especies refinadas ni exóticas ni ejemplares. Liderados por un adorable antihéroe como Nico Landa, Los Animalitos toman especímenes comunes (las chicas de la popular, el escritor de canciones al que se le acaba la Bic, los alcahuetes de estación) y los hacen convivir en un amplio ecosistema musical. En el que por error, por picardía o por el cuelgue de alguna planta, los carteles de los géneros aparecen cambiados: “Mi cumbia” parece más bien una ranchera y es la majestuosa “Tú y yo” la que empieza a homenajear a la movida tropical.
Poxirán es la quinta palabra del disco, está en “La birome y el papel” y presenta una selva en la que también aparecerán las drogas. Aunque más por las ocurrencias de una mirada nutrida de imágenes suburbanas, conurbanas y paraurbanas (las de esa ciudad paralela, escindida del mundo, donde a veces sucede algo mágico), que por acción de algún alterador de conciencias, el resultado es como un zoológico de animales ojerosos, barbudos y que pegaron panza.
Con ese desparpajo estético, Los Animalitos le entran también al reggae, al punk, al rock y a casi todas las formas de la canción: la romántica (“Tú y yo”), la testimonial (“Con un veneno en el bolsillo”), la confesional (“Me lleva la vida”) y la de protesta (“Hojas muertas”). Las canciones de autor quedan para Formosa, el también excelente disco solista de Nico Landa.
La gran estafa hace una crónica de base a todo momento, entre movidas para pegar (droga, sí, o para pegar amor o para pegar alegría), llegadas a la cancha y amagues al molinete sectario de una estación equis. Si el disco, en sí, fuera una estación, sería la de Once un domingo a las 6 de la tarde, con los patys asándose y la gente volviendo, rendida, de sus tareas y sus fracasos. Al ofrecer un zoológico y otorgar uno con los carteles cambiados y especies de lo más comunes, esta estafa termina operando como una metáfora del microclima que tiene el área metropolitana, su mugre, su furia, su dignidad, su bizarría, sus cortes de pelo y su feo olor.
El logro mayor tal vez sea, tratándose de algo más que buenas canciones y pertinentes ideas, que en La gran estafa toda esa visión autoral (Nico Landa, Gutty Gutiérrez, Fredy Vargas y Valerio Faiad) esté impresa; que sus pequeñas historias, sin quererlo y sin proponerlo en acto, cuenten otras historias, tal vez más grandes. Este disco es una obra impregnada de su época e interpelada como acto de clase. Y eso, dicen algunos, es propiedad de una obra grande, de un Arte puro. Tal vez sea demasiado, pero Los Animalitos tienen al menos un par de canciones candidatas a la mejor crónica y autores de al menos un acto de justicia social demandado por el pueblo: hacer un cover rockero de “Si no te hubieras ido”, de Marco Antonio Solís.
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