El notable e ignoto cuarteto del sur del Conurbano entrega en su primer disco 38 minutos de rock clásico y moderno, punk y una leve dosis de funk con una mirada universalista, urbana y anacrónica .Buenos Aires, julio 19 (Agencia NAN-2010).- Como si los Strokes hubieran nacido en el Gran Buenos Aires, militaran en la universidad (pública, más bien) y se juntaran a zapar rock clásico & moderno, punk, psicoritmos y (un poquito de) funk, donde montar letras deudoras de Un mundo feliz, Los subterráneos, Orwell y algún diario de cabecera (un momento, ésa es la descripción de ¡Pavement!) En fin, así suena Armas de creación masiva, el analítico primer disco de Minas, un notable cuarteto del sur conurbano que es prácticamente inhallable por vías virtuales. Sí, están su Fotolog, su MySpace, su perfil en Facebook, pero no hay registros de su historia ni de su obra. O tal vez se pierdan entre los resultados ofrecidos por el buscador: “masivas manifestaciones contra las minas a cielo abierto», “minas que son una masa”, “minas en tanga” y su evolución “minas en bolas” (492 mil resultados en Google).
Pero bueno, el crédito para Minas no deviene de ninguna pichicata en la postproducción: Armas de creación masiva es un disco notable por la solidez del cuarteto y, en consecuencia, de sus canciones. Ninguna mina, todos con cohetes en el pantalón: Francisco Real en voz y guitarra, Gari Duarte en la otra viola, Ezequiel Sampedro en bajo y Lucas Cirilo en batería. Sus once temas, lejos del virtuosismo y cerca del buen gusto, con cortes, arreglos y derivaciones precisas y ningún exceso de postproducción, arman 38 minutos de música con una mirada aguda sobre la urbanidad en la Humanidad y, mejor aún, sobre lo humano en lo urbano. Una mirada ética, más que política (y a no confundir la ética de las ideas con la moral de la ciudadanía) presentada tan claramente que a ninguna canción le hace falta más de cuatro versos para darse a entender. Por supuesto, hay guiños, ciertos códigos que reconstruir sin mayor dificultad, a menos que nunca hayas vuelto a casa pasado el mediodía, ¡sin haber estado en otra casa!
Mucha noche sobrevuela Armas de creación masiva. “Mucha noche en los ‘80, mucha noche en los ‘80, mucho psiquiatra a los 40”, canta Francisco, a quien le falta década y media para los 40, en la apertura del disco, “Bonzo”. Citas notables, hay de sobra: “La difamo en alta voz y corro a buscarla después” (de “Todo es fuego y sigo sonriendo”); “Mi ojo está ahí donde estés. Intimidad, ¿para qué la querés?” (de “1984”); “Se llenó de turistas la casa marxista, ¡la bohemia está en coma! Por eso las bromas son siempre las mismas” (de “Piel y escamas”); y toda “Diez nuevas razones para cambiar su vida” (ahí hay muchos amaneceres también). Majestuosa la sentencia de “La gran apnea del sueño americano”: “Para el sueño americano, un yogurt es libre ser”.
Musicalmente, de nuevo, el mejor definidor de sus guitarras tal vez sean Los Strokes, pero los de esos midtempos casi up con puentes uppercut (“Reptilia”, por ejemplo), aunque su incidencia rítmica sea más amplia. Sí, hay canciones sobre violas de beat moderno, rasguidos ramoneros y de los otros (upstrokes, onda Franz Ferdinand), pero también mucho rock and roll sintetizado, barrial pero no separatista de la esquina y el club en detrimento de los puestos de diarios, los libros de teoría (y de saldo), los centros culturales y la sala de ensayo. Inclusivo.
La producción del propio Francisco y la mezcla de Rodrigo López en el estudio Quinto acaban de unificar el discurso en una única voz, la de Minas, superadora del grito o suspiro unívoco de otros cantantes viciados de la escena (y de la zona). Una voz universalista, urbana y anacrónica. Glenda Torrado Rodríguez no podría haber captado mejor la esencia para las ilustraciones del disco, realmente. ¡Ah! “Digamos Lucy” es tan suculenta como cualquiera de esos 492 mil resultados.
MySpace: http://www.myspace.com/minasalpoder