Hace casi dos décadas que la Escuela de Música Popular de Avellaneda sufre innumerables dificultades para su desarrollo y su crecimiento. Problemas edilicios, falta de horas cátedra y deterioro material son alguna de las causas que hacen imposibles las condiciones de estudio y de trabajo. Sin embargo, más allá de eso, estudiantes y profesores continúan luchando: el jueves 17 realizarán una nueva jornada de protesta.
Por Rocío Ilama
Fotografía gentileza del Ceempa
Buenos Aires, junio 9 (Agencia NAN-2010).- Desde su nacimiento el 2 de mayo de 1986, la Escuela de Música Popular de Avellaneda (Empa) encuentra dificultades en su crecimiento y desarrollo. Hace ya 24 años la institución artística, que da forma a artistas en germen, funciona sin un edificio propio. Los dos inmuebles que fueron prestados para continuar con las actividades de estudio no están en una situación digna para cursar, según los estudiantes. Este problema nodal se suma a otros tantos que tampoco son contemporáneos: falta de material y de horas cátedras, lo que provoca “condiciones cotidianas de estudio muy duras, como el hacinamiento, jóvenes que se quedan sin estudiar y profesores que deben trabajar el doble para cubrir la demanda, sin que su retribución se vea modificada”, sintetiza Julia Marcilio, una estudiante avanzada en la carrera de instrumentista. en el área de folklore. La constante lucha por una institución digna es hace 10 años parte de las tareas de rutina de quienes asisten a la Empa, gracias a ella varios logros se distinguen en el camino.
En lo que va de 2010, el plan de lucha de los estudiantes de la Empa lleva tres medidas en su haber y ninguna respuesta concreta. El 6 de mayo realizaron un festival “escrache” en Plaza Alsina, en Avellaneda, y el 19 del mismo mes salieron nuevamente a la calle para cortar la avenida Belgrano con distintas actividades artísticas. En la continua búsqueda de alguna señal de parte de autoridades municipales y provinciales, la última movida estudiantil se desarrolló el viernes pasado en la esquina del colegio, en Belgrano y Berutti. Como ya es característico, el despliegue artístico enmarcó la convocatoria. Esta vez acompañó la música de Duende Kichua, una banda integrada por estudiantes de la escuela, y luego la calle se convirtió en una sala pública para una clase de danza folklórica.
“Hubo muy poca cobertura de los medios, pero por suerte la gente respondió bien”, indicó Julia. Después del corte, llegó la Asamblea y en ella se pactó interrumpir nuevamente Belgrano el jueves 17 de junio, a las 17. “Edificio propio ya, horas para todos, mayor y mejor espacio físico y más presupuesto para la educación” son las necesidades que exigirán una vez más los estudiantes a las autoridades provinciales y municipales. Debido a que si bien la escuela depende del gobierno bonaerense, la administración de Avellaneda que ahora comanda Jorge Ferraresi, fue quien se comprometió a administrar los fondos y cedió el terreno para la construcción del establecimiento propio. Sin embargo, el proyecto quedó en el camino y los estudiantes siguen en espera.
Mientras tanto, el deterioro estructural junto a la falta de recursos de la Empa, y el sacrificio que deben hacer los más de 1800 estudiantes para continuar su aprendizaje parecen haberse convertido en dos factores directamente proporcionales. “Es todo muy precario. El edificio no cuenta con las instalaciones propicias para el estudio, es inseguro, ni siquiera tenemos salidas de emergencia. Además, los instrumentos con los que trabajamos son viejos, están estropeados y no los renuevan”, comentó la estudiante. Esos problemas no recaen sólo sobre la actual sede principal de la Empa sobre avenida Belgrano 581, sino también sobre su anexo, ubicado en Mitre al 200. Este último fue ganado por los jóvenes después de un plan de lucha de siete meses, “aunque tampoco esta acondicionado para estudiar música. A saber, edificio está ubicado justo en la subida del Puente Pueyrredón, por lo que el ruido es terrible y así es imposible concentrarse en el estudio”, aseguró Marcilio.
La instalación eléctrica es otro de los factores que preocupan al estudiantado. “El año pasado, por ejemplo, hubo un principio de incendio en el anexo debido a que se incendió la caja de luz por una sobrecarga eléctrica. Esto fue por la gran cantidad de instrumentos conectados”, recordó Valentín Carli, que cursa el último año de la carrera de guitarra-jazz y también integra el Centro de Estudiantes (Ceempa). En ese sentido, Julia remarcó que habitualmente tienen que “reducir” el uso de los elementos con los que trabajan porque “las condiciones no son las adecuadas”.
La Empa, además, debió acostumbrarse a cursos superpoblados. “Los chicos se acomodan en el piso o asisten a la clase desde la puerta porque no hay lugar. Incluso, hubo varios que se desmayaron”, contó Valentín. El problema es que no hay oferta horaria, sintetiza en coincidencia con sus compañeros. “Hay cursos que tienen hasta 60 personas, entonces no sólo es imposible una cursar de esa manera, sino que también el docente trabaja como si tuviera dos grupos y cobra por uno. Por lo que también se deduce que hay un ahorro por esa parte”, explicó Marcilio. Quienes sufren los mayores problemas de hacinamiento son los chicos que integran el Ciclo Básico –que abarca los tres primeros años de carrera–, ya que prácticamente el 70 por ciento de la escuela está formada por ellos. Es que “son muchos y no hay la cantidad de horas suficientes para cubrir esa demanda. Por lo que además muchos compañeros directamente no pueden cursar”. En el Ciclo Superior –de cuatro años más—, se cierran materias porque hay poca matriculas, y “así no se puede terminar la carrera”, sostuvo.
El deterioro de los dos edificios alquilados en donde funciona la Empa se percibe a simple vista: En la cede de Belgrano “hay tres salones con el cielo raso roto y los sonido de cada clase se filtran y contaminan entre sí. Es muy difícil concentrarse y poder seguir”, ejemplificó Carli para dar una idea de las condiciones de las instalaciones
El reclamo por un lugar propio lleva más de 10 años y las promesas de las autoridades otros tantos. “Hasta el 2001 la Empa funcionó sobre la calle Italia, en Avellaneda. El lugar era muy chiquito, tenía el ingreso restringido, algunas paredes estaban electrificadas, no había calefacción ni la ventilación era adecuada. Después de un plan de lucha de unos siete meses, en el que se tomó el edificio, logramos que nos trasladen al de Belgrano, con el compromiso de que nos iban a construir el propio”, contó Marcilio. Supuestamente su estadía en la actual cede iba a ser por dos o tres años, pero “corrió el tiempo y los distintos gobiernos y no pasó nada”, lamentó.
El predio había sido cedido por la Municipalidad a cinco cuadras de donde se encuentran ahora, en Belgrano y Arenales. “El convenio entre la comuna y provincia estaba. En ese momento, el entonces intendente Baldomero ‘Cacho’ Alvarez se había comprometido a administrar los fondos asignados por el gobierno provincial y supervisar las obras. También existía el diseño y el presupuesto”, apuntaló la integrante del Ceempa. Sin embargo, nada avanzó, los estudiantes no tuvieron respuestas concretas y hoy en ese predio se estableció una plaza. Frente a estas idas y vueltas que sufren hace más de una década los integrantes de la Empa, esta agencia intentó comunicarse con el responsable del área de cultura y educación municipal, Hugo Carusso, pero no obtuvo repuesta.
No son pocos ni menores los logros obtenidos por la comunidad educativa de la escuela de música; el traslado del edificio allá por 2001, la incorporación del anexo, la eliminación del examen de ingreso restricto, por mencionar sólo algunos. Sin embargo, la lucha estudiantil para obtener las herramientas básicas para su formación se prolonga en el tiempo debido a la falta de respuestas.