La segunda novela de Romina Paula es una carta dirigida a una amiga muerta en la que la protagonista cuenta cómo revivió su amor por quien fuera un novio de la adolescencia. Pero es también un manifiesto de las certezas e inseguridades de una mujer que aún acompañada se siente sola.Por Esteban Vera
Buenos Aires, marzo 8 (Agencia NAN-2010).-“Tanto libro, tanta película en los que todo se resuelve con amor, por amor. Donde el amor salva. Y acá, en el mundo real, en esto que reconozco como real, el amor no sólo no salva sino que ni siquiera es suficiente. Es otra cosa más, como un accesorio, un adorno, algo que embellece, pero que podría –perfectamente– no estar. El amor como ornamento. ¿Qué tal?”. Así piensa Emilia, la protagonista de Agosto (Entropía), segunda novela de Romina Paula (31). Claramente es sobre el amor, pero del que pudo haber sido y no fue y la tensión entre el pasado y el presente. Emilia deja una vida ordenada y opaca en Buenos Aires y regresa a Esquel, su pueblo natal, para asistir al ritual fúnebre de Andrea, amiga de la adolescencia que murió cinco años atrás. A ella le escribe durante toda la novela y le habla sobre su reencuentro con el pasado. Así, el texto está escrito en forma de una extensa carta que no tendrá respuesta.
Ya en la cita del poeta Héctor Viel Temperley (“La muchacha regresa con rostro de roedor, desfigurada por no saber lo que es ser joven”) que antecede al cuerpo de la novela, Romina Paula (también dramaturga, directora y actriz) resume la historia. A lo largo de la trama, la narradora va develando datos, aunque fragmentarios, sobre Emilia. A ello contribuyen el recorrido por el pueblo y las conversaciones con su papá, otra amiga y la madre de Andrea. Sin embargo, no aclara qué pasó con la amiga de Emilia (¿se quitó la vida? ¿la asesinaron?). ¿Hubo amor entre ellas además de una amistad? La joven autora plantea una gran intriga sobre Andrea, pero no da a conocer los detalles de su muerte. O sí, mediante alusiones.
Mientras está en el sur argentino, Emilia se reencuentra con Juli, su novio en la adolescencia, en los ’90, a quien vuelve a desear sin proponérselo. Se cruzan en un bar del pueblito y, cervezas, “Every breath you take” y porro de por medio, revive un viejo amor. Pero Juli está casado con una jovencita –a la que Emilia se imagina parecida a la frágil blonda canadiense Sarah Polley pero “menos saludable”–, tiene un hijo y espera otro. Emilia, de novia en Buenos Aires con un músico. No obstante, ella aún desea estar con Juli, lo quiere, se excita. De esta manera, uno de los nudos del argumento se centra en la tensión amorosa y erótica entre ellos. “Liberar al monstruo no ofrecería más que dos destinos posibles: o me devora o me propone matrimonio”, le confía sus incertidumbres a su amiga, que son otro gran tema en Agosto.
Romina Paula intercala en el texto comentarios sobre algunas películas, como The brown bunny (que cuenta con la reconocida escena en que Chloé Sevigny le practica sexo oral “en un primer plano porno” a Vincent Gallo) y Generación X, que funcionan como sugerencias que completan lo no dicho explícitamente en la novela.
Escrita con una prosa atrapante, se trata de una historia de amor, aunque no de las de final feliz que puedan dar esperanzas a los solitarios y sufrientes.