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Carnauva: “El flujo cultural va de acá para allá y eso no se puede manejar ni domesticar”.-

Hace una década que la banda surgida en Turdera se mantiene en movimiento, igual que su música que supera las fronteras de lo barrial y lo cotidiano. Las influencias de la zamba, el candombe y la chacarera dejan en claro que sus melodías son producto del libre flujo, que defienden en una entrevista con Agencia NAN en la que además remarcan que prefieren la copia, modificación y distribución de sus canciones antes que el copyright o la privatización de la música. “Es defender la cultura libre de toda la humanidad”, afirman.


Por Sergio Sánchez

Fotografías de María Luz Carmona

La tierra de mi barrio
tiene en cuenta a mis hermanos,
laburantes con las manos.
Con respeto y dignidad,
se merecen su amistad
y que no sean olvidados.
Carnauva – “El aire de mi barrio”

Buenos Aires, enero 14 (Agencia NAN-2010).- El barrio es uno de esos lugares donde se generan relaciones genuinas, surgen experiencias culturales profundas y solidarias que incluyen a todos y se concretan las primeras vivencias del ser humano; esas que quedan registradas en la historia personal, en la identidad. Ese lugar de origen es tan fuerte que sus habitantes le otorgan un espacio importante en sus vidas. Por eso, no es difícil pensar que toda producción artística que allí se genera está marcada por ese contexto. Sin más, eso es lo que expresan claramente los músicos de Carnauva en cada idea, palabra y acorde. Porque este grupo de jóvenes de Turdera y otros barrios de Lomas de Zamora intenta ser coherente con su entorno, su cultura y sus ideales. Y lo logra sin problemas.

La cultura latinoamericana

“Las experiencias de cada integrante de la banda tienen que ver con búsquedas en diferentes ámbitos con los que nos fuimos identificando. Por ejemplo, cuando empezás a relacionarte con personas físicas del barrio, conocés a alguien que labura las lonjas para los tambores de candombe o a alguien que se va todos los años a la fiesta de Mailín, en Santiago del Estero, a tocar chacarera con sus familiares. Entonces, te das cuenta de que estás metido en un contexto gigante, una red enorme de cosas que van y vienen. Y que el santiagueño que tocaba chacarera en algún momento estuvo bailando murga en el corso de su barrio. Ése vaivén de cosas nos intriga. Y creo que tiene muchísimo que ver con vivir en el Conurbano, que es un torrente de cultura. Esas experiencias determinaron la música que hacemos”, explicó a Agencia NAN Santiago Lapine, cantante y charanguista de la banda independiente.

Y esa pasión militante con la que buscan conectarse en profundidad con la cultura a la que pertenecen los lleva indefectiblemente a investigar instrumentos autóctonos y a componer e interpretar ritmos de Latinoamérica. En esa tarea por conocer y perfeccionar el sonido de la banda, de forma paralela, el percusionista Nicolás «Pícaro» Schimkus toca en una cuerda de tambores, Lapine coordina un grupo de sikuris y el baterista Santiago Brie estudia música afro colombiana.

“En los inicios de la banda, allá por 1999, después de incursionar por el rock sin fusiones, se formó una cadena de cosas que veníamos escuchando: desde el rock hasta lo más autóctono, de diferentes lados, del Río de La Plata, del norte, del sur, de Argentina y de nuestro continente y de otros. De repente, escuchamos a León Gieco y notamos que había canto con caja; escuchamos al Negro Rada y vimos que había cuerda de candombe con rock; y de esa manera comenzamos a conocer los géneros, los que combinamos con el rock, en su formato natural, es decir, más barrial, popular y ancestral”, recordó el vocalista sobre la evolución de la banda.

En este sentido, el guitarrista Pablo Díaz, con voz serena, parece detectar por qué el rock en Argentina tiene tanto peso y, en parte, desplaza a los géneros autóctonos: “Eso sucede porque los medios de comunicación pasan rock, música británica y pro yanqui. También tiene que ver con el crecimiento musical de cada uno. Uno primero quiere tocar ‘una que sepamos todos’ y cuando empieza a instruirse un poco más se da cuenta de la riqueza rítmica desaprovechada que hay en el continente. Y tal vez quiere capitalizar esa música con una actitud rock o siendo militante de una causa, con algo más comprometido que la música comercial”.

La inquietud constante, el compromiso y las ganas de aprender sobre el legado musical latinoamericano son lo que los lleva a viajar por el país y las patrias vecinos para “compartir experiencias con otras personas” y conocer nuevas realidades. “Yo entendí la chacarera cuando conocí Santiago del Estero, aunque la venía tocando desde antes. A otros les ha pasado de sentir lo mismo con un huayno o de ir a Uruguay a interactuar con el candombe, para conocer gente que lo vive día a día, de manera cotidiana. Lo que vemos como una canción, una danza, es una vivencia, una forma de comunicación”, analizó el cantante con el consentimiento de sus compañeros.

La cultura de mi barrio

De esta manera, la cotidianidad del barrio y sus personajes son motores para componer melodías y escribir letras. Así, desfilan por el repertorio de la banda canciones poéticas y sencillas que pintan esas situaciones reales que el sistema prefiere no ver ni oír, como “Trabajador que sueña” (“Esta es la voz, es el sudor / Es el temor, es el terror /de mi pueblo que cosecha sin tierra”), “Cartonero” (“Acarreando con su carro un rejunte de esperanzas”) y “Nostalgia en Buenos Aires” («El viejo tomando mate / la vieja abre la cortina / el pibe anda por ahí / el chorro le roba a un gil / ta’ todo al orden y al día»).

“Hay formas de componer que son pensando en un salario y otras que son pensando en una inquietud, en una profundidad sentimental. La primera es charlada y predeterminada con un productor artístico que sabe lo que se vende en este momento”, diferenció Lapine, quien también toca el sikus, la quena y la caja. Luego, aclaró: “Carnauva se ubica en la segunda, en la parte sentimental e individual de cada persona. Lo que no quiere decir que todos en la banda compongamos siempre comprometidos con cuestiones sociales y sentimentales de la vida personal. Aún así, apostamos a transmitir lo que nos pasa, ya sea a nivel social o individual. Y eso no lo podemos evitar. Estamos rodeados de asambleas, movimientos barriales, centros culturales y en contra del sistema. Más o menos involucrados, lo cierto es que esas vivencias no tienen nada que ver con el sistema capitalista”.


Y eso, amplió Brie: “se ve tanto en la música como en la forma de organizarnos. El sistema capitalista propone una organización súper jerárquica, donde deciden unos y otros acatan. Y en Carnauva eso no sucede, no hay alguien que le diga al otro lo que tiene que hacer, jamás. Es difícil también convivir con eso porque tenemos que respetarnos mucho todo el tiempo, entre todos. Pero no hay ningún jefe, no hay una opinión que tenga más peso que la otra, sino que todo lo decidimos entre todos. Es una forma de organización totalmente horizontal”. La cultura no para de moverse

Nacidos hace una década, la banda de zona sur que completan Sergio «Negro» Barceló en bajo y la representante Mariana Iriart acaba de publicar, en 2009, su segundo disco, En el mismo lodo. Un bello trabajo integrado por 13 canciones que transitan por la zamba, el candombe, la chacarera y los ritmos andinos, casi siempre mediados por sonidos rockeros. Y aunque su antecesor, Metamate (2006), anticipaba el rumbo de la banda, lo cierto es que los músicos de Carnauva no creen en un sonido definitivo. Así como la cultura no para de moverse, lo mismo sucede con la música. En definitiva, forma parte de ella. “El último disco representa un momento, con todos pasa eso. Ahora, hay cosas del primero que no me gustan y otras que me parecen lindas. Por eso, hay que entender que fue una etapa del grupo y valorarla por ése hecho. Con En el mismo lodo pasaron tres años de composición, búsquedas y vivencias personales. Por tanto, si lo escucho dentro de tres años me va a pasar lo mismo”, explicó a esta agencia el baterista Brie. En este sentido, el encargado de las congas y los timbales, Schimkus, citó a su padre: “Mi viejo dice que un disco es como una foto, porque registra un momento, un estado de ánimo. Además, cada uno investiga su instrumento, descubre cosas nuevas y luego las incorpora a la banda”.

La cultura debe ser libre

Para registrar sus canciones, los músicos de Carnauva prefieren la licencia de copyleft, que permite que todos los consumidores puedan copiar, modificar y distribuir las canciones siempre y cuando citen la fuente. Claramente, este tipo de licencias se contrapone con el copyright –más conocido como “derecho de autor”– que prohíbe copiar, alterar o reproducir una obra registrada sin autorización. Más allá del plano legal, el copyleft propone un cambio de sentido sobre si realmente la producción de una persona es una obra surgida únicamente de su cabeza o bien su creación responde a la interacción con otras producciones y prácticas culturales.

“La idea es tomar posición sobre algo que pasa naturalmente: el flujo cultural se mueve. Es decir, una obra va de acá para allá y eso no se puede manejar ni domesticar; va de boca en boca, en el contacto cotidiano. Copyleft viene a ser una manera de tomar posición frente a eso y defenderlo. Y evitar la privatización de la música. En cambio, el copyright es una forma de generar algo y que otro no lo copie y lucre con eso. En resumen, el copyleft es tomar una postura acerca de que la cultura es de todo el pueblo, de toda la gente y de toda la humanidad”, defendió Lapine.

Luego, ejemplificó: “Decir que Yupanqui hacía los temas por que sólo era él, es acotado. Yupanqui fue un instrumento iluminado que generó esos temas, pero estudió guitarra con alguien, escuchó a miles de guitarristas, se “fumó” el Tao Te Ching y tenía una filosofía de la “san puta” ¿Las letras de Atahualpa son de él o de la interpretación del Tao en Santiago del Estero y Córdoba? De esta manera, el copyleft es defender que la cultura es libre y lo va a ser siempre. Y es una herramienta para evitar que otra persona lucre con eso que vos estás defendiendo”.

Sin embargo, para una banda que se autogestiona tomar esa decisión genera conflictos: “Uno quiere una cultura libre pero a su vez te autogestionás un disco y lo tenés que vender. Nosotros estamos a favor de que la gente se baje el disco y lo duplique, porque es cultura. Pero a su vez, si no lo vendemos no podemos pagar el próximo. Esta posición implica una responsabilidad enorme y unas horas de trabajo mayores que si decidiéramos replegarnos con el resto de los que registran bajo la licencia de copyright. Es una toma de posición importante porque después tenés que tener coherencia. El disco lo vendemos pero también proponemos que lo dupliquen. Son libres de hacerlo”, concluyó el cantante.

Sitio: carnauva.blogspot.com
My Space: www.myspace.com/carnauva