Por María Daniela Yaccar
Fotografías gentileza de Sebastián Miquel
“Dar una mirada diferente”, añade Miquel sobre su cometido. Y lo cierto es que lo logra. Esas 54 instantáneas en blanco y negro son un claro ejemplo de la trillada frase que atribuye a la imagen el valer más que mil palabras –lo que se ve, de hecho, vale más que lo que muchos puedan haber dicho sobre la cuestión–, porque es casi imposible que quien se pare ante ellas no sufra un síndrome de semiosis infinita sobre todo lo que pasa en ese norte castigado, vapuleado, olvidado y triste que, de pronto, deja de ser desgracia. Es domingo y afuera hace calor. Mientras muchos escuchan tambores en la plaza Torcuato de Alvear, otros aprovechan para tomar un vuelo rápido y fructífero hacia aquellas tierras sobre las que algunos, deliberadamente, dicen patrañas.
Desde lo técnico, las de Miquel son fotos exquisitas. Tomas analógicas de impresión digital de 60 x 80 en su mayoría, distribuidas en uno de los pasillos del primer piso y en una sala que lleva un retrato más grande en el medio, de 3 x 2. Lo que rescatan, sobre todo, son momentos emocionales de rostros humanos, un propósito altamente logrado con el empleo de teleobjetivos. Lo que se ve es la organización popular liderada por Milagro Sala en su máxima expresión. Diferentes zonas de Jujuy donde funciona (Ledesma, San Andrés, Alto Comedero, Maimará y San Andrés, entre otros) y todo lo que siguió a un buen manejo de recursos: comedores, guarderías y fábricas. A la izquierda, una pantalla chica muestra videos de la Túpac, porque el centro “es ella, más que el evento fotográfico”, aclara el artista.
En las fotos también hay piletas, claro. Todo un lujo para un “grupo piquetero armado”, parafraseando al gran diario argentino. “No sé si me da la capacidad para generar un discurso, pero sí busqué dar un mensaje sobre un blanco de críticas: los sectores de la pobreza organizados. ¿Qué pasa cuando los pobres se organizan?”, dispara Miquel. Para él, lo que algunos responden se resume en otro interrogante: “Hay toda una cuestión de prejuicios muy adentrada en Buenos Aires y en ciertos sectores sociales, incluso en los más progre. ¿Por qué le dan plata a esa negra? ¿Por qué le dan cabida a esta gente? Lo que empecé a notar acá es que daba bronca que una organización liderada por una mujer fuera exitosa. Por una mujer, originaria de coyas, sin modales finos y morocha”.
El nombre de la muestra es contundente: “Tiene que ver con la unidad latinoamericana precolombina”, explica. Y a lo que remite, ante todo, es a “una comunidad organizada que vive con valores diferentes: la solidaridad, el trabajo, la verdad”. Simples aunque ingeniosos son los títulos que acompañan a las fotografías. “Plus valía”, un juego con el término marxista, retrata a una mujer trabajando feliz en una fábrica textil. “La plusvalía, justamente, es esa alegría que manifiesta”, explica Miquel. Otra mujer –verdaderas protagonistas de la muestra, incluso en los trabajos de construcción, llamativamente–, posó ante la lente luego de responderle al fotógrafo que su trabajo “estaba bueno porque no tenía patrón”. Y así se llamó la foto: “Sin patrón”. “La activista” muestra a una niña barriendo, y “Revolución” a un grupo de chicos en una guardería. También hay un buen número de fotografías destinadas a derecho a la información, una de las actividades solidarias que realizan los integrantes de la Túpac con el fin de acercar detalles de sus derechos a quienes no los conocen.
Abia Yala-Hijos de la tierra puede leerse de muchas formas. Ya sea como “reivindicación del Estado o de la política”, “otra mirada sobre los sectores pobres”, un acercamiento a “una forma de organización distinta” o una reivindicación de los pueblos del norte. Lo cierto es que es una vuelta de tuerca. Sobre lo que produce en el espectador, Miquel concluye: “No puedo decir si logré comunicar lo que quise, por más que haya salido conforme. Vi gente que salía llorando, otra muy contenta y otra a la que no le había pasado nada. Los comentarios que dejaron en el libro eran buenos, salvo uno que dijo que lo que vio le hizo acordar a la sociedad nazi. Ojalá la fotografía tuviera el poder de cambiar la imagen de algo en la gente”.
