
Por Daniela Rovina
En Potencialmente Haydée, cuarta pieza del floreciente dramaturgo, director y actor Patricio Ruiz, existe una afición casi obsesiva por las palabras. Una compulsión que hablará a través de su protagonista, Haydée Ponce, y que llegará al clímax con frases como “las palabras raras me hacen sentir integrada al mundo” o “siempre que quiero faltarle el respeto al mundo, las escribo mal”. No se trata, no obstante, de una exposición dramática sobre los desequilibrios de una mujer fascinada por la ortografía y la fonética de la lengua española. El contenido, el significado de las etiquetas, es lo que asfixia la arquetípica existencia de esta madre, esposa y ama de casa. Lo que la vuelve vulnerable a su presente de pañales, tetas exultantes de leche y batones floridos. Lo que anula sus sueños de emancipación y la hace aullar al vacío “¿y vos qué sabés qué es natural?”.
¿Qué oculta ese desmedido interés por la perfección ortográfica? A simple vista, los reclamos de una vida insípida, las frustraciones de una mujer que parece sacada de una publicidad de productos de limpieza para el baño. En cincuenta minutos de monólogo, Haydée convierte las palabras en un tubo de oxígeno o, a la inversa, en un caño de escape para su desencanto: un extraño consuelo que la abstrae por un rato de la cocina en la que está sentada, de la ausencia de un marido que le escapa (que “tiene el coraje de esconderse pero no el valor suficiente para desaparecer”), de un hijo al que “por definición” debería cuidar. Haydée no es ni por asomo lo que alguna vez quiso ser.
Ahogada en su propia verborragia, la mujer del batón floreado reflotará con sumo detalle episodios de su infancia en Córdoba, memorias de días de campo y asados, anécdotas que descubren su temprano desprecio por la hipocresía que carcome a instituciones como la familia y la escuela. Recordará a la maestra de biología y su grotesca dificultad para pronunciar juntas la doble C y la P y la T; revivirá con humor tonadas y volverá a sufrir los dolores del pasado, hasta lamentar incluso haber crecido “como flor entre los chanchos”. El sayo de la tortuosa Haydée se lo calza en escena Federica Presa (que en simultáneo integra el elenco de Malditos. Todos mis ex, de Mariela Asensio y Reynaldo Sietecase), con una eximia interpretación de sus desvaríos y sorpresivos ataques de ira.
Recientemente estrenada en el primer Festival Novísima Dramaturgia Argentina (que convocó a hacedores de la escena alternativa sub-33 en el Centro Cultural de la Cooperación), Potencialmente… se amolda en buena medida a las generales de la producción independiente joven: historias introspectivas, escenografías sobrias, interpretaciones de aplausos cerrados y realizadores que ejecutan a la vez tareas de dirección, producción e iluminación, entre otras. Sus cuatro obras (las otras tres: Ojalá te mueras, También las cosas mueren y La verdad sobre la temporada de liebres) y sus mozos 25 años acercan al azulino a esos tácitos caracteres de un grupo al que todavía cuesta llamar “generación”, aunque en términos formales algunos teóricos de la escena ya hayan dado el primer paso.
* Potencialmente Haydée se presenta los viernes a las 21.30 en La Tertulia (Gallo 826), hasta el 25 de abril.