
Por Ailín Bullentini
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Hasta octubre de 2010, Julio Lago era sólo un puto de San Miguel que no hacía nada con su putez. “Le di sentido”, asegura en relación a Waska, el artzine “plataforma 360” que creó junto a sus compañeros Lucas Gutiérrez (performer, artista, “cuasi periodista a lo gonzo”), Martín Gagliano (periodista posta) y Martín Blanco (abocado a las cuestiones técnicas). La clasificación del proyecto, que puso cuatro números en circulación y goza de plena vida, es una empresa difícil. Sobre todo porque sus hacedores se le retoban al igual que ante cualquier intento de estandarización que recaiga sobre ellos mismos. Apuestan, como padres de la criatura, a las individualidades, a la provocación, al respeto y a la paz. Alto combo.
¿Revista? ¿Medio en general? ¿Periodístico, de difusión, concientizador? Ninguno de esos conceptos sirve para empezar a definir Waska. “Artzine”, se para erguida desde el eslogan que protege el logo, de acuerdo con “la idea punkrockera de romper con todo prejuicio”. “Podemos ser una cosa y la otra mezcladas”, afirman. El “art” viene, desde luego, de “arte”, en tanto el proyecto fue pensado como un espacio de arte. El “zine”, desde el formato fanzine, del fanatismo por un tema en particular.
Lago y sus compañeros son fanáticos de varias cosas. Incluso podríamos decir que el proyecto que crearon y sostienen es la historia de sus fetichismos. Pero hay algo que los pone manija incansablemente, desde siempre: la curiosidad por aquello no develado, no explicado. “Esperamos que Waska genere conciencia en el sentido disruptivo, que abra puertas que lleven a mundos nuevos, que aporte en el sentido de descubrimiento de lo otro y otros”, plantea Lago.
Desde la generalidad, Waska es una revista. Pero tan bondadosa como poco específica es esa herramienta argumentativa. Siendo detallistas, el proyecto de Lago y compañía es una multiplataforma. El primer número salió en formato fanzine. El segundo fue un DVD. El tercero, una revista de bolsillo a color y en papel ilustración. La última, puesta en circulación en septiembre de 2012, es un mini periódico. “Es una cuestión conceptual ―remarca Lago―. Cada uno de los números tiene un concepto que se trata de abordar desde el 360 (expresión referida a los 360 grados): video, gráfica, intervención, acción. El límite del juego es el concepto. Somos un medio lúdico”.
Por eso, no respetan formatos, tiempos de circulación ni fechas de cierre. Se cagan en la heteronorma del mundo como comunicadores, concientizadores, promotores, activistas y seres humanos. “Nos interesa el camino más que el final de las cosas. Es nuestro dinero, son nuestras ideas. Pues entonces serán nuestros tiempos, los nuestros y los del proceso propio que tiene Waska”, explica el diseñador gráfico e ideólogo del asunto.
“Somos un punto en una línea, ni el principio ni el fin de nada. Presentamos cosas. Los que hacen juicio de valor son nuestros lectores”, dispara. ¿De qué va Waska? La primera edición, “una especie de masturbación, todo hecho rapidito, casero, en la pieza: fotocopias, abrochadora, doscientos números y ya”, salió después de la sanción de la ley de matrimonio igualitario, hecho que significó la “entrada a la putez como activista” de Lago. Lo sumó a Lucas desde el germen, a quien ya conocía. Luego se agregaron Gagliano y Blanco. Número a número son varios más los colaboradores, fotógrafos, ilustradores.
Desde ese primer paso, la historia de Waska está hecha de autointerpelaciones, los números nacieron de dudas propias: mundo gay masculino, ley de identidad de género, femineidad y VIH. Piensan, entre todos, un espacio que abrace a cada voz, cada micromundo que “descubren”, y la ofrezca al resto de la humanidad. “Tratamos de no segregar ni dejar afuera a nadie. No hacemos juicio de valor o ideológico de los contenidos ni de los autores. En el último número escribe el Movimiento de Disidentes (un colectivo que sostiene que el virus que produce el Sida no existe) y nosotros disentimos con eso, pero está ahí. Es una voz que está”, sostiene el creador.
Fuente: NaN #12 (mayo-junio 2013)