
Por Juan Ignacio Sapia
“Me interesa que el lector se enganche, que quede atrapado por las historias. Igual sí, capaz me salen cosas retorcidas.” Mi habitación, un cubículo mínimo, se llena con una voz reflexiva, pausada, que por momentos se interrumpe por una tos. Del otro lado del Skype, en algún lugar de Córdoba, habla Luciano Lamberti, autor de dos de las cosas más parecidas a una serie yanqui que dio la literatura de este país: El asesino de chanchos y El loro que podía adivinar el futuro. La construcción de climas, el lenguaje simple y directo, la imposibilidad de cortar la lectura y el aturdimiento después de terminarlo hacen que el lector de sus cuentos adquiera el color compulsivo y algo cocainómano del espectador de series. “Antes que la cuestión visual, prefiero generar alguna clase de emoción sobre el espectador, poner énfasis en las historias”, dice. Me quedo pensando en que en vez usar la palabra lector, Lamberti dice espectador. Me gustaría verle la cara mientras habla, pero el destartalado aparato que uso como computadora no lo permite. Una lástima.
—
Luciano Lamberti nació en 1978 en Córdoba. Es licenciado en Letras Modernas. Le pregunto por la relación con los libros en su infancia y me dice que es hijo de carniceros y que en su casa no había ningún libro. “Leía los libros que encontraba, o los libros rotos que me mandaba una tía mía. Así leía. Pero tengo pruebas de que escribo desde los ocho, nueve años, en la primaria, desde muy niño”. Publicó Sueños de siesta, su primer libro de cuentos, en 2004 con La Creciente, una editorial autogestiva en la que también trabajaba como editor. San Francisco/Córdoba, su único libro de poesía, salió en 2008. Después vinieron dos verdaderos hitazos literarios, El asesino de chanchos (2010) y El loro que podía adivinar el futuro (2012). También hay una novela, Los campos magnéticos (2012), que puede encontrarse en Internet. Este mes, dos editoriales reeditaron dos de sus libros: China Editora lo hizo con San Francisco/Córdoba y Nudista con El asesino de chanchos.
—
Conocí a Lamberti por las columnas que escribe para el blog de la editorial Eterna Cadencia. Escribe sobre los Guns N’ Roses, sobre David Foster Wallace, sobre Stephen King. Hay algo en las columnas que me genera especial interés: el tono con el que están escritas. Una voz intimista, que va de la melancolía a la denuncia o al humor, y que parece conocer profundamente el tema que describe. Intento, mientras lo entrevisto, detectar esa convicción entre las cosas que dice. Le pregunto sobre su paso por Letras y la influencia de esa cursada en su literatura. Piensa un poco y me larga la respuesta: “Me sirvió en términos de lectura. Incorporé muchas, porque además de lo que me hacían leer yo tenía las propias. Igual, me parece que la carrera debe ser invasiva para alguien a quien le afecte la crítica para escribir. Lo que me interesa es generar emociones, no le dedico mucho tiempo a la teoría literaria. Prefiero no pensar en esas cosas. Yo quiero manejar el auto, no saber de qué está hecho. Mientras menos piense en eso, mejor, más fácil. No me gusta ese plan tipo neurótico de los escritores que no se dejan llevar”.
—
“La idea de las reediciones fue de las dos editoriales, China Editora y Nudista. San Francisco… lo había sacado para Editorial Funesiana, pero era una tirada corta. Conocí a la gente de China y empezaron a joder para que les diera algo, entonces les di ese libro, porque cada tanto lo hojeaba y me gustaba. Es un libro de poemas. Hace años que no escribo poesía, pero lo sigo bancando a pesar del tiempo. Tenía algunos poemas que no había publicado nunca y entraron. Es como mi obra poética. Y El asesino… se agotó y los chicos de Tamarisco no lo volvieron a publicar. Además, con los de Nudista agregamos un cuento que salió en una de las antologías de Mondadori, un cuento sobre Perón que se llama Conmigo con las hormigas. Los editores charlaron y pensaron que se iban a potenciar ambos libros. Entonces hacemos dos presentaciones, una en Córdoba y otra en Buenos Aires. Por ahí los dos libros, juntos, son un poco más poderosos.”
“Lo que me interesa es generar emociones, no le dedico mucho tiempo a la teoría literaria. Prefiero no pensar en esas cosas. Yo quiero manejar el auto, no saber de qué está hecho.”
A nivel escritural, las propuestas de El asesino de chanchos y El loro que podía adivinar el futuro son bastante similares: cuentos cortos en con una prosa ajustada, accesible y atractiva. Personajes marginales con una visión deforme del mundo que los rodea. Tramas sencillas y enigmáticas que utilizan oraciones cortas para instalar una atmósfera de extrañamiento. Sin embargo, entre los dos hay una diferencia genérica. En El loro…, Lamberti aborda el género fantástico, el terror, la ciencia ficción. Basta comparar los personajes de uno y otro libro: si en el primero hay adultos deprimidos, asesinos seriales, un albañil y su perro o un curandero de provincia, en el segundo encontramos extraterrestres deprimidos, un circo ambulante y demoníaco, gigantes salvajes, un adolescente poseído. “Empecé a leer a otra gente —explica Lamberti— leía mucho a Hemingway, Flannery O ’Connor, toda esa tradición realista de trabajar con un espacio geográfico conocido, acotado. Y empecé a releer a escritores más fantásticos que ya había leído en mi adolescencia, como Stephen King o Ray Bradbury. Siempre digo que la escritura es una reelaboración de lo que uno va leyendo: leés y hacés algo con eso. Escribir es una lectura productiva”.
—
¿Qué onda la literatura de Córdoba? Le pregunto a Lamberti sobre su relación con dos autores con los que, además de compartir el gentilicio provincial, maneja un mismo código narrativo: Carlos Busqued, autor de Bajo este sol tremendo; y Federico Falco, que publicó La hora de los monos. “Con Falco tenemos una relación muy estrecha. Lo conozco desde hace muchos años, como diez o un poco más, y tuvimos una educación juntos, porque hicimos una revista y después unas ferias editoriales.” Shock de provincianos realistas, dice Lamberti para describir el momento en el que, con Falco, descubrieron a Cucurto y a otras figuras más ligadas a la raíz aireana. “Córdoba es una provincia con una tradición realista muy acotada. Gente como María Teresa Andruetto generó como una tradición. Entonces escribíamos desde ahí al principio”, explica el escritor. “A Busqued lo conocí en un cursillo de ingreso a la universidad. Era compañero mío, charlamos mucho de literatura. Después no lo volví a ver hasta que ganó el premio” (sic).
—
“Marcos se imagina viviendo en las sierras de Córdoba. Tiene una quinta, un par de gallinas ponedoras, conejos. Se levanta temprano y corta leña para poner la pava al fuego. Alimenta las gallinas. Arregla una rotura del alambrado. En su tiempo libre mira películas y quizás le escribe cartas a sus amigos y a Micaela, que seguro estará preguntando distraídamente por él cuando se le pase el entusiasmo por el pelotudazo ese. Se va tostando, se va endureciendo al contacto con la naturaleza. Encuentra su centro y es indestructible.” (Fragmento de “El arquero”, cuento de El asesino de chanchos que se puede leer entero acá.)
—
Arreglamos con Lamberti cuestiones finales. Le pregunto qué está escribiendo ahora y no me quiere contar. Detrás de su voz se escucha el ladrido de un perro. ¿Tendrá mascota Lamberti? No me animo a preguntarle. Nos saludamos y se desconecta. Es raro: una vez que se calla pasa lo mismo que cuando termino de leer sus libros. Queda un silencio profundo, denso. Como un eco de lo que acaba de pasar.
* Luciano Lamberti presentará las reediciones de San Francisco/Córdoba y El asesino de chanchos el próximo viernes en Espacio Enjambre (Acuña de Figueroa 1656, Ciudad de Buenos Aires). Habrá lecturas, brindis y libros en oferta.