Por Adrián Pérez
Fotografía gentileza de Gabriela Martínez Campos
Buenos Aires, septiembre 22 (Agencia NAN-2009).- Desde la vereda de enfrente puede leerse la leyenda: «Para ayudar a que nos protejan». Es la primera línea de una publicidad colocada en Fleming 1621, en la puerta del Centro Polivalente de Arte, Danzas Folclóricas, Música y Artes Visuales de Martínez, donde Mariano Witis estudió música siete años. Dos policías «visionando» un inmenso muro con doce pantallas –como si todo fuera parte de alguna escena de The Truman Show–, y un jefe de calle de la Bonaerense dando instrucciones desde su handy completan la imagen. El cartel destaca, además, que San Isidro «amplía la red de cámaras de seguridad en la vía pública, con central de control las 24 horas, los 365 días». Paradójicamente, el 21 de septiembre de 2000, Mariano Witis no gozó del cobijo de esa fuerza cuando recibió los disparos del ex cabo bonaerense Rubén Champonois, quien por entonces prestaba servicios en el Comando de Patrullas de San Fernando. Ese día también murió Darío Riquelme, el joven que llevaba secuestrados al músico y a Julieta Schiappiro en un Volkswagen Gol. Riquelme, de 16 años, fue alcanzado por la misma ráfaga policial que asesinó a Mariano.
A metros de la publicidad, en un lateral de la escuela, hay un mural realizado en memoria de ambos: el panel central representa a unas hormigas afrocircenses que echan del Paraíso a la muerte –desaparición física caracterizada por un conjunto de huesos, en relieve, sobre el cemento– y lo recuperan para sí. «La muerte es tan muerte que se convierte en ausencia de materia en la pared –explica Juan Cruz, uno de los artistas responsables de la obra, junto a Leonardo y Fernando–. El mensaje principal es luchar por nuestro paraíso, para recuperar la alegría cotidiana». La consigna es clara, profunda y contundente: «La memoria es el único paraíso del que no nos pueden expulsar». En eso se asemeja al encierro: aunque aprisione los cuerpos, no puede encapsular al pensamiento.
No bien el umbral del polivalente queda atrás, un halo de libertad y creatividad brota de las paredes de la galería que llega hasta la entrada del edificio principal, donde Mercedes recibe por casualidad a Agencia NAN y comenta que el festival «Nueve años de música por Justicia, contra la violencia y la impunidad, por Mariano Witis» está por comenzar. En el primer piso, extensas tiras de papel crepé con apliques de flores cuelgan del techo preanunciando que «la estación del amor» se acerca; y recordando que han pasado nueve primaveras desde que Mariano fue alcanzado por el mismo gatillo fácil que se cobró la vida de otros jóvenes víctimas de la violencia policial: Gastón Duffau, Sebastián Bordón, Natalia Melmann, Daniel Sosa, Maxi, Cristian y Adrián (fusilados en la masacre de Floresta), Emanuel Salafia, Miguel Bru, Ezequiel Demonty…
Ante un auditorio familiar y distendido, donde no faltan los chicos ni sobran los mayores, Carlos María Seta y su compañera Yolanda Lasalle despliegan un repertorio folklórico. Mientras los más pequeños juegan, el músico interpreta «El son de la dentellada», una adaptación musical de Pío Avanti (poema de Alma Fuerte) que Chacho recita desde el fondo del salón: «No te des por vencido ni aun vencido, no te sientas esclavo ni aun esclavo, trémulo de pavor piénsate bravo y arremete feroz ya mal herido». Un aplauso calienta el recinto, donde se cuelan, entre las ventanas pintadas, los primeros rayos de sol de septiembre. Seta cierra su performance con «Bailecito popular», pero antes de finalizar, suelta: «Mariano está presente; estudió siete años en esta escuela y durante su paso por aquí dejó su huella».
Al escenario sube una mujer pequeña que durante toda la tarde mostrará una enorme entereza. Es Raquel Witis, que no está sola frente al micrófono: la acompañan el silencio y el respeto de chicos y grandes. Con la voz entrecortada, lee una larga lista de adhesiones y destaca que el sentido del mural «es el de valorar la vida y la alegría y echar a las muertes evitables, las que se pueden terminar con un Estado responsable de los derechos fundamentales y una sociedad comprometida». Más tarde, le explicará a Agencia NAN que, luego de la audiencia del 1º de septiembre en la Cámara de Casación, espera que «resuelvan la sentencia –que consideran insuficiente– con una pena más cercana a los 20 años, el pedido original de la fiscalía y la querella, dado que si la pena no es proporcional al daño, como afirma la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), hay impunidad».
El cierre de la tarde está a cargo del “Negro” Fontova, quien a minutos de su presentación reconoce que fechas como esta le provocan un profundo placer porque «proyectan un poco de lucha en los espacios donde hace más falta». El músico opina que «el peor de los golpes de Estado es el ‘golpe cultural’ que se está realizando muy sigilosa y peligrosamente». En ese sentido, cree que desde la cultura se genera «una buena resistencia».
— Cuando te referís a golpe de Estado cultural, ¿en qué pensás?
— En el avance de la derecha en todo el mundo. Como dijo Orlando Barone hace poco: «Ya se fueron tan a la derecha que se fueron a la mierda». El que no lo quiere ver es porque compra espejitos de colores: el golpe ya no se hace con cascos y ametralladoras, es mediático. Hablando con unos amigos, coincidíamos en que si no hacemos las cosas bien, en 2011 vamos a tener que irnos al exilio pero muchos más de los que nos fuimos en 1976, porque el fascismo avanza. Los planes de desestabilización, que por lo general provenían del Norte, antes llegaban de la mano de golpes armados, como pasó con el Plan Cóndor. Pero ahora son más sutiles, como el «golpe suave», el golpe mediático, que es mucho más peligroso porque hipnotiza a la gente.
Su ascenso al escenario marca el retorno de la alegría, la misma que destacaba Juan Cruz al comentar el significado del mural, ése sentimiento que también rescata Raquel, una mujer que perdió un hijo pero ganó fortaleza. Y la actuación de Fontova es un exorcismo que echa a la muerte a puro aplauso y música lo que se apodera del público durante la presentación del trovador porteño, y lo hace bailar, cantar y reír, al ritmo de «La chacarera del imposible», «Los argentinos», «La chacarera de la antropofagia» y «Jorge W.», además de sus clásicos monólogos donde la ironía es invitada segura. «Resistiré», dedicado a los padres de Mariano, es uno de los momentos más fuertes, con Jorge y Raquel Witis fundidos en un abrazo: el de la emoción.
Cerca de las 19, El Negro se despide pero tiene que regresar al escenario cuando llega el pedido clásico de «otra más». Entonces cierra el festival con «Los hermanos Pinzones» para desearles a todos que «tengan mucha suerte, sean felices, y, lo más importante, que nadie se los impida».
Mientras la noche cae lentamente sobre los techos de las casas a dos aguas de Martínez, en la parada del 60 un cartel se abraza al poste que sostiene el refugio y concluye: «Mariano Witis, músico y cantante de 23 años, rehén fusilado por un ex cabo de la bonaerense: La vida está antes que los bienes materiales. Todas las vidas valen más».
Sitio web:
http://www.marianowitis.8k.com/present.htm