Por Luis Paz
Buenos Aires, septiembre 21 (Agencia NAN-2009).- En algún momento, la culpabilidad fue cargada de sentidos negativos, abandonando su carácter original, consistente en establecer razones de causa-efecto. Seguramente haya comenzado a ser así, en primera instancia, durante la Inquisición; se haya profundizado esa carga con la formación de los estados nacionales luego; y finalmente haya quedado confirmada como una categoría detestable con el surgimiento de los tribunales, ya separados los tres poderes de las repúblicas. Pero donde en definitiva radica la tergiversación semiótica del término es en la psicología, que se ocupó de convertir a la culpa de aquel «hecho de ser causante de algo» a este «sentimiento de responsabilidad por un daño». Así, la culpabilidad es un espacio del que hay que huir. Y cuánto más directamente relacionado se está con ella, marca la Historia Occidental, peor. ¿Cómo ir contra esa gnosis? Y… está jodido.
Pero hay cosas más fáciles, como intentar describir Culpables Directos, el debut epónimo del quinteto de punk de garage y rock n’ roll ramonero con el hard rock como cereza. En las diez canciones que grabaron en 2004 en los estudios Fuera del Túnel, y que debieron esperar hasta 2008 para publicar mediante Rock on Records y con el visado de la UMI, los Culpables Directos relatan desde un Yo embroncado, hundido en conflictos amatorios e identitarios, pero lejos del rock (para) depresivo(s) suenan con fuerza y precisión, a veces más cerca de unos Flema con más tiempo y plata para gastar en el estudio, otras bien cerquita de Bulldog, a veces de Carajo y en ocasiones de Cabezones. ¿Qué tiene que ver esto, entonces, con la pérdida del sentido original de la sana culpabilidad? Absolutamente, nada. Pero alguien debía quejarse aunque esté jodido.
Es contradictorio remarcar que versos como «quiero despertar de este mal sueño que está asfixiándome» no son muy singulares en las décadas que lleva el género, cuando algo de lo más festejado de Ramones sigue siendo «secundaria de rock, rock, rock, rock, rock and roll». Tonto, pero infalible lo de los flacos flequilludos, tanto como el de los otros flacos flequilludos, los Beatles y su «ella te ama, sí, sí, sí». A nivel lírico, lo efectivo de Culpables Directos, que igual cae en lugares ya con capacidad colmada, es que Ariel Estrella (también vocalista de Minoría Activa) compone con muchas vocales abiertas, lo que invita siempre a corear en los recitales donde pogo y baile hardcore conviven en la multitud de punks, skaters, alternos y metaleros.
A nivel musical, las melodías que dibujan las violas de José Braga y Fernando Berenstecher le dan aire de clásico a «El mal»; el midtempo de «Ahora sos lo que no querías ser» aporta respiro y los muestra cómodos en arreglar canciones no tan rápidas; «Ya no podés volver atrás» los expone bien hard rock; a «Oscuridad» le entran desde el solo acoplado, iluminándola con los platillos de Matías Maidana; y las líneas de bajo de Fernando López van hundiendo perfecto en el clima de «Suerte», un gran cierre para el disco, que aún así no lo es. «Sin ley», que parece casi un homenaje a lo que Flema habría podido grabar en un estudio más pro y si se hubieran abierto a escuchar más hardcore, ocupa en los papeles el acto final.
Pero el curioso que acceda al disco se encontrará en la práctica con un doble bonus track: las versiones de «Ghouls Night Out» y «Bullet» con las que tributaron a Misfits. Sí, aquellos clásicos cuyas letras simplemente proponían la obviedad eclesiástica de que «todos los demonios van al infierno» y la obscenidad laica de que «la mugre será tu desierto y mi acabada tu oasis». Tal vez ahí se pueda retomar el concepto. Es que en la inclusión de esos temas, uno vuelve a reparar en eso de que en el punk nunca importaron la originalidad temática ni la utilización retórica. Y entonces, tal vez este quinteto tenga una saludable culpa directa en hacer quedar conforme al que escucha su disco. Entonces, absueltos sin cargos y con culpas de las buenas, que sí las hay.
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