
Por Matías Muro
No te mueras en verano, primera obra escrita y dirigida por Mariela Finkelstein, que se presenta todos los viernes a las 23 en El Camarín de las Musas (Mario Bravo 940), es una comedia teatral pero tiene algo de siniestro. Un vaivén entre lo horroroso y lo cómico, lo familiar y lo funesto, es el eje de atracción de la atrapante historia de estas vacaciones en familia en un monoambiente en Miramar.
“No te mueras porque me muero”, dice la madre a su hija reiteradamente en el hacinamiento vacacional en el que se encuentra junto al padre y al hijo varón de la familia. Este tono dialógico es el que envuelve los rituales de esta familia en su reclusión. Reclusión en medio de lo abierto por excelencia: la playa, el lugar donde la turba urbana escapa a respirar. Esta familia, tan normal y anormal como cualquiera, se está ahogando en el monoambiente. La madre es la matriarca del infierno veraniego. El padre huye hacia un plano superior: enloquece para zafar de la locura familiar. La hija querrá zafar de convertirse en su madre, le rogará que no muera porque sino ella también morirá, necesita dar su primer beso antes. El hijo de esta familia de cuatro también huye hacia un tipo de aislamiento protector (auriculares y guitarra). Parece seguir el legado cantado, el del padre.
Un personaje externo a la familia, genial giro de plot de la dramaturgia de Finkelstein, será convocado de la manera más verosímil para una familia como ésta: por delivery. Ese personaje es un heladero. Trae helado y será obligado a dar el primer beso tan ansiado por la hija. Ahí se desata un plano diferente de locura, en el momento exacto que la obra lo requería, cuando la familia parecía desvanecerse en una implosión, ahogada en un su endogamia.
“La obra nació como necesidad de contar mi historia”, dice Finkelstein, quién además de autora y directora es actriz (participa en Parte de este mundo, pieza en cartel también en El Camarín de las Musas). La reconstrucción de esos elementos biográficos, que a la autora se le “aparecieron primero como imágenes”, fue el punto de partida para posteriormente pulir el texto y derivar en una hipérbole con rasgos de comedia clásica. Tal vez algo de ésto haya entusiasmado al jurado del premio de La Casa de las Américas de Cuba, que otorgó una mención especial a No te mueras en verano en su prestigioso concurso anual, edición 2012. Entre otros premios que fue cosechando el texto se encuentran una mención de honor en el Premio de Teatro Ramón Vinyes de Colombia; y otra en el Primer Concurso de Dramaturgia Roberto Arlt, organizado por el IUNA y Argentores.
En su recorrido, el texto tuvo que atravesar el proceso teatral habitual hasta derivar en la puesta. Finkelstein agrega que en relación a las primeras imágenes que se le aparecieron pudo ver un correlato con algo que había visto mucho tiempo antes en su vida: “Recuerdo de chica ver escenas familiares desde un lugar que no puedo reproducir, pero que sin dudas invitaba a ver esas escenas en el sentido teatral de la palabra. Lo redescubrí en el trabajo con los actores y en el armado de la puesta”.
No te mueras en verano es el prometedor debut de la joven como directora y dramaturga, un trabajo notable en la cartelera del teatro independiente porteño.