Por Rocío Ilama
Fotografía de prensa de La Novia Cine
Buenos Aires, abril 5 (Agencia NAN-2009).‑ Explotar las cualidades narrativas a través del montaje, para aumentar y enriquecer el relato cinematográfico, fue la fórmula que encontraron tres jóvenes cineastas para contar una buena historia en 17 minutos, con simplemente una cámara de fotos digital y 100 pesos de presupuesto. Un buen argumento bastó para crear ¿Por qué no me tocó ser Michael Keaton?, un cortometraje capaz de sutilizar al máximo las variantes de la tensión dramática y obtener, por otro lado, el reconocimiento máximo en su primera competencia, el Festival de Cine de Escobar. Confiados de que este óptimo resultado fue producto de un trabajo “más popular”, en el sentido de que puede encasillarse dentro de un género y transmitir algo concreto, sus autores se apartan de la idea que parece estar instalada: la “de hacer cortos sin argumento o que tengan uno muy rebuscado, como si lo inentendible fuera sinónimo de independencia”, exponen.
Para José Lemos, Nicolás Oregón y Laura Mendoza, artífices de este primer corto independiente para la productora La Novia Cine (en homenaje al personaje de Uma Thurman en Kill Bill), lo que se necesita “básicamente” es una idea atractiva, un director que tenga en claro lo que quiere contar y actores que entiendan lo que les pasa a los personajes. Pero no sólo eso, es fundamental “ponerse en el lugar del público, porque la gente está dedicando algunos minutos de su vida a ver algo que hiciste vos. Como mínimo, no le faltes el respeto y contale algo”, agrega Nicolás, el único actor del film, a lo ya acordado con sus compañeros.
Durante un aficionado debate de casi hora y media, los tres jóvenes cineastas del sur del Conurbano (Claypole, Adrogué y Banfield) buscaron ponerse de acuerdo y complementar sus diferencias, algo a lo que parecen estar habituados en su trabajo. El guionista y director, José Lemos, reconoce ser “un poco paranoico”. “Y esquizofrénico” agregan sus dos compañeros. Y aunque las risas del trío no dejan comprobar la veracidad de los dichos, desde estos conceptos se puede interpretar a la primera criatura de La Novia Cine, que relata más que una historia, una situación que dura una hora, en la que un joven (interpretado por Nicolás) espera el llamado de una chica para concertar una cita.
Precisamente esa incertidumbre que genera el momento previo al llamado lleva al protagonista a una paranoia irrefrenable, que va en aumento con el paso del tiempo y se acentúa al acecho del “ring” del teléfono que no suena. El corto focaliza su trama en el estado mental del protagonista, que hace explícita su inseguridad, su euforia, sus locuras y miedos, y los canaliza en una obsesiva y absurda catarsis, en la que se escabulle con claridad el humor.
“Lo único que tenía en claro desde el principio era la estética”, relata José, quien logró condensar el cine alucinante, grotesco y fantástico de Sam Reimi en un cortometraje de 17 minutos. Así, de una única intensión apenas diseñada nació ¿Por qué no me tocó ser Michael Keaton?, que comenzó como la tesis de José para el último año de su carrera en Cineargento, una escuela creada por alumnos de la que funcionaba en la Casa de la Cultura de Adrogué luego de que la Municipalidad de Almirante Brown la cerró en 2001. El artista asegura tener la sinopsis en su cabeza desde 2004, cuando presentó su trabajo final, pero esa idea tardó algunos años en concretarse: el corto fue filmado a principio de 2008 con la ayuda de Nicolás y Laura, a quines conoció durante la cursada.
La idea gustó, el guión fue estudiado una y otra vez e incorporó algunos aportes. Llegó el momento de producir. La escasez de recursos y el precario mobiliario que utilizaron para la concreción de su primer proyecto dejaron de ser limitaciones para convertirse en aspectos que sumaron al exitoso resultado. Así, la herramienta más valiosa con la que se grabó el corto completo fue una cámara de fotos digital “prestada”, según aclara el director de la obra, que insiste en ese último detalle como una forma de retribuir el favor a su hermana. Otra de las partes vitales resultó ser una luz que era prendida y apagada según la posición de su sostén humano: Laura, a cargo de la fotografía. Todo sin salirse de un presupuesto que apenas sumó un total de 100 pesos, incluida la edición.
“Editar el corto fue lo más complicado”, señala Nicolás, porque en ninguno de los tres lugares donde lo hicieron (casas de amigos) se podía terminar el trabajo debido a que el formato de la cámara de fotos tenía que ser trasformado para que el programa lo tome como video. “Además, teníamos menos de 15 minutos de grabación, es decir que, a medida que filmábamos, teníamos que bajarlo en la computadora del departamento de al lado o editarlo en cámara”, explica José, intentando ilustrar las peripecias del trabajo.
Sin embargo, el esfuerzo permitió recoger laureles. Algo distinto a lo que se acostumbra a ver en los festivales de cine independiente: un conflicto definido, el complemento del humor “que siempre garpa”; y un personaje con el que el público se pudiera conectar rápidamente fueron lo que ellos consideran que les permitió ganar el premio máximo en el Festival de Cine de Escobar, la primera competencia en la que probó suerte el primogénito de la La Novia Cine, que sobresalió entre los más de 30 trabajos preseleccionados. ¿Por qué no me tocó… participó también del Festival de La Plata, el de Olavarría, el Rojo Sangre de Cipoletti, Río Negro, y el Cortala, de Tucumán. Y, por ser uno de los premiados, se exhibió en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata (Marfici) y en el más reciente de Pinamar.
Pero no todas las puertas estuvieron abiertas para los jóvenes artistas, que confiesan que en los reconocidos festivales de cine, por ejemplo el Bafici, “es probable que rechacen un corto con género definido” porque no lo consideran cine independiente. Y exactamente eso fue lo que les pasó, según Nicolás, por no hacer “una única toma de 15 minutos de una margarita”. Para entrar dentro de la categoría independiente “es necesario presentar algo experimental, raro o que no tenga sentido, donde la superposición de imágenes quede buena, aunque sea inentendible”, comentan. Pero desde el momento en el que eso que está en la pantalla no se entiende, “ya no es bueno”, pronuncia el actor, que se incluye dentro del sector del público que se fastidia cuando le muestran un producto que no comprende.
Por otra parte, están casi convencidos de que otro de los motivos por los que su trabajo no entró en el Bafici fue el hecho de que tuviera el formato propio de una cámara digital: “Más que nada se premia lo técnico, es decir, si está hecha con una cámara de fílmico, si tiene buena fotografía, si tiene algún actor conocido”.
Pareciera que el término independiente tiene dos acepciones dentro del campo profesional del cine y aunque cada una alude a aspectos diferentes, se mezclan, se distorsionan y la más novedosa se impone. Una refleja lo establecido por las grandes competencias nacionales e internacionales donde “independencia” aparece como género, con una estética particular que imparte una forma única de crear: “tomas largas, silencios, personajes que no hablan”, explican. Y justamente para entrar dentro de esa categoría “la influencia del director francés Jean Luc Godard se presenta como ‘obligatoria’”.
No obstante, estos chicos refutan esa concepción y se adhieren a la segunda: “Sólo debería llamarse cine independiente al que no tiene recursos, al que nace de uno y termina en uno”, sin más vueltas, como su experiencia lo demuestra. Ya que detrás del trabajo de “La Novia Cine” no hay patrocinadores ni reciben pago alguno, ellos dependen de su ingenio y rebusque para lograr lo que acordaron: “No dejar de producir, terminar un trabajo y empezar otro”, como una manera de no perder el ritmo. Andando tras esa dinámica, el grupo continúa su trabajo con un proyecto que está en el horno, pero está vez bajo la dirección de Laura, también guionista de la historia. 16 y 35, es el nombre del nuevo corto que, según la autora, transita nuevamente una trama que refleja el estado mental de su protagonista.
Seguros de su manera de conducirse, con metas precisadas y con el estímulo de haber recibido el primer premio en la competencia de Escobar, la idea de no dejar de crear hoy parece más sólida. Porque, pese a las restricciones, “está bueno que haya lugares que permitan la participación de un tipo de producción más casera, de bajos recursos y que ‘obliga’ a utilizar, por ejemplo, una cámara de fotos”, remataron entre los tres. Escobar no sólo les dejó un primer puesto y cinco mil pesos (que aunque todavía no tienen en mano ya piensan en cómo invertir); les concedió algo más significativo, como la posibilidad de exponer y difundir su tarea en diversos festivales del país.
Y les facilitó, además, el acceso a otras puertas y contactos. Y a sorpresas como las felicitaciones y consejos de experimentados en el campo: “Que venga Carlos De Sanzo (director de El Polaquito y Eva Perón), que tiene 60 años de trayectoria, y te diga ‘Ojalá hubiera hecho algo así’, te llena de orgullo”, destaca José. No obstante, todo esto fue posible gracias al mérito grupal y, como sintetiza Nicolás, debido a “la movilización propia” que caracteriza a un artista.
Si bien no tienen la convicción de que su trabajo haya motivado a otros estudiantes a hacer producciones de un género definido, emancipándose de lo que se cataloga como “lo independiente”; lo que sí creen que quedó demostrado es que se puede hacer un corto con una cámara de fotos y que se puede ganar un festival con cero recursos. Y esa conclusión fue deducida por los jóvenes, no sólo por el logro de La Novia Cine, sino porque varios colegas confesaron que en sus futuros films utilizarán esa tecnología, considerada muchas veces insuficiente en las grandes presentaciones de cine.