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Libros: “Siete & El Tigre Harapiento” (Leonardo Oyola, 2005).-

La primera novela policial de Oyola está plagada de referencias a Duran Duran y la Generación del 80, construida a partir de una prosa que no deslumbra y, al parecer, destinada a convertirse en guión de película.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, marzo 28 (Agencia NAN-2009).‑ Ambientada en la Buenos Aires de 1897, la historia comienza con una serie de crímenes espeluznantes, con descuartizamientos cometidos por un asesino que va dejando inscripciones cerca de los cadáveres: “Silencio.” “Que se rompa.” “Un pacto.” “Más respeto.” “Lo que Dios ha unido.” Aunque las pistas parecen incriminar a La Orquesta del Gato Cabezón, la policía no quiere meterse con esos matones a sueldo del candidato presidencial Julio Argentino Roca. En ese contexto avanza Siete & el Tigre Harapiento, un policial del escritor Leonardo Oyola, una de las voces más reconocidas de la nueva narrativa vernácula.

Oyola, discípulo de Alberto Laiseca e integrante de El Quinteto de la Muerte (grupo de lectura de gran repercusión en los ciclos literarios porteños) obtuvo con esta novela, su primera, la tercera mención del Premio Clarín de novela en 2004. Se trata de una Pulp Fiction pop que combina referencias históricas, como el atentado de Tomás Sambrice (un pibe pobre de 15 años del barrio de Constitución que se propuso matar a Roca en 1891 por considerarlo “el responsable absoluto de la miseria del país”). Y que tiene guiños que remiten a la banda británica Duran Duran, cultores del new romantic: el título de la novela refiere al álbum Seven and the Ragged Tiger y los 13 capítulos a cada tema del disco The Wedding Album, como “Too much information”, “Ordinary World” y “Love voodoo”. Incluso el nombre del líder de la Orquesta, el Tigre Harapiento, es Simón LeBon, como el frontman de la banda inglesa.

En su intención de dotar de realismo a la historia, Oyola cita bares, diarios y figuras públicas de la época, como Alem, Mitre, Roca y el creador del sistema de identificación de personas a través de las huella dactilares, Juan Vucetich. Así mismo, describe a los barrios porteños donde transcurre la acción, como la Plazoleta San Francisco en Monserrat, en el casco histórico de Buenos Aires.

Signada por la violencia y la corrupción, la ley del lumpen –“el que a hierro mata, a hierro muere”– sobrevolará como un espectro con una hoz durante toda la historia. El autor narra la investigación del inspector Raúl Vals, el subcomisario Gallo y el sargento Abel Ferrara para resolver esa serie de asesinatos. La trama presentará un policía corrupto y otro infiltrado en la Orquesta. Y ahí se plantea una advertencia ética, en voz del inspector Vals: “Uno no se puede pasar todo el día entre soretes sin mancharse, para salir a la noche y volver a casa lo más campante”.

Vale la pena mencionar que el texto parece intentar trazar un paralelismo entre la situación sociopolítica de fines del siglo XIX y el panorama de principios de esta década. De esta manera, el autor brinda un testimonio de la actualidad: la política continúa siendo sinónimo de fraude y delito, como a fines del Siglo XIX.

Por otra parte, la novela está contada como si su propósito fuese terminar siendo el guión de una película. El tiempo lo dirá. Con una prosa bastante coloquial, su estructura narrativa no deslumbra, ni mucho menos. Quizá la construcción del texto sea el rasgo más débil de Siete & el Tigre Harapiento, aunque la historia logre seducir al lector de policiales, pasando por alto esa carencia. La ausencia de pistas en la trama que ayuden al lector a elaborar una hipótesis concreta sobre quién es el brutal asesino serial es otro rasgo negativo que obliga al autor a caer en un uso excesivo de pausas para explicar a posteriori lo pretérito.

Blog: http://tigreharapiento.blogspot.com