/Archivo

Alfonso Barbieri: «Hay que ser auténtico, no original, porque ya inventaron todo»

En su reciente tercer disco, Valses eróticos del río de la concha de tu madre, el músico y artista plástico comparte canciones con Palo Pandolfo y Adrián Dárgelos y reafirma el humor corrosivo e irónico que define su obra. Metido de lleno en la escena de la nueva canción popular, con cuyos referentes comparte afinidad estética y discursiva, se distancia de los “históricos del rock” y dispara contra los lugares que hacen pagar a los músicos para tocar.

Por Sergio Sánchez 

Fotografía gentileza de Luciana Damiao 

Buenos Aires, agosto 3 (Agencia NAN-2012).- Cuando Alfonso Barbieri volvió a Buenos Aires en 2007, después de 20 años de vida cordobesa, no imaginó que formaría parte de una escena musical en gestación. Atrás quedaba la experiencia iniciática con Los Rústicos del Viejo Sueño y el fructífero camino con Los Cocineros, dos proyectos que exploraban las músicas latinoamericanas, además del rock. Ya en tierras porteñas, el también artista plástico concentró sus energías en la senda de la canción de autor. Si bien en Córdoba aprovechó una grieta entre Los Rústicos y Los Cocineros para publicar su primer disco solista, Banda de sonido original de una película que nunca se filmó (2002), fue en la gran ciudad en donde encontró las condiciones adecuadas para liberar sus canciones. Es que, casi de inmediato, se vinculó con músicos de su generación que estaban en la búsqueda de una canción popular y abrazadora, es decir, con quienes compartió (y comparte, claro) una afinidad estética y hasta discursiva. No fue casual, entonces, que en su segundo disco, Las canciones que se me cantan (2009), participaran como invitados Lisandro Aristimuño, Pablo Dacal y Juan “El Tigre” Beltrán Peyrú; y dos no tan jóvenes pero en la misma sintonía: Palo Pandolfo y Kevin Johansen.

La obra plástica y musical de Barbieri tiene rasgos en común: el humor corrosivo e irónico y cierto barroquismo. Es ante todo, un artista versátil y arriesgado. Todo eso parece quedar más en evidencia en su reciente tercer disco, Valses eróticos del río de la concha de tu madre. “No creo en los límites artísticos ni en el academicista de ‘buen gusto o mal gusto’. Lo más válido es la percepción de uno en función a la obra. Hay que ser auténtico, no original, porque ya inventaron todo”, dice Barbieri. Su último trabajo parece un collage: entrega un reggae psicodélico (“Medianoche”), canta a dúo con Palo Pandolfo una oda a Cristina Fernández de Kirchner (“Renacer”), recupera al meloso Marco Aurelio en la voz de Adrián Dárgelos (“Amor por ti”), se luce con una pieza orquestal (“Cantautor medieval”) y dedica una canción acerca de las lógicas injustas y retrógradas que imperan en los locales para música en vivo (“Dueños de boliche”). Un poco antes, en 2009, armó un súper grupo junto a Dacal, Manuel Onís y Juan Jacinto: Viajantes.

–¿Cree que ya está consolidada esta escena de cancionistas? 

–No, hay mucha historia por escribir. Está surgiendo de a poco, con las complicaciones que significa no tener gente que apoye todo esto. No hay compañías concretas que nos apoyen y que pongan plata. Se sigue poniendo guita en cosas del mainstream re contra instaladas. Es obvio que hay medios que nos tienen en cuenta y se dan cuenta de que está sucediendo algo, pero en cuanto a lo comercial, los grandes empresarios, las discográficas y los dueños de radios, se niegan a pasar otra música y no quieren arriesgarse. Y eso da mucha bronca. Hay mucho por hacer. Somos muy productivos, sacamos muchos discos en poco tiempo. A mí me enorgullece pertenecer a este grupo.

–¿Qué discursos renovadores está aportando esta generación? ¿En qué temáticas habría que poner el eje? 
 –Yo soy muy crítico de las letras de esta generación. Hay una tendencia a hablar de ciertas cosas de las que ya se ha hablado. Veo poco riesgo en algunas situaciones. Hablan mucho de física cuántica, de la luz. Pero de eso pueden hablar Einstein o Spinetta. Tenemos un montón de universos; así como fuimos amplios musicalmente, hay que empezar a hablar de cosas que nos rodean. Es una obsesión personal pero necesito más riesgo. Claro, me gustan las letras de muchos. Pero se debería cuidar más esa parte. Que la primer palabra no sea la solución, sino ahondar un poquito más. Falta una línea política. 

–La canción que habla de los dueños de los boliches es muy elocuente. Usted dice que quiere ser “feliz sin dueño” y estar “lejos del reino de los mal pagos” ¿Se cansó de pagar para tocar?  
–Nunca pagué para tocar. Pero veo que hay gente que lo hace. Los porcentajes para los músicos tienen que ser mejores. Tienen que ser según la capacidad de la sala y tiene que estar contemplado que el músico coma. Me han dicho “no se vayan a emborrachar eh”. Y es una falta de respeto total. Es una locura. Hay pruebas de sonido que duran diez minutos y eso está mal. Va en contra de los artistas, del lugar, del espectáculo, se genera tensión. Se cuida muy poco a los artistas. Los dueños de los boliches son muy difíciles. En pocas excepciones respetan el espectáculo y la forma de tratarlo. No podés llevar ni un sonidista ni iluminador. Entonces, no podés generar ningún clima, no podés ser teatral o generar el misterio del escenario. Es como que se pierde toda posibilidad de creación escénica. Además, son realmente injustos los tratos con los artistas. Hay muy pocos lugares que lo hacen bien. Y veo cierta vejación por parte de algunos músicos que vuelven a tocar a los lugares donde los maltrataron. Entonces, si somos un movimiento y maltratan a uno, no vayamos más. O vayamos y hablemos, hagamos algo. Es decir, ayudarnos entre todos, como cuando cerraron Café Vinilo y fuimos todos a la Legislatura o cuando nos movilizamos por la Ley de la Música. Hay que seguir esa línea. Faltan leyes y reglamentaciones. Falta que reaccionemos ante ciertas cosas. Tenemos que tocar en buenas condiciones. Es nuestro trabajo y hay que defenderlo. 

–A veces hay abuso de los mismos músicos en otras escenas. En el punk por ejemplo. Hay bandas que les cobran a bandas chiquitas para tocar. 
–Si, es una locura eso. No lo tienen que hacer, es terrible. Pagar para tocar es ridículo, no existe. Ninguna banda ni dueño de boliche puede permitirse cobrarte. No hay que aceptarlo. Que paguen en publicidad, que inviertan. Esto puede ser un gran negocio para todos, pero hay que cuidarlo, hay que ser estratégicos. 

–En cuanto a lo musical, ¿Qué influencias te dejó Córdoba? 
–Tocar el acordeón, por ejemplo. El cuarteto en Córdoba me voló la cabeza, la Mona Giménez me parece buenísimo. Cuando íbamos en los `90 con los chicos era toda una aventura. Suena una barbaridad. Es un intérprete del carajo. Es muy grosso, muy enorme. Es dios. Igual, ya venía de antes mi inquietud por el acordeón. En Corrientes me fascinó el chamamé, que lo pude expresar recién en el último disco con Palo, en el tema que compusimos juntos, “Renacer”. Lo hicimos en mayo de 2010, después de una conversación larga que tuvimos en la que coincidíamos en que estábamos contentos con este gobierno. Más allá de eso es una canción de amor. Estoy muy orgulloso de ese tema, me gusta mucho. Y laburar con Palo siempre es un placer. Él es una gran influencia para mí y un gran amigo también. 

–Es increíble cómo Palo se acercó tanto a esta generación de músicos… 
–Es genial Palo. Es un gran tipo y un gran artista. Nos acercamos mutuamente. Él es inquieto y nosotros necesitábamos un representante más grande que nosotros, que no tuviese ese verticalismo de la estrella de rock cerrada a la que ya no le entran balas, que ya no puede escuchar nada más, que están intocables en un lugar. Fito (Páez) a su manera también se acercó pero Palo es como más cercano, más terrenal. Fito es como Charly y Spinetta, una cosa más grande. Era muy necesaria una figura como la de Palo, que nos respeta y hace valer nuestras canciones y nuestra nueva forma de ver y de transformar esto llamado rock argentino o canción argentina. Necesitábamos una figura así. Adrián Dárgelos también es un tipo que siempre ha sido muy inquieto, de ver qué pasaba con las generaciones nuevas. 

–Usted viajó mucho, ¿Conoció los folklores latinoamericanos en el andar? 
–Si, claro. Paralelo a escuchar rock. Muchos músicos de mi generación nos relacionarnos más con el folklore, con el tango, la canción latinoamericana y la canción popular europea también. Estamos en un lugar menos prejuicioso que los históricos del rock. Pertenecemos a una cultura rockera, para ponerle un nombre. García, Palo y Babasónicos han sido una influencia y eso es parte del rock argentino. Usamos guitarras eléctricas. Creo que somos más amplios, nos paramos en un lugar distinto, menos sectario, digamos. Veo muy positiva a la nueva generación.

 * Alfonso Barbieri se presentará el sábado 18 de agosto a las 21 en Mil9Once, Calle 12, esq. 71, La Plata.