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Fabio Zerpa tiene razón

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La notable novela gráfica de Pedro Mancini retrata, con humor negro, a un extraterrestre con cabeza de tentáculo instalado en una realidad que percibe deforme y taciturna, acaso como todos alguna vez.

Por Marcelo Acevedo

Luis es raro, taciturno, ortiva y depresivo. Es un misántropo que casi nunca habla pero siempre está rememorando momentos patéticos de su infancia. Luis es alcohólico y tiene cabeza de tentáculo, porque, digámoslo de una vez por todas, Luis es un alien.

Pero Luis también tiene una imaginación prodigiosa; le gusta dibujar y escuchar a Black Sabbath; es fanático de He-Man y tiene amigos de lo más extraños, entre los que pueden contarse un Hordak de traje y un William Burroughs verborrágico. Y es la suma de todas estas cosas lo que hace que como lectores podamos empatizar con un personaje tan oscuro. Además, reconozcámoslo: todos somos un poco Luis en algún momento de nuestras vidas. Por eso cuando leemos esta tira sentimos que no nos reímos de Luis sino que nos reímos con Luis.

Alien triste es una obra semiautobiográfica en la que Pedro Mancini despliega toda su habilidad para narrar pequeños y extraños relatos de humor negro dentro de un universo palpable y reconocible, por su semejanza con eso que los seres de carne y hueso llamamos “realidad”. Mancini coloca a Luis —nada más y nada menos que un extraterrestre cabeza de tentáculo— en situaciones cotidianas tan habituales, extrañas y ridículas como las de cualquier ser humano, y lo hace interactuar con una caterva de personajes que oscilan entre el cinismo y la hijaputez. Familiares, amigos, vecinos y desconocidos a los cuales Luis parece odiar por igual, a excepción de esa chica flaquita, morocha y excesivamente sincera que vendría a ser su novia, la única persona a la cual parece apreciar y respetar.

Luis se siente incómodo en todos lados. No encuentra su lugar en recitales, convenciones de historieta ni fiestas, y no justamente por su condición alienígena, sino porque parece ser que el único lugar donde está a gusto es su cuarto, sentado en la mesa de dibujar con un lápiz en la mano y frente a un papel en blanco. Luis es un perdedor hermoso, pero ante todo es un artista.

Hay una atmósfera rara que envuelve toda la tira. Algo difícil de definir, entre lynchiano y costumbrista, surrealista y entrañable. Alien triste posee un tinte onírico, pero no de sueño apacible sino de algo más bien pesadillesco, como pequeños mal-viajes que van guiando un relato general que busca transmitir sensaciones y emociones más que narrar una historieta clásica.

Esta primera edición de Hotel de las Ideas, además de ser muy linda y cuidada, incluye un prólogo de Esteban Podetti. Todo está dispuesto para que Alien triste se transforme en un clásico de la historieta nacional. Aunque, pensándolo bien, tal vez ya lo sea.