“Dos clowns en un sueño erótico” podría ser el lema de esta obra que recrea la historia amorosa entre Venus y Marte. Juliana Ramírez Gisbert y Santiago Legón derriban la cuarta pared con la fuerza de la pasión clownesca, en una representación onírica y fantasiosa de lo que puede ser el amor.Por Lola Kuperman
Fotografía gentileza Amor mito
Buenos Aires, mayo 10 (Agencia NAN-2010).- “Es triste quedarse dormido, separa a las personas, mismo cuando se duerme con alguien, se está solo”, sentencia Patricia Franchini en la película Al final de la escapada (1960). Leticia Torres, a cargo de la dirección de Amor mito (viernes a las 22.30 en Actors Studio Teatro, Díaz Vélez 3842), parece superar la profecía creada por Jean Luc Godard. Compartir un mismo sueño y los deseos más encarnados en el inconsciente se acompasan a la música ochentosa que baila Libido y al sanguche de milanesa tan ansiado por Ramonagletti. “Dos clowns en un sueño erótico” es el lema de una representación cuyo sistema de signos va transformándose bajo la mirada de un público atónito.
El sillón, único mueble de la puesta en escena, funcionará como precipicio, cama, camilla y el mismísimo infierno. El primer sueño dentro de un sueño, digno de las combinaciones de escaleras de un cuadro de Escher, cuenta la historia entre Venus, la diosa del amor y Marte, el dios de la guerra. Interpretados por Juliana Ramírez Gisbert y Santiago Legón, los dioses conciben a Cupido, el niño que con un arco y una flecha es capaz de hacer enamorar a cualquier mortal. Venus con su peluca morocha enrulada y su nariz roja cela de la princesa mortal Psique, poseedora de una belleza deslumbrante. Es su hijo Cupido quien cae perdidamente enamorado de Psique, y al estar prohibido el amor entre mortales y dioses, dan rienda suelta a una serie de pasionales encuentros anónimos.
“En el amor se debe confiar, el amor sin confianza no existe”, dictamina Libido, el personaje que sueña que su novio es un Cupido que viste con orgullo una malla platinada y ajustada. Ramírez Gisbert y Legón derriban la cuarta pared con la fuerza de una pasión clownesca que se proclaman a lo largo de una representación onírica y fantasiosa de lo que, en casos afortunados, puede ser el amor. La retroalimentación con el público irá adquiriendo cada vez más fuerza a lo largo de la representación, el espectador tendrá cada vez más espacio para manifestarse y el aplauso final lo convertirá en un protagonista más. Amor mito es una co-creación con los espectadores, quienes, más que nunca, concretarán el sentido de los signos escénicos.
La obra retrata un sueño o una utopía o una relación en la que ambas partes ya están cómodas y se permiten, con sus narices rojas y sus caras maquilladas, jugar y fantasear. Una puerta de empatía a cualquier pareja que apuesta a no juzgar y en la que se da por sentado que el amor es la base de todo lo que se está construyendo. El erotismo se sirve como aperitivo, como plato caliente y como postre. La obra abarca el momento previo, el mismo instante y las posibles consecuencias un acto sexual. Libido quiere tener un hijo, ¿de verás lo quiere o sólo en sus sueños? Posiblemente, el público no lo sabrá, sólo será responsable de responder posibles nombres al globo que Libido acarrea bajo su vestido.
El resultado de la creación colectiva de ambos actores y George Lewis bajo la dirección de Leticia Torres es perfecta para un viernes a la noche. Para ser testigo de una obra que persigue una linealidad onírica o para presenciar cómo un asesinato quizás se concrete gracias a la linterna de fricción que venden al por mayor en Once. A fin de cuentas, al público no le importará si esta presenciando (y vivenciando) un sueño o una fantasía sexual. Lo erótico y atractivo de Amor mito será jugar a espiar por una cerradura, donde dos clowns se liberan de los prejuicios y dan rienda libre a su amor.