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Anaclównicos: “La multiplicidad es nuestro motor y el clown es un ente múltiple”.-

Entre el arte y la medicina, esta compañía teatral de payamédicos juega a “desterritorializar” estructuras desde la espontaneidad y la improvisación del clown. Una alternativa para hacer teatro torciendo algunas aristas del juramento hipocrático.

Por Daniela Rovina
Fotografía: gentileza de prensa

Buenos Aires, noviembre 9 (Agencia NaN-2012).-Cuenta la actriz Florencia Cristaldo que una mañana, mientras realizaba sus intervenciones de payamédica en el Hospital General de Agudos Dr. Teodoro Álvarez, una paciente internada le comentó que quería irse a su casa. Con el diagnóstico en mano, sabía que era imposible concretar el pedido de la mujer, así que decidió planear una fuga alternativa. Hizo de los pasillos calles y de una silla de ruedas un auto. Creó una solución paralela para el deseo de la paciente, algo que la filosofía clown bien podría llamar “pisar la cotidianeidad de otra manera”. Desde hace más de un año, Florencia junto a otros actores y médicos se incorporaron a la compañía teatral Anaclównicos, un proyecto craneado por Lucas Bruno –-director  del grupo y (paya)médico– con una perspectiva poco convencional del trabajo hospitalario: “No vamos a hacer espectáculos. Vamos a trabajar con lo que el paciente propone”, comenta Mercedes Bertuzzi, otra integrante de la compañía.

Lo curioso de Anaclównicos no es sólo su peculiar concepción del mundo de la medicina, sino como combinan los principios del género clown con los de su profesión (muchos de los miembros son médicos, además de actores y payamédicos) sin dejar margen a las contradicciones. Lejos de la hipocondríaca vertiginosidad de esta era, estos muchachos tienen una postura menos enroscada: trabajan desde la salud, no  desde la enfermedad.
Algunos más terapéuticos que artísticos, los principios del grupo se orientan a  deformar la cuadradez  de la rutina. “Lo revolucionario del payamédico, como dispositivo social, tiene que ver con permitirse el juego, el espíritu creativo, reinventar las cosas. El clown permite atravesar cualquier cotidianeidad de otra manera”, esboza Bruno, quien además fuera uno de los primeros en sumarse a las filas de esa organización ideada en 2002 por el médico José Pelluchi.

Quizás de esa fusión de vocaciones haya surgido otra idea un tanto más curiosa: la de subirse al escenario con A medio abrir, su primer espectáculo escrito y dirigido por Bruno e interpretado por (paya) médicos. La trama de la obra no desentona con la esencia de la compañía. Sobre las tablas cuentan una historia donde el sistema y su cotidianeidad imponen límites entre las personas, el ámbito del trabajo y el aplacamiento de deseo. Todo eso, a través de intervenciones de clowns y hombres grises que simbolizan la “compresión” a la que se opone el grupo. Luego de su última presentación del año en el Teatro del Ángel (Mario Bravo 1239, Ciudad de Buenos Aires), el director de  la compañía charló con Agencia NaN sobre ese entrecruzamiento entre la medicina y el teatro, y reflexionó sobre cómo el clown puede convertirse en un punto de fuga para las imposiciones cotidianas.

–¿Por qué eligen acercarse como clown, también?

–En Payamédicos hay gente que es estudiante de medicina, pero la mayoría no. No es una condición necesaria ser médico para ser payamédicos. Es muy difícil dividir hasta dónde llega el trabajo hospitalario y hasta dónde el artístico. Lo interesante es la forma de entender el clown en el teatro, que enseñamos y laburamos dentro de payamédicos en los hospitales, clínicas, centros de salud, refugios de maltrato y villas, como Ciudad Oculta. El personaje de clown que ensañamos es un personaje inocente y nunca nos corremos de ese eje. Hay que laburar inocentemente, no buscar la risa en el otro. En los hospitales lo trabajamos con el encuadre correspondiente. No como el payaso teatral que llevamos a escena. Laburarlo así en un hospital no sería bueno por los significantes que podría despertar en el paciente.

–A partir de esa inocencia, ¿qué le aportan las tablas a la medicina?
–Lo que nos atraviesa es un espíritu revolucionario en el contexto de una cotidianeidad en la que uno repite la indiferencia. El clown “clownisa” tu cotidianeidad. Empezás a ver cómo, sin (necesariamente) ponerte la nariz roja, aparece el juego, el encuentro, la producción espontánea, el click que te permite atravesar ese momento de captura y detención.

–Y a la inversa, ¿qué de la medicina influye a la hora de hacer teatro?
–Lo revolucionario del payamédico, como dispositivo social, tiene que ver con permitirse el juego, el espíritu creativo, reinventar las cosas. El clown permite atravesar cualquier cotidianeidad de otra manera. Ser clown no es la salvación del mundo, no significa que todo se puede resolver. Tiene que ver con hacer un click, caminar por el mismo piso, pero animándonos a pisarlo de manera distinta. Y eso se puede aplicar en cualquier dispositivo, ya sea en la educación o en la medicina. No hay mucho lugar para el ensayo y error, predomina más (la lógica) del premio o el castigo. El juego de la improvisación y del encuentro tiene que ver con laburar desde los gustos del otro y no darle los gustos solamente. El clown te propone el juego y la desterritorialización de la captura. Es como los chicos, se mueve por afecto, es espontáneo, transparente.

–Entonces, el clown aporta esa improvisación que la medicina no tiene…
–Si. Es disponerte al encuentro. No significa que como payamédicos vamos a curar las enfermedades. Permite atravesarlas de otra manera, más allá de lo que está escrito en el libro. La medicina no recurre al clown. Ojalá lo hiciera. Los payamédicos recurrimos al clown. Al paciente no le imponemos nada.  A veces una intervención es una mirada y sabemos que nos tenemos que retirar. La situación cotidiana de internación no es una fiesta, también se despiertan nuestros miedos, nuestros fantasmas. Está sobreestimada la patología del paciente y (en el hospital), a veces sólo se habla de eso. La multiplicidad es nuestro motor y el clown es un ente múltiple. Hay tantos tipos de clown como gente haya.

–¿Por qué los médicos buscan estas alternativas?
–La apuesta no es sólo hacerle un bien al paciente. También tiene que ver con una producción que nos habilita de cerca a nosotros. Con aumentar nuestra potencia, no sólo aumentarle la potencia al paciente. Eso está más relacionado con el enfoque deficitario de la salud que tiene hoy occidente: laburar la enfermedad, el síntoma, el síndrome, descubrir lo que le pasa y tratarlo. Nosotros no vamos por ahí: seguimos el paradigma de producir salud desde la salud y no sólo desde la enfermedad.

–¿Y ese nuevo paradigma por dónde corre?
–No negamos la necesidad de la gente, por el contrario tenemos muy en cuenta su situación hospitalaria. Siempre interviene la misma dupla de payamédicos con el mismo paciente semana a semana. No negamos la enfermedad, sino que permitimos atravesarla de otra manera: desde el juego. Esto tiene que ver con trabajar con los gustos y los deseos de ese momento del paciente. Nuestro motor es habilitar el devenir clown del paciente y jugar con lo que proponga.

–¿Cómo se combina el arte y lo terapéutico en A medio abrir?
–A unos les aporta arte y a los otros medicina. Esta obra dice “paren de repetir, permítanse reinventar las cosas”. Lo que pasa es que para un médico no es tan sencillo inventar encuadres terapéuticos dentro de la institución. Si se permiten afectar por esto, se habilitarían al juego y estar empáticos con la gente. No la repetición robótica de un sistema. Hacemos esto por gusto propio, pero no con la intención de generar algo en los médicos.

–Y en ustedes, ¿cómo fusionan esas facetas?
–Como médico, no atiendo a los pacientes de la misma forma que cuando soy payamédico. La gran diferencia está en el ser y el devenir: el ser médico implica toda una estructura de diagnóstico y recetas. Hay una regla. Pero también está el permiso de devenir médico, esa figura nueva que se genera en el encuentro con el paciente, donde surge lo empático. Eso es devenir médico. Sería interesante que los médicos se lo permitieran. Pero es muy difícil que eso los sustente el sistema.