Por Nicolás Sagaian
Buenos Aires, enero 6 (Agencia NAN-2010).- Por cuestiones burocráticas o financieras lo esencial puede quedar relegado a un segundo plano. Es una máxima contemporánea que muchos padecen, tal como le sucede al Instituto Superior Cineargento. Carga con una deuda de casi 70 mil pesos que hace un tiempo le atribuyó la Dirección Provincial de Educación de Gestión Privada (Dipregep) por una modificación normativa, y si no la cancela, deberá echar candado definitivo a sus puertas. Es que el organismo provincial le impide al Instituto de Cine seguir funcionando como cooperativa de trabajo, tal como lo viene haciendo desde hace siete años, y le exige aportes de sus “empleados” (autoridades y docentes) porque consideran que “no pueden trabajar bajo la figura ‘ad honorem’” en la que todos son dueños. Una condición que es defendida por la Ley de Cooperativas pero que, al parecer, no se contempla de parte de las exigencias legislativas que son capaces de dejar a un costado lo verdaderamente importante: la educación.
A la vista, la situación es complicada. Desde los organismos estatales le proponen al Instituto Cineargento, por ahora con sede en Lomas de Zamora, mutar de una administración cooperativa a una empresarial para poder seguir funcionando. “No sólo están tratando de imponer un modelo, sino que además atentan contra una escuela de gestión social que apunta al estudiantado que no puede anotarse en una entidad privada”, denunció en diálogo con Agencia NAN el director del espacio, Marcelo Bonavera. Por eso, con las constantes intimaciones pareciera que el destino de la entidad educativa está contra las cuerdas; y las salidas que se encuentran hasta el momento no son muchas ni viables.
¿Por qué? Una de las soluciones podría ser el aumento en la cuota mensual que actualmente los estudiantes del instituto abonan por formarse allí, que es de 275 pesos, y pagar con ese excedente las tributaciones al Instituto de Previsión Social (IPS) sin cambiar a grandes rasgos el modo de administración de la escuela de Cine. “Pero decidimos que no podemos hacer eso porque, con una cuota baja ya teníamos alumnos morosos”, comentó Bonavera descartando esa posibilidad. Otra salida sería buscar algún tipo de subsidio o subvención estatal –que en todos sus años de vida el Instituto Cineargento no recibió–, aunque para eso necesitaría carpetas de apertura y documentación con los aportes al IPS al día. Una situación que convierte a la problemática en una encrucijada que termina siempre en una sola solución: la anulación de las deudas impositivas y obligaciones burocráticas.
“Por eso pensamos que es un error. Más cuando la cooperativa funciona muy bien”, consideró el director. Tanto él como el acotado cuerpo de docentes que le enseñan a casi un centenar de alumnos trabajan “sólo por el oficio, y con la convicción de enseñar, más que en busca del lucro”, afirmó Ana Landreau, una estudiante del establecimiento. Desde hace nueve años, cuando tenía su sede en Adrogué y estuvo a punto de cerrar por la crisis de 2001, Cineargento mantuvo esa iniciativa: “formar y capacitar profesionales que puedan trabajar a la par de cualquier productor, realizador de cine, televisión y video”. Para colmo, fomenta “una pata de gestión social clara”, debido a que la institución cobra una cuota mensual de 275 pesos, que significa casi la mitad de lo que muchos alumnos pagan en cualquier instituto privado similar.
Sin embargo, pese al buen trabajo diario o a los reconocimientos de las autoridades de Educación bonaerenses, el problema que germinó hace tres años no tardó agrandarse y empeorar. Tras la eliminación de la normativa que permitía a los docentes trabajar “ad honorem”, como “monotributistas”, la escuela de cine brindó sus servicios con los días contados. “Pese a varias apelaciones a la medida, la respuesta de la Dipregep fue negativa por más que la Ley de Cooperativas nos diera la razón”, comentó Bonavera. Así, en junio de 2009 llegó la intimación definitiva, y a partir de ahí la situación entró en un callejón sin salida. “No nos dieron alternativa y todo el tiempo nos dieron la espalda”, remarcó con indignación el director.
Ni siquiera la intervención del abogado Alfredo Moirano, uno de los pilares en la creación de la Ley de Cooperativas (n° 20.337), pudo darle hasta ahora un desenlace mejor a esta historia que parecería tener final cantado. Y eso que desde la Dipregep afirman que el objetivo es “asegurar el correcto funcionamiento de las instituciones educativas”, así como también “cada una de las necesidades de cada establecimiento” para bregar por una “mejor” calidad educativa. “Varios puntos que hasta ahora sólo forman parte de una visión idílica porque a la hora de salvar a un componente del sistema educativo sólo reaccionan con quienes son obedientes a la autoridad”, consideró Bonavera. “Lo que dice IPS se hace o se hace”, se quejó.
Las erogaciones alcanzan los seis mil pesos anuales. Por lo que la deuda del establecimiento en casi nueve años de vida alcanza casi los 70 mil pesos, con intereses. Si a eso se le suman los gastos de alquiler, luz, agua, teléfono y seguro, las responsabilidades económicas se hacen “impagables”. Salvo que la situación cambie, el Instituto Cineargento parecería condenado a la desaparición. Con ello las posibilidades de capacitarse en el arte audiovisual que tenían las personas de la zona sur. “Es una pérdida muy importante si finalmente se da”, se lamenta el director y está en lo cierto. Porque la desaparición se daría por cuestiones burocráticas.
Mientras la búsqueda de alternativas que solucionen el conflicto no cesa, en la institución esperan una medida de salvataje. “Es difícil. Quizá tengamos que empezar de cero, pero si es necesario para continuar nuestro trabajo lo vamos a hacer”, reconocen. “A corto plazo, si la situación no prospera, la idea es presentar algún proyecto” a las secretarías de educación de la región, como la de Almirante Brown, “para ver si existe algún tipo de posibilidad de reanudar” el trabajo como una escuela municipal, al menos. Pero esa posibilidad no está siquiera verde aún.
Entonces, el futuro del Instituto Superior Cineargento como vía de formación profecional en imagen es incierto, más allá de las pretensiones de sus alumnos y profesores. Por el mismo carril deberían circular las de las autoridades provinciales, si es que no quieren perder una escuela de cine más.