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Chala Rasta en Niceto.-

Antes de emprender una nueva edición de su “gira patagónica”, en las que se hicieron conocidos para varias generaciones de egresados, la banda de reggae de Temperley festejó sus dieciocho años con un show –uno más de los tres mil que han hecho– en el boliche de Palermo, frente a casi mil personas, entre ellas el cronista de Agencia NAN. Un aforo muy interesante teniendo en cuenta que mantienen un perfil casi under, que nada suyo suena en las radios y que nada de ellos se cuenta en las revistas.

Por Adrián Pérez.
Fotografía gentileza de prensa de Chala Rasta.

Buenos Aires, julio 29 (Agencia NAN-2008).- La convocatoria a festejar los 18 años de trayectoria de Chala Rasta fue escrita de puño y letra por Cristian Gordillo, voz y socio fundador de banda de reggae de Temperley. Fue publicada la semana previa a su presentación del sábado pasado en Niceto para invitar a sus fans a celebrar junto a ellos. Había mucho para festejar, pero ¿cúal era la propuesta?: melodías de amor, pero no de ése meloso, fingido, plástico, sino del amor hacia los pibes y pibas de barrio que suelen acompañarlos en cada una de sus presentaciones.

“Es necesario deshojar, simplificar, para llegar a la raíz. Y eso es lo que hoy es Chala Rasta: una raíz andante, sin fuselaje, con la solidez y la ventaja de ser una sola pieza, con la debilidad de ser lo único que queda”, rezaba el flyer, que presentaba el perfil de una banda que se escapa a la Costa Atlántica con los primeros brotes de calor y que, con la llegada del frío, lleva su equipaje cargado de melodías a su “gira patagónica”.

“Soy el que no tiene voz, soy el que no tiene Dios, soy el que no tiene miedo a la propia muerte”, baja la consigna con los primeros acordes de “Séptimo hijo”, tema que da nombre al álbum que editaron en 2002. Chala Rasta hace su aparición en el escenario del boliche de Palermo –¿acaso Niceto sea la Catedral del reggae?– para coronar un largo viaje dentro del género; lo que no es poco para una banda que mantiene un perfil casi under, que nada suena en las radios, y que tiene un mensaje fuertemente vinculado con lo social.

Una muestra de la solidaridad de la banda es su disposición para participar en recitales a beneficio, presentaciones que son acompañadas por un buen número de sus fans, como pasó en su show del Día del Trabajador de 2004, en la Plaza Grigera, de Lomas de Zamora. Allí, a beneficio de comedores de la zona, tres mil chicos acercaron alimentos, ropa y útiles escolares para ayudar a aplacar un poco las necesidades de esos barrios, donde se hace presente un discurso político que solo la música puede llenar con su genuino contenido. Si bien el reggae está acompañado por el discurso contra todo tipo de discriminación y opresión, en Chala Rasta esto se hace evidente y manifiesto en cada una de sus canciones pero también en su práctica permanente. Ya pasó “Séptimo Hijo” y en el telón de fondo –-como no podía ser de otro modo: verde, amarillo y rojo– puede leerse: “La voz que canta con el pueblo en la garganta”.

Abajo, en la oscuridad de la penumbra, 950 almas hambrientas de música corean como epílogo a la primera canción: “Chala es lo más grande del reggae nacional”. Arriba, una big band con Cristian Gordillo en voz y guitarra rítmica; Mariano Hollman en guitarra; Juan Arébalo en bajo; Lucas Lemma en teclados; David «El Niño» Cáceres en batería; Hernán Mendoza en percusión; los vientos de Leonardo Ramírez Leiva, Diego Silva y Leandro Farías y, cerrando la formación, los coros de Mariana Iturri, Agustina Iturri y Gabriel Olaizola.

En la lista siguen “Lucero”; “Cuerpo sin alma”; “Ya lloré”; “Diamantes, vidrios y penas”; “La virgencita”; “Como será”; “Escarabajo”; “Me fui”; “Candombe”; “Espíritu”; “Deudas”; “Milagrero”; “Quijotes”; “Ska”; “Desabrazados”; “Cuando me muera”; “Cerca del río”; “Hijos del sol”; “Reflejos”; “Magia”; “Nube Negra”; “Cinturón vacío”; “Lejos de mí”; “No te vayas de aquí”, y “África”.

Son dos horas y veinticinco minutos de baile y exorcismo bajo y sobre el escenario, que ahora sostiene a viejos socios de Gordillo como Alejandro «Pelado» Fernández en bajo y Haby Hilal en guitarra, que actualmente están tocando con Javier Calamaro. Ludmila Gallardo en cajón peruano y Oscar en charango completaron la lista de invitados.

Dieciocho años, tres mil shows. Novecientas cincuenta almas en Niceto y otras tantas ciudades que los vieron pasar, dejando su estela de alegría y compromiso social. El balance de Chala Rasta tiene saldo positivo.