
Por Ana Laura Esperança
Yo quiero ser leal, no puedo ser tu máquina.
“Yo quiero ser real”, Chico Ninguno.
Santiago Alcaraz, Tato para los amigos, Chico Ninguno para quienes conocen el proyecto electropop que viene montando desde 2009, maneja sus tiempos en función de una actividad intensa. Recientemente inauguró Arte Joven edición 2014 (evento que congrega el arte emergente de La Plata) con una performance de sampler y virtual synth en el Planetario, acompañó a VJ Colli en el Club Cultural Matienzo y tocó en La hora pulenta, programa de Radio Nacional Rock. “El pop es un circuito chico en habla hispana”, describirá respecto a otros proyectos que, al igual que el suyo, se sostienen por fuera del mainstream. Según una crítica del EP Subcampeón de las causas perdidas (2012) publicada en Indie Hoy, Chico Ninguno estaría a la cabeza del sonido electrónico pop rock en Latinoamérica. De ese disco él dice: “Fue uno de los EPs más logrados”. Destaca además que en la realización estuvo muy presente Paquito Salazar, músico que lo acompañó desde los inicios, al igual que el programador Juan Cruz Roa Raffo, conocido como la Marica Mala Programada Para El Mal.
Haciendo pie entre La Plata y la Ciudad de Buenos Aires, la mitad del año lo pesca ocupándose de Central Eléctrica Discos y cocinando lo que será su próximo disco de estudio. “Desde un punto de vista filosófico, mi música es rock. Con respecto al estilo, es pop”, aclara. Y asegura: “En este momento, quiero más que nada tener el nuevo CD entre mis manos”.
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“Yo quiero ser real” está en YouTube: la guitarra anticipa el humor gélido que tendrá la canción. En un fondo de árboles pálidos tres varones se enfrentan a la cámara. Un mix de luz y sombra los envuelve, salpicando sus figuras. La voz de Chico Ninguno, traje y corbata oscuros, ojos delineados, canta: “No queda más que esta noche, es mágica, recuerdos del futuro quedan atrás”. Paquito Salazar, chaqueta color crema, bigotitos, anteojos de sol, ejecuta un delay que suena como abajo del agua. Y la Marica Mala Programada Para El Mal, torso desnudo, peinado al costado, marca el ritmo de una batería electrónica en la que prevalece un loop sutil. Lo que imprime carácter de sube y baja es la guitarra eléctrica: en la cúspide de la canción se vuelve rabiosa como una adolescente rockera que decide volver a casa para licuarse en un sueño pop. Silencio y quietud, fundido a negro. Los créditos de la realización indican producción y dirección para Chico Ninguno. Cámara, agradecimientos, Parque Saavedra, 2012.
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Son las 19 de un jueves de nubes rosadas, a todas luces un cielo cargado de frío. Chico Ninguno se apersona puntual. La Facultad de Bellas Artes, a pocos metros, se convierte en la manera de conseguir luz para las fotos. Como quien comprende una sensibilidad, se fusiona al lenguaje fotográfico; si fuera por él elegiría el ángulo y el color, editaría cada foto. “Podemos ir a la terraza de la radio. O al ascensor. ¿Y acá?”. Se divierte con la fotógrafa evaluando la conveniencia de la luz de tubo fluorescente de los pasillos de la facultad. En su complexión robusta se lee la madera de líder como marca de agua: una criatura terrenal en la que convive la elocuencia etérea de las artes con el sentido práctico de un empresario. “Soy aries ascendente en aries”, dice. Y como buen aries va al grano sin contrapuntos: cortito y al pie, moviéndose a un ritmo híper quinético: cráneo musical de Chico Ninguno, diseñador, editor de sonido, operador de radio en la Facultad de Periodismo de La Plata, agitador en Central Eléctrica Discos. Y más. Mucho fuego.
“Chico Ninguno vino con la primera cuenta que me hice en Facebook”, cuenta sentado en un bar, abrigo puesto, cerveza en mano. Una etapa temprana en la que se estilaba jugar al incógnito, disolverse en un álter ego anónimo, más en sintonía con el encuentro juguetón del chat que con una biografía de persona virtual. “Llegó y quedó”, explica, y su relato suena coherente a la postura “anti etiquetas” de títulos que se codean con el lado atractivo de las sombras, como Subcampeón de las causas perdidas, Chico Ninguno, Chico No Correspondido.
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—En tu música asoma una dimensión “antipionera” que finalmente termina siendo pionera, una suerte de vanguardia entre lo retro y lo futurista.
—Creo que lo que hago tiene algo de distópico, una subversión negativa de las cosas a través de la cual viajo y me siento afín. Lo distópico, concepto anglosajón, es lo contrario a utopía y significa “sociedad indeseable”. No sé si hablar de vanguardia, pero sé que según mi punto de vista la sociedad es un caos. Y lo que en definitiva la mueve es el billete. Como músico me siento contemporáneo. O así es como me gusta pensarme. Siento una gran conexión con los ‘80, no sólo por toda la música que me voló la cabeza (Depeche Mode, Gustavo Cerati, The Cure, Virus, The Smiths) sino por cierto paradigma funcional a esos años. También lo que tiene que ver con la tecnología de la época: me encantan los registros en VHS, me encanta esa estética.
—Sin embargo, tu música está atravesada por la tecnología y una idea de futuro permanente.
—Haga lo que haga, las computadoras, los juguetitos electrónicos y toda su proyección están, además de las posibilidades que nos brinda la tecnología en cuanto a reproducción y difusión. Las herramientas de Internet, las redes sociales, la visibilización que se abre al ser independiente y que, más allá de la autogestión como decisión política, tiene que ver con nuestro tiempo. Más allá de la nostalgia, los ‘80 para mí forman parte de un discurso vigente. A la vez siento esa proyección hacia adelante: la ciencia ficción es una estética que manejamos en Central Eléctrica.
A Chico No Correspondido, uno de los primeros álbumes digitales que lanzó de manera independiente en 2009 y que tiene un lado A pop electrónico y un lado B acústico, le siguió en 2011 el EP Acepto. En abril de 2012 editó el LP El Misterio de las Frecuencias Positivas. Y en 2013 grabó Recuerdos fantasma, un trabajo de versiones elegidas a gusto y piacere, entre las que se encuentran canciones como “Dicha feliz”, de Virus; “The walk”, de The Cure; “Mi niña veneno”; y el cover en español de “Un lugar para estar”, de Nick Drake, grabada para el diario platense De Garage.

—Venís editando álbumes digitales desde 2009. ¿Qué pasa en 2014?
—Este año lo dediqué mucho al trabajo colectivo con Central Eléctrica Discos, que además de ser un sello independiente es una plataforma multimedia: trabajamos con instalaciones, videojuegos, diseño. Mucho mostramos con Circo Eléctrico en Arte Joven, en Tecnópolis, unas cuatro veces, y también en Córdoba. Ahora estamos teniendo muchísima actividad. Pero sí: habrá disco nuevo. Con viento a favor, lo editaría en diciembre.
—¿Tiene nombre?
—En éste y otros mundos. Me faltan detalles, pero va a tener once temas, un perfil más pop. Electrónico sí, pero con canciones más controladas con la guitarra. Tiene unos hitazos bien poperos. Un tema que se llama “Un lugar”, que es bien tecnopop y del cual hicimos un videoclip en el que aparece una grúa, un perro, autos. Está quedando buenísimo.
—Parece que te movés muy cómodamente a tu propio ritmo. ¿Cómo integrás lo grupal con la impronta individual de tu proceso creativo?
—En lo creativo soy riguroso y laburo bien solo, para hacer las canciones, para crearlas. Estoy con la guitarra, dejo que la canción llegue, casi como una conexión cósmica. Mi metabolismo creativo es rápido, me sobreviene: la canción no estaba y de repente emerge como un volcán, y con la guitarra le doy cuerpo. Después paso a retocarla usando la computadora en las programaciones, sintetizadores y demás, cosa que también puedo hacer solo: en ese sentido la máquina es muy obsecuente con el ser humano, lo cual es una gran ventaja. Por eso, en lo creativo, me cuestan los procesos grupales, voy a mi ritmo. De hecho en este momento estoy sin banda: la Marica Mala Programada Para El Mal está tocando con Dani Umpi (artista under uruguayo), de gira. Paquito Salazar también tiene sus proyectos. Este año está siendo uno en el que frené un poco con Chico Ninguno. Y lo colectivo, lo grupal, me viene por el lado del trabajo en Central Eléctrica, que es un proyecto que nos obliga a trabajar en equipo; lo mismo con Circo Eléctrico. También estoy tocando en Patokai, colaborando con Ernesto Romeo (Klauss), con lo cual aprendo un montón porque para mí él es el sensei de la electrónica, un referente en la Argentina. Lo interesante de trabajar en conjunto tiene que ver con dificultades que podés trascender en conexión con los demás, logrando cosas más grandes.
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Central Eléctrica Discos es el sello independiente de Circo Eléctrico, colectivo multidisciplinario de la escena electrónica alternativa. En palabras de Chico Ninguno, es una señal receptora y emisora de proyectos que tengan que ver con la música electrónica y el rock. De hecho, por el momento nuclea a bandas como Chico Ninguno, The Charlie’s Jacket (electro punk) y Patokai (electroclash). El nombre del sello es una traducción literal de “Kraftwerk”, nombre de una banda alemana de vanguardia de los ‘70, considerada madre y pionera de la música electrónica, que se conoció en el resto del mundo tras la edición del disco Autobahn, en 1974.
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Chico Ninguno nació en Azul, localidad a 299 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. De pequeño tuvo mucha conexión con la música. A los 7 tocaba la guitarra. Y no era el único: primos, tíos y madre también estaban dotados en ese campo. Dice que esa relación temprana le enseñó a no temerle a la música. Que desde que era un nenito ya tenía el sentimiento conectado a las melodías.
Ya en la adolescencia, cuando todavía estaba en Azul, empezó el flash con la electrónica. En 1999, comenzó a trabajar con programas. Y entonces conjugó dos lenguajes que naturalmente se le daban bien: el de la música y el de la electrónica, con sus programaciones. Desde entonces hace eso: las canciones le llegan como si fuesen por un canal, con la guitarra las atrapa, les da letra y vida, y las modifica jugando con lo que le permite la tecnología. Asegura que intenta definir un estilo personal utilizando elementos del electropop.
Según datos levantados de su Bandcamp, el suyo es un proyecto con un extenso recorrido en el circuito platense y también nacional en relación al pop y la música electrónica. Sus constantes búsquedas musicales amplían sus horizontes y la obsesiva manipulación que hace del sonido con el fin de encontrar la canción perfecta. Mezcla desde la electrónica más dura hasta el indie, en un pasaje sin escalas, generando un sonido profundamente contemporáneo y personal. Cada una de sus presentaciones tiene su particularidad y su estilo está plagado de referencias, pero siempre siguiendo su propio norte.
—¿Te condiciona la mirada de los otros al hacer una canción?
—No. Claro que me gustaría que a la mayoría le guste lo que hago, pero soy consciente de que puede no ser así. Y está bien. Como en todo, habrá quienes gusten y quienes no. En todo caso me pueden condicionar cosas que tienen que ver conmigo. Igual lo hago de una manera muy poco enroscada. Estoy con la guitarra y las canciones simplemente llegan. Después las produzco, pero en principio las vomito. Para mí la cercanía es con la canción: lo primero que hago es agarrar la guitarra y hacerla, después viene todo lo demás.
—Más allá de tu estilo pop electrónico, tenés una onda de apertura que rompe los encasillamientos. ¿Qué música te inspira?
—Como referente esencial, no sólo del pop electrónico, tengo al Gustavo Cerati solista a la cabeza de todo. También me inspiran Leo García, Rudie Martínez (de Adicta), Virus, Daniel Melero, The Cure, Ernesto Romeo y Luis Marte. Con respecto a una escena, el pop en español tiene un circuito acotado. Es algo en construcción. Pero básicamente me siento parte de cualquier lugar donde me den cabida.
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“Destino”, segundo corte de Subcampeón de las causas perdidas. Duración: 4.28 minutos. La misma sonoridad metálica, ritmo bailable. Chico Ninguno comparte una reflexión existencial a través de su voz en reverb, que canta: “Destino, es frecuente que pregunte cuántos días ya pasaron desde que crucé la puerta hacia el fin de la nada. Y el mundo que desconocía, al volver sobre mis pasos, se me hace muy difícil. Pregunto: ¿qué tendrás para mí el día en que sea más frágil?” No hay video, sólo una imagen con el audio de la canción. YouTube muestra la tapa del disco: una terraza al atardecer y tres varones posando. Paquito Salazar de frente, anteojos de sol, lindo corte de pelo. La Marica Mala Programada para el Mal a su izquierda, medias de red, pantuflas de patas de Winnie the Pooh, postura que interpela, como practicando surf en la arena. Chico Ninguno —el aries ascendente en aries que en el calendario maya es Viento Cósmico Blanco, cuya facultad es el poder del espíritu y la comunicación—, mirada al cielo volviendo al futuro.