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cultura prop

dany casco: el replicante

Fotografía: Pablo Parés

No todos los trabajos son sencillos de explicar. El medio artístico está lleno de oficios que resultan atípicos e inclusive anónimos para el público en general. En muchos casos sólo los iniciados conocen a los artistas tras bambalinas, autores cuya labor suele pasar desapercibida a pesar de ser una pieza fundamental de la obra finalizada.

 

Cuando se le pregunta a Dany Casco de qué se trata su trabajo, responde “hago cosas”. Y con “cosas” se refiere a objetos que pueden ser lámparas de diseño, accesorios en cuero para BDSM —siglas que hacen referencia a Bondage, Dominación, Sumisión y Masoquismo— e incluso armaduras post-apocalípticas. Porque Casco es lo que se conoce como un propmaker, un creador de props (utilería, en castellano), atrezzos, réplicas y vestuario, objetos específicos que serán utilizados en alguna disciplina audiovisual o adquiridas por coleccionistas fanáticos de la ciencia ficción y el género fantástico.

 

Un prop es una obra en extremo abarcativa. Puede ser una simple botella falsa para romper o un robot de tres metros de altura. Existen distintos tipos de propping, entre ellos el kitbashing —trabajo con maquetas a escala—, disfraces o cosplay —recreación del vestuario de una película, serie o dibujo animado—, props en papel —documentos, plata, señales, permisos, etcétera— o el scratchbuilding, que es el arte crear o replicar props utilizando diferentes artefactos que pueden ir desde un caño comprado en una ferretería hasta objetos antiguos e inclusive “basura” descartada. ¿Un ejemplo? El comunicador que utiliza Qui Gon-Jinn (Liam Neeson) en Star Wars. Episode 1 está hecho con una afeitadora femenina, la famosa Gillete Sensor.

 

El propping es un arte que requiere pericia, esfuerzo, curiosidad y paciencia. Los propmakers siempre están atentos a los objetos descartados, piezas sin valor aparente que suelen estar abandonadas en la calle o en un cajón arrumbado en el fondo de tu casa. Porque lo que para nosotros es basura, a sus ojos es un potencial arma futurista o una armadura medieval. Hay props tan perfectos que, en algunos casos, logran superar al original. “El propmaking es algo que se suele tener poco en cuenta a la hora de ver una película o serie, ya que el público pocas veces es consciente de las horas de diseño y realización que hay detrás de algo tan simple como una de las varitas de Harry Potter, los libros y antigüedades mágicas en Hellboy o el armamento de Star Wars”, asegura este hábil artista del propping.

 

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Fotografía: Pablo Parés

Dany Casco ha realizado props originales, réplicas, vestuario y hasta dioramas para diferentes disciplinas audiovisuales. Tal vez sus trabajos más conocidos sean los que realizó para la serie web devenida en largometraje llamada Daemonium, dirigida por Pablo Parés. Daemonium es una distopía post-apocalíptica que mezcla la fantasía con el ciberpunk y el steampunk, en un mundo lleno de demonios, objetos anacrónicos y tecnología futurista. En este tipo de películas el trabajo del propmaker adquiere un valor imprescindible, condición que lo coloca casi al nivel del director en cuanto a importancia dentro del film. “Los props más comunes que hice para Daemonium fueron accesorios de vestuario, armas y objetos de uso cotidiano de los personajes —como un test de embarazo, que imprimía el resultado en papel— pero con un toque futurista, sin que pierdan el sentido de realidad, ya que estaban sucios y gastados.”

 

Una de las especialidades de Dany Casco es el scratchbuilding. Un espectador promedio jamás podría imaginar que, por ejemplo, el detonador utilizado por Cortés en el capítulo cuatro de Daemonium fue realizado a partir de un gabinete de medición de gas comprimido para autos, botones de una radio vieja y restos de piezas de electrónica, pintados de amarillo y con un efecto de desgaste y suciedad. Los propmakers, entonces, adoptan el rol de magos-artesanos del séptimo arte.

 

Casco llegó a ser un profesional del proping gracias a su fanatismo por el cine de acción, la ciencia ficción y el género fantástico. El primer paso fue admirar. El siguiente, crear. “Crecí consumiendo el cine clásico y fantástico de los ’80 (Predator, Aliens, Robocop, The Terminator, The Thing), así que desde chico siempre quise vivir las aventuras de los héroes de la pantalla grande. Aunque para ser sincero, siempre me llamaron más la atención los villanos, con Darth Vader a la cabeza.” Más adelante, ya entrado en la adolescencia, Dany se juntó con un grupo de amigos y entre todos comenzaron a darle forma a lo que serían sus primeros proppings: unas versiones ultra caseras de los trajes y armas utilizados en la saga Star Wars y demás películas de ciencia ficción y fantasía. Con el paso del tiempo y el laburo constante, Casco fue aprendiendo nuevas técnicas de trabajo de materiales, mientras iba perfeccionando el resultado final. Hoy sus obras tienen calidad profesional y alto nivel de detalle y perfeccionismo.

 

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Fotografía: Pablo Parés

Los propmakers suelen tener una relación especial con sus obras. Crear un objeto particular que posiblemente se utilice sólo una vez en una toma que puede durar dos segundos (o que a fin de cuentas no se use, como en el caso de Eva no duerme, película de Pablo Agüero en la cual el trabajo de Casco quedó perdido entre las escenas eliminadas del montaje final) los conecta de manera especial a esas creaciones tan particulares nacidas a partir de su ingenio y habilidad. Dany Casco sobre sus obras: “Amo y odio a todas mis creaciones por igual. Al menos en Daemonium, como trabajaba en varios props al mismo tiempo, me cuesta cuantificar cuál fue el más complicado. Pero creo que el que más tiempo y laburo me llevó fue el artilugio mecánico que (¡ALERTA DE SPOILER!) usan para drenar la energía de Fulcanelli al final de Daemonium. Era una mesa de madera con mecanismos y paneles móviles, detalles en bronce, hierro, engranajes, luces y efecto de vapor a presión, seguido del vestuario de los Tres Demoledores —guardaespaldas de El Lobo, uno de los antagonistas de la serie— en el capítulo 4, con una clara influencia de Mad Max. De todos, al que más cariño le tengo es el reloj de sangre que se ve en el capítulo 3. Lo realizamos con Agustín Aguirre, otro miembro importante del equipo de arte y realizaciones, con el cual vengo trabajando desde hace años.”

 

En la actualidad Dany está alejado de los trabajos para cine —tanto independiente como comercial— y se dedica más que nada a terminar antiguos proyectos propios o encargos de coleccionistas que tuvo en espera durante la realización de Daemonium. “Ahora es tiempo de ponerme al día con estos proyectos atrasados”, revela Casco.

 

Sus trabajos en cortos y largometrajes independientes pueden disfrutarse en películas y series como Daemonium: Soldado del inframundo (Pablo Parés, 2015), Sadomaster 2: Locura general (Germán Magarinos, 2011), Incidente (Mariano Cattaneo, 2010), Martín Mosca (serie web de Mariano Cattaneo), Malditos Sean (Demián Rugna/Fabián Forte, 2011), Grasa (Pablo Parés/Pablo Marini, 2015) y Malvineitor (Pablo Parés), pronta a estrenarse en nuestro país. Por otro lado, también ha colaborado con el cine mainstream en El Karma de Carmen (Rodolfo Durán, 2014), Vino para robar (Ariel Winograd, 2016), Cien Años de perdón (Daniel Calparsoro, 2016) y Los últimos (Nicolás Puezo), próxima a estrenarse.

 

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