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Depilación, tintura y asesinato clandestinos, en Liberarte.-

Seis mujeres. Todas esconden algo. Todas dicen ser lo que no son. Y todas optarán por aliarse para guardar un mismo y oscuro secreto. Humor negro en calle Corrientes, de la mano de José Luis Calandrón.

Por Natalia Arenas
Fotografía gentileza Depilación…

Buenos Aires, septiembre 20 (Agencia NAN – 2011).- Si existiese un centro neurálgico donde confluyeran el histrionismo, la curiosidad y el palabrerío femenino, debería estar montado justo en el medio de una peluquería. Acaso sea esa la justa razón por la que José Luis Calandrón imaginó su historia en la casa de La Turca Ester (Peter Panthy). Allí está instalada una sala de tintura y depilación que -a mitad de la obra se sabrá- funciona de manera clandestina.

La Turca se gana la vida a puros cavados y claritos. Cuatro de sus asiduas clientas la visitarán una tarde como cualquier otra, sin saber que, luego de que irrumpa otra de las protagonistas, todas ellas terminarán siendo sospechosas de un crimen que alguna cometió.

Durante la primera parte, Depilación, Tintura y asesinato presenta a sus protagonistas. Cecilia (Lucila Goldberg) es una prostituta estrafalaria y ordinaria que se vanagloria de su aparente actitud lanzada. Laura (Laura Faienza), que desde su vestimenta hasta su estilo es la antítesis de Cecilia: un ama de casa retraída y reprimida. Sonia (Cecilia Savoia) es una mujer de clase media alta, refinada, quien se caracteriza por ocuparse de tareas relacionadas, históricamente, al sexo masculino: plomería, albañilería y alguna otra acción doméstica que se contradice, en principio, con su aspecto. Ramira (Denise Shocrón) es la asistente de La Turca, una adolescente aniñada con voz chillona. La última en entrar en escena es Aurora (Lorena Portal), una oficial de Policía que llega por primera vez al local, con la aparente intención de depilarse.

El recurso que utiliza el director –quien por primera vez se planta en la calle Corrientes- para mostrar más de estas seis mujeres es introducir una pizca musical en la obra. En la mitad de un diálogo, una palabra es disparadora para que alguna de las protagonistas cuente algo de si misma. Las luces bajan y se enciende el modo canción: la susodicha canta su breve historia y las demás la acompañan en los coros.

Todas ellas esconden algo. Todas, por diferentes razones, se verán involucradas en un crimen que sucede a pocos pasos de la sala de espera. En la cocina, el cadáver del marido de La Turca plantará la sospecha y, curiosamente, todas tendrán motivos para haberlo asesinado.

Se sabe, toda historia necesita de un conflicto. Y en la pieza teatral de Calandrón, este ineludible condimento se hace esperar, tal vez más de la cuenta, y la historia –la verdadera historia– parece empezar recién con la llegada de Aurora. Entonces comienza la acción.

Desentramar el cómo, cuándo y por qué del crimen hará que cada una de las sospechosas tenga que repasar su historia y desnudar su privacidad. En la constante trivialidad que hace culto a la estética, se esconden personalidades impensadas y oscuros secretos. Con algunos pases de humor negro, ironía y un tinte pasional en cada una de las protagonistas, la obra danza, a partir de allí, entre el policial, el drama y la comedia.

Merecido premio de la Fiesta Internacional de Teatro 2011 a Faienza, quien, por momentos conmueve, por otros irrita y alguna vez incomoda. Compone un personaje digno de lástima, que no se cansa de repetir “no soy nadie” y demuestra con el cuerpo y la palabra que quisiera estar en el lugar de cualquiera de las otras protagonistas, aún con mucho más para perder. Vaya un reconocimiento, también, para Savoia, no sólo por su prolija caracterización de señora bien, sino también por componer, acaso, el personaje menos estereotipado de todo el plantel.

Una colorida y ochentosa puesta en escena completan el espectáculo y un final que demuestra (si vale el lugar común) aquello de que las mujeres unidas jamás serán vencidas. Ni siquiera por un cadáver. El cadáver de un hombre que, dicho sea de paso, y a juzgar por las propias sospechosas, bien muerto está.

Depilación Tintura y Asesinato, de José Luis Calandrón. Todos los sábados de septiembre, a las 21.30 en Liberarte, Corrientes 1555, Capital Federal.