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Discos: “A full: hagamos de esto una leyenda” (Billordo, 2008).-

La tercera placa de Diego Billordo (o Billordo, a secas) es un collage ácido de melodías bubblegum, folk, indie punk, hip-hop y cumbia dancehall. Con momentos de iluminación poética y un notable progreso musical y vocal, el frontman platense suena maduro, político, e igual de bardero que siempre.

Por Luis Paz.

Buenos Aires, febrero 8 (Agencia NAN-2008).- La ecléctica novedad discográfica de Billordo da cuenta de qué tan atrás quedó aquella etapa de fiel amor de su primer disco (Love fidelity, 2003), aunque mantiene latente el espíritu de ruptura que marcó el segundo (Amor es capital, 2004). Compuesta, ideada y conceptualizada por Diego Billordo, su título suena a manifiesto: A full, hagamos de esto una leyenda.

La banda suena como lo que es –una banda estable por vez primera en la historia de Billordo– y Diego sigue haciendo lo que siempre se le festejó: invita a jovencitas con la regla a filmarse con ovejas y hacerlo en la bañadera (“Vuelve el terror de las niñas”), despotrica contra sus incontables ex (“La puta de un vestido azul”, “Mi chika limón Hey Ho!”), se queja de la escena del rock actual (“Brian Jones hates the streets”), bardea y se permite freakadas hip-hop old school (“Worale Guay Bakan Cool Groso”) y cumbia dancehall (“La chica de Once vs la Puerta Sol”); y se tira a cantar en inglés (“Noam Chomsky for president”).

Es más, hasta hace lo que siempre se le reprochó no hacer: canta bien, mete mejores arreglos, sobrevive a las grabaciones lo-fi y se reenamora del mastering hi-fi. A full: hagamos de esto una leyenda es un crisol de canciones, aunque compacto y con momentos de difícil digestión. Pero fiel al estilo polémico del compositor, el disco no da lugar a las medias tintas: encanta o bien se descarta.

No sería una sorpresa que a partir de este tercer trabajo discográfico Billordo comenzara a ascender en el imaginario colectivo. Aunque “Worale Guay Bakan Cool Groso!” y “La chica de Once vs la Puerta Sol” no son de escucha fácil, A full tiene momentos de brillante lucidez lírica (“Yo quiero ser PJ Harvey”, festejadísima por la prensa ibérica), algunas de las mejores afinaciones de Diego (“La puta de un vestido azul”) y aún así no pierde el tono político de su militancia indie: reza porque no haya más guerra en Irak, se despacha contra los “dirigentes, policías y milicos” que arruinan su domingo y contra los “periodistas, managers y groupies” que matan a su banda.

La placa muestra un Diego más maduro desde la lírica y la música, pero igual o incluso más enamorado de los escenarios y pistas de baile. Y la magia de la mayoría de los temas se disfruta mejor en vivo, cuando todo el abanico de estilos que abre A full se centra en el indie punk. Tres de los mejores estribillos que jamás haya escrito no están en el medio de sus temas ni son repetidos, y son las respectivas últimas estrofas de “Mi chika limón hey Ho!”, “La puta de un vestido azul” y “Prefiero otro deporte”.

En sí, se trata de un disco objeto. Un disco con un concepto cosmopolita, arty y moderno. Un concepto que engloba una decena de canciones que en sólo 37 minutos arrojan interrogantes irreversibles: ¿Es rock? ¿Es indie punk? ¿Es acid folk? ¿Es pop bubblegum? Sí, es todo eso. Pero, por sobre todo, es Billordo. Definitivamente, su álbum fundamental.