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DistriBULLA: “Nuestra idea es reinventar las formas de distribuir un libro”.-

La iniciativa forjada en 2008 por un grupo de escritores y editores busca a través de cajitas de madera intervenidas artísticamente romper con las lógicas de difusión de la gran industria editorial. En ellas, llaman la atención, en general, libros de autores independientes que hechos especialmente a mano o que directamente no cuentan con la clasificación ISBN. El objetivo -según Pablo Struchi, uno de los impulsores- es que las obras sean consideradas por lo que son y no como un mero «objeto de consumo», visible en los estantes de las liberías.

Por Nahuel Gomez

Fotografía de Mariana Mayer

Buenos Aires, agosto 31 (Agencia-NAN).- Existen muchas razones por las cuales un libro puede perderse entre otros en el ámbito de una librería. Es sabido que, como en cualquier empresa cuyo fin primario sea el lucro, en las grandes librerías la razón comercial parece determinar la suerte de casi cualquier obra literaria, sin distinción de contenido. Los que sufren más este problema, son autores y editoriales denominadas “independientes”, quienes, sin el envión que aporta la gran industria editorial, comparten junto a sus libros la inadvertencia por parte del lector, en contraposición a la omnipresente publicidad que poseen tantos otros ocupantes de espacios privilegiados. De esta manera, quedan sepultados talentosos autores sin renombre, como también otros sin tanto vuelo pero que siempre merecen ser difundidos. Se genera así algo constante: el libro que no se vende se pierde en los estantes, y el que ya se perdió nunca más se va a vender.

Atento a esta situación puntual, en 2008 un grupo de escritores y editores creó DistriBULLA la cajita, la pata distribuidora de la editorial cooperativa el asunto. El proyecto funciona como nexo para la difusión e inclusión de escritores, artistas y lugares, unidos por la premisa fundamental de la autogestión como forma de progreso. Estas conexiones se cimientan sobre un elemento simple, pero no por eso de poco valor: se trata de cajitas de madera intervenidas artísticamente, donde se colocan obras de autores independientes para llamar la atención, enfocar a los lectores en libros y escritores relegados por la industria editorial.

Pero el manejo de un proyecto como DistriBULLA se vuelve complicado cuando la escasez de recursos y de voluntarios con tiempo libre apenas alcanza para costear la creación de nuevas cajitas. Pablo Strucchi, uno de los ideólogos del emprendimiento, señala al respecto: “Si decimos que manejamos el proyecto estamos exagerando. Nosotros ponemos las cajitas en los lugares, pero no tenemos una estructura para ir y reponer los libros, a veces, cuando podemos, va uno de nosotros y los repone. Estamos acostumbrados a trabajar de una manera que llamamos ‘individualmente unidos’, es decir, en conjunto aunque de una manera bastante caótica”. A pesar de todo, DistriBULLA se mantiene: “No es que ganamos dinero, pero por lo menos logramos mantener las cajitas ahí; y como en general el proyecto gusta, seguimos trabajando”.

Strucchi participó, y aún lo hace, en otros emprendimientos culturales; pero este, sin duda, resume y reformula el espíritu de todos los anteriores. Ya no es importante sólo la tarea de crear y editar. Ahora el trabajo de poner en foco, difundir y sobre todo distinguir libros autogestionados, de los que no lo son, parece tomar mayor relevancia. “Al estar dentro de una cajita especial, ya uno sabe que ahí entra cierto tipo de material relegado por las librerías: libros que quizás no pueden ser clasificados por que no tienen ISBN (International Standard Book Number) o están hechos a mano. Recién ahora después del éxito de la FLIA o este pequeño auge que están teniendo los escritores independientes se está aceptando incluir este tipo de publicaciones. La editorial Eloisa Cartonera hizo un trabajo de base para todo esto, al introducir sus libros en el circuito comercial” sostiene Strucchi.

Justamente, en las librerías es donde más dificultoso se vuelve vender el contenido de las cajitas. Los centros culturales parecen ser el lugar, sin duda, más adecuado para alcanzar el éxito. Pablo explica que esto se da porque “los centros culturales tienen la particularidad de ser espacios donde uno se choca con el libro en vez de ir a buscarlo. Además, la cajita puede estar en un lugar, funcionando autónomamente, sin necesidad de que haya alguien que la esté cuidando; se dejan los libros en la cajita y se olvidan de lo que es el manejo de los libros. En general uno tiene que “estar” con los libros, y como los centros son lugares en los que no se tiene esta costumbre, si no estuvieran las cajitas, los libros se perderían”.

Otro factor que incide a la hora de elegir el lugar donde colocar los soportes tiene que ver con la amistad y el compañerismo que debe primar en cualquier emprendimiento autogestivo: “Uno conoce un lugar, a la gente y se pone a charlar. Nuestro trabajo se basa en la confianza y en la amistad. Si la cajita queda como un mero negocio no le sirve a ellos ni a nosotros. La idea de todos, en general es apoyar nuestros proyectos recíprocamente” advierte Pablo. Si bien esto se da la mayoría de las veces con los lugares, quizás no se experimenta con los artistas o escritores, acostumbrados a una lógica más individualista. Es la esperanza de quebrar con ese individualismo lo que también impulsa a los creadores de la movida.

La disyuntiva entre difusión o contraofensiva, que concierne sobre todo al papel de lo alternativo en relación con lo dominante, es algo que permanentemente genera debate. Sin embargo, por lo menos por parte de uno de los creadores de la cajita, queda clara la elección: la difusión de determinado material está por encima de cualquier disputa con las industrias culturales. El entrevistado aclara al respecto que “uno no está en contra de las editoriales grandes, ellas hacen su negocio y están en la suya. Nadie le va a pedir a una editorial grande que edite un libro de poesía, porque ellos están en un negocio ¿Para qué lo van a editar si no se vende? Nuestra idea es tratar de reinventar las formas de difundir un libro. Que el libro vuelva a ser libro y no un objeto de consumo como el que muchas veces vemos en las librerías”.

Ser oposición no es el objetivo del proyecto, la idea es crear caminos alternativos. Según Strucchi “si las puertas están cerradas, no hay quedarse golpeándolas. Por eso, no es estar en contra, es estar a favor”.