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El clásico del under.-

Cuatro platos tripartitos y el condimento folk platense fueron parte del menú que la segunda jornada de la 17º edición del Festipulenta ofreció el pasado fin de semana.

 

Por Gustavo Obligado
Fotografía gentileza de Audioreceptiva Musicografías
Buenos Aires, mayo 14 (Agencia NAN – 2013).- Abanderar la actitud pulenta durante tres años significa serle fiel a una causa y defenderla con rock y más rock. La nueva –¡llegaron a las 17!– edición del Festipulenta –esa movida sin empresario ni sponsors sostenida por una especie de familia amistosa de bandas, feriantes y público– contó con diez bandas que agitaron, como no podía ser de otra forma, dos jornadas intensas. La velada del sábado contó con la figura del power trío como denominador común, con exponentes fogosos como Las Bodas Químicas, Las Diferencias, Compañero Asma y Acorazado Potemkin –encargados del cierre–. La excepción llegó con los platenses Miro y su fabulosa Orquesta del juguete, que le agregaron folk y camisas cuadrillé. La cita obligada, como siempre, fue en el escenario de Zaguan Sur (Moreno 2320).
La jornada del sábado pasado comenzó con el debut del trío Las Diferencias, proveniente del oeste del conurbano. La propuesta pareciera hacerle culto al rock setentoso, pero tiene una dosis de vitalidad juvenil que bambolea entre lo garagero y lo desgarrador. Andrés Robledo (guitarra), Alejandro Navoa (bajo) y Nicolás Heis (batería) se la juegan en su intento por darle su propia vuelta de tuerca al rock clásico. Reiterativos cortes y riff de guitarras afilados son el adorno a melodías borrachas que se mantienen en pie gracias un canto siempre a punto de la ebullición. El setlist repasó, en gran parte, su disco debut titulado No termina más, que editaron en marzo de este año. Sonó desde la zeppeliana “Esta viniendo” hasta la seductora “Jamás Creíste que lo haría”. Aplausos para ellos.
Las Bodas Químicas fue el segundo trío de la noche, también debutante en la familia pulenta, quienes aceleraron el pulso de la base hasta llegar a canciones que obligaron al público a dejarse llevar por la música. Su show fue potente, con un sonido ajustado, algunos homenajes al rock nacional y pinceladas por otros estilos como el reggae rock de “No bailaras” o la base disco de “Mitote (cada cual con su tótem)”. José Lavallen (guitarra y voz), Nicolás Daniluk (batería) y Andrés Tersoni (bajo) ofrecieron un set novedoso y se ganaron el corazón de muchos cuando hicieron sonar su versión de “El hombre de la valija”, de Pappo, o bien cuando metían los punteos “Ella debe estar tan linda” de Patricio rey y sus Redonditos de Ricota. Ni hablar del momento en que colaron la melodía de procesión de “Mula Plateada”.
Se arma una pasarela de gente entre los puestitos de la feria de cosas exclusivamente pulentas: desde el reciente “Bife Angosto 3”, de Gustavo Sala –a precio popular– a una mesa llena de pelis independientes, otra de libros y fanzines de todo tipo, todo con la etiqueta de la autogestión. No podía faltar el objeto kitsch, “las cartas del rock”, en las que Paul McCartney pierde por Caretaje pero gana por Cuenta Bancaria contra cualquiera contra el que se enfrente.
Llega el turno de Compañero Asma, alter ego de Hernán Espejo, que este año cumple 20 años en la música. Sin lugar a dudas conforma el archivo sonoro de dos décadas de estilos. En su repertorio conviven con total libertad distintos estilos enfundados en la canción. Sin llegar a amoldarse a ninguno de ellos, Espejo se lleva puesta toda su vitalidad y experiencia musical por delante en compañía de su grupo que completan Blas Finger (batería) y Ale Leonelli (bajo). De esta manera, pueden aparecer el pop minimalista, desde “Lo que te perseguía no te alcanzara” (Nacional Rock, 2002) a los actuales, con “Mágica Posesion” u “Ojos de Lince”, con aires de hit.
Entre el show de cada banda, suenan los míticos Ramones. Algunos emigran derrotados por la música o se amontonan en la barra de precios populares. Miro aka Mister es un chico alto, flaco con una guitarra acústica y muchas ganas de tocar. Junto a él aparecen en escena La Orquesta del Juguete, conformada por Lucas Gregori, Lautaro Barceló y Pedro Bedascarrasbure en guitarras, Juan Artero (teclados), Flavio Mogetta (bajo) y Joaquín Inza (batería).
Algunos cubren sus cuellos con pañuelos, pero la obligación de Miro y su Fabulosa… es la camisa cuadrille. Los platenses confunden al público y lo que todos esperaban que sea sólo folk, se desempolva en una zapada al borde del noise para así introducirnos a su música. Con el transcurso del show, aclararán el panorama para demostrar que tienen bien curtido un estilo suburbano con canciones viajeras, con cierto aire de fogón amistoso y alegre. Los genes estilísticos están en Dylan o su versión local Calamaro, aunque sorprenden con el rock entre stoner y beatlesco de “Simple”. El cierre, con “Canciones que nadie escucha”, se deformo en un popurrí que incluyo “I’m waiting for the man”, de Velvet Underground y “Amigo Piedra”, de El Mato.
El cierre estuvo en manos de Acorazado Potemkin. Los integrantes Juan Pablo Fernández (guitarra y voz) junto a Federico Ghazarossian (ex Don Cornelio y Los Visitantes y actual Me Darás Mil Hijos, bajo) y Luciano Esaín (Valle de Muñecas, Motorama y Flopa Manza Minimal, batería) dispararon su versión rotosa de “Unos versos”, de la brasileña Adriana Calcanhoto, y la poesía “Lengua Materna”, de la chubutense Rosa Lesca; ambas registradas en su álbum debut Mugre, de 2011. La versión apasionada de “La mitad” acentúa los crescendos que caracterizan a los Potemkin. Los instrumentos logran llegar a un climax al borde del extasis. La banda lleva en la piel un sonido a calle y el canto de Fernandez lo acentúa más cuando recita. Es el caso de “Puma Thurman”, que sonó tan atrapante como en el disco.
Baja el telón y pasadas las cuatro de la mañana, el piso del Zagúan es una mezcla abstracta de muchas cosas. El piano de pared acumula decenas de vasos vacíos con fondos de color fernet con coca y espuma de cerveza. El público que queda es el que canta al unisono con Acorazado y alguno con ganas de seguir de largo. Muchos ya se bajaron hace rato. Como siempre, el Festipulenta no defrauda y las ganas son la de que dure más días.